Anécdotas de drogadictos


#1

Bueno, no necesariamente de drogadictos, pero las historias de un buen viaje siempre traen algo nuevo para la vida personal, les dejo una mía…

Un día de mucho frío, y luego de haber fumado algo de yerba, me empezó a dar hipotermia, estaba a la intemperie, entonces decidí ponerme bajo la luz para entrar en calor y fue la mejor sensación de todas. Me tardé varios minutos (30, quizás) en darme cuenta que estaba bajo un farol afuera de una casa desconocida…y era de noche jejeje…anécdotas de viajes.

¿Cuáles son algunas de sus historias?


#2

Nunca he probado ni una droga, así que no tengo anécdotas de yonki, soy así de guay.

Pero me encantará leer las vuestras :trepidante:


#3

Bueno voy a contar algunas anécdotas que me pasaron a mi. Hace unos años a consecuencia de las drogas me había quedado sin casa y sin trabajo y estuve unas semanas vagando por la huerta murciana sin rumbo, durmiendo en los huertos, comiendo lo que pillaba etc. y empecé entonces a sentir que el Universo me iba poniendo con señales figuras y demás, los pasos de la pasión y muerte de Jesucristo para sacarme de esa situación. Yo la fui sintiendo igual que la sintió el Cristo del pasado y llegué a realizar la última cena en un restaurante abandonado donde el universo me puso los nombres de los apóstoles en las mesas. También con un saco iba cogiendo verduras, patatas etc. y las cargaba como si fuese la cruz, con los mismos sentimientos de miedo, pasión y agonía que sufrió Jesús hace 2.000 años.

Aparte de eso recuerdo también que había una energía que tiraba de mi para que no anduviera cargado con el saco de verduras y había otra energía que tiraba de mi para que lo llevara y anduviera, claro, eso hacía que mi esfuerzo fuese mayor, la energía negativa era lo que no quería que lo llevase y la energía positiva que lo llevase. Había gente que se percataba de que yo estaba haciendo un esfuerzo tremendo, por los caminos de la huerta murciana, y me decían: “Si no puedes, tíralos”. Y yo en un estado de terror y agonía los miraba y seguía tirando del saco de verduras.

Había también dos sonidos del campo que se destacaban de todos los demás, uno que era el canto del pájaro cuco, que los escuchaba con gran percepción y en ese sonido sentía gracia y bienestar, y luego había otro sonido, el del pavo real, que me hacía sentir terror y agonía, entonces ahí me empecé a dar cuenta de que yo era Jesucristo, aunque me costó, pues al principio creía que era un ángel, o que me estaba volviendo loco.

Poco después me salió trabajo de albañil en el palacio episcopal de Orihuela, y en la catedral de Murcia tuve también una serie de experiencias que ya os contaré más adelante.

Un saludo amigos.


#6

Me comí unas setas en un cumpleaños. Pensé incluso que andaba sobre las aguas y así era… Hubo que comprar una cubierta de piscina nueva, pero la sensación fue esa.