Aquel examen que no olvidarás jamás


#1

Una de mis pesadillas recurrentes es que tengo que examinarme: quedan un par de horas para entrar en el aula y yo tengo una pila de hojas llenas de apuntes de la materia en cuestión que ni siquiera me he leído… Otras veces, es de una asignatura que creía tener aprobada y resulta que no, que la tengo aún pendiente. Me imagino que habrá alguna explicación freudiana al respecto aunque dudo que tenga que ver con el sexo. Añado que en mi ya lejana época de estudiante era de los que dormía bien las noches anteriores a un examen y nunca perdía el apetito pero, como ya conté en el gran hilo dedicado a los terribles atentados del 11 de Septiembre de 2001, estaba completamente insensible a estímulos externos aunque fueran tan poderosos como aquél.
Si he abierto este hilo es para que todo aquel que quiera rememore aquel examen que fue una auténtica epopeya, una soberana mierda o una efeméride en su vida. Puede ser un examen del colegio o de la Universidad, la dichosa y tercermundista Selectividad, el maldito carné de conducir o una oposición. Lo ideal sería que lo hubiéramos aprobado y además con una buena calificación pero si el resultado del mismo fue nuestra nutritiva amiga:

¿Por qué no recordarlo? Seguro que hasta nos produce ternura pasados los años.

En mi caso personal, me he impuesto citar la fecha, la asignatura y la convocatoria; pero si hay quien quiera hacer como Miguel De Cervantes al inicio de El Quijote, no hay ningún problema.

Fecha: 14 de Septiembre de 2001.
Asignatura: Mecánica de Fluidos.
3ª convocatoria.

Sí, tres días después del 11 - S. Iba a ir al examen en Metro, tomando concretamente la línea 6 , desde la estación de Avenida de América, como tenía por costumbre también para ir a clase. Estaba convocado a las 9:30 h. y desde las 8:45 h. esperaba en el andén a que llegara mi tren. A esas horas la frecuencia de paso es pequeña, de dos o tres minutos. Pues dan las 8:50 h. y nada. Dan las 8:55 h. y nada. Dan las 9:00 h. y, con la estación ya abarrotada de gente, la típica voz con el típico mensaje en esos casos:

“Señoras y señores viajeros, por avería en la línea 6 el servicio no se presta con normalidad. Repito: por avería en la línea 6 el servicio no se presta con normalidad”.

Temblando de los nervios, se me ocurrió tomar la línea 7. La “naranja”, como diría una señorita, no me dejaba en Ciudad Universitaria pero sí en la cercana estación de Islas Filipinas. Cuando salí a la superficie, en la Plaza de Cristo Rey, eran ya las 9:15 h. No recuerdo haber corrido más en mi vida y haber hecho girar más cabezas con caras de susto; salvo la de un hijoputa viejo, gordo y con gafas al que llevaban en coche que no tuvo mejor idea para hacerse el gracioso que gritarme “Di que sí: ¡tú corre chaval!” o algo por el estilo.
Llegué al aula cuando ya habían pasado lista y estaban a punto de cerrar la puerta. Una de las profesoras que impartía la asignatura me reconoció (era la tercera vez que nos veíamos las caras así que casi nos habíamos convertido en íntimos) y me dejó pasar.
Lo primero que hice cuando tomé asiento fue secarme el sudor literal de la frente con el dorso de mi mano izquierda y abrir y cerrar varias veces los ojos porque tenía la visión empañada… En cuanto al examen, había una primera parte tipo test con cuestiones teóricas y algún problema rápido de resolver. En esta sección había que sacar una nota mínima de 6 sobre 10 para que los profesores se molestaran en leerse la segunda parte. Además, por cada error que cometieras te restaban 1/3 del punto positivo que habrías obtenido al acertar.
La segunda parte consistía en dos problemas más espesos, para cuya resolución había que realizar hipótesis y sobre todo ser rápido a la hora de ejecutarlas. El primero era de lo que llaman “idea feliz” y el segundo, de pesados y reiterativos calculotes. De ésos que, si te sale una dimensión física (por ejemplo, una longitud) con valor negativo sabes que los has hecho mal y que has suspendido ipso facto.
Curiosamente, después de la carrera de casi 1,5 km mi cerebro respondió rápido y bien. Aprobé aquella maldita asignatura, que en el futuro me resultó más útil de lo que pensaba; y no me pusieron más nota porque sospecho que no les dio la gana. Así funciona la Universidad pública española, la cantera de la muchachada de Podemos: se sienten generosos cuando van a hacer catedrático a un pobre infeliz que lleva años pringándola en el Departamento y ponen un examen aparentemente fácil; pero a la hora de corregir son más agarrados que un chotis.

En fin, hagan juego damas y caballeros de TABLOIDE.


#2

Yo recuerdo que en la universidad estando en tercer año enviaron a casa todas las notas de todos los cursos y repasando todo aquello me encontré que tenía aprobada una asignatura que era un auténtico hueso que era Psicologia Social sin siquiera haberme presentado al examen. Yo creo que fue que había una chica que nunca conocí que tenía el primer apellido similar al mío y el segundo igual y ciertamente se le daba bien estudiar y comprender porque cuando iba a ver las notas que ponían en las paredes de los pasillos y me buscaba había veces que me sorprendía la calificación de lo alta que era y luego ya me fijaba mejor y veía que correspondia a la chica esa cuyo nombre estaba arriba del mío, y el profesor se confundió con ella. Además el listo del profe ponía el examen en base a un libro del que él era el autor, el típico tocho de 5,000 pelas de mcgraw hill que cada año era diferente.
En cualquier caso a veces me tocaba los pies que la misma asignatura con un profesor fuera de lo más llevadera y con otro fuera un puto infierno para aprobarla.


#3

Un día, un profesor subnormal endiñó un examen que me resultó muy molesto. De hecho si no me equivoco creo que alguien lo llegó a subir a yonkis.com. Era de matemáticas y empezaba nombrando los miembros de La Comunidad del Anillo. Frodo, Sam, Aragorn, Legolas… etc van a entrar en Mordor. Justó ahí dejé de leer. Me destrozó los cojones esa imbecilidad.

Respondí: “No se entra así como así en Mordor. Son más que orcos los que guardan sus negras puertas. Habita en su seno un mal que nunca duerme. Y el Gran Ojo, permanece alerta. Es un yerma extensión,
pasto del fuego, cenizas y polvo. El aire que se respira es vapor venenoso. Ni con diez mil hombres podría hacerse. Es un disparate.”

Me conozco los diálogos de memoria. Lo entregué y me marché.


#4

Estudié Derecho Hispano-Francés, así que tuve que hacer dos años en Madrid y dos en París. Pues el primer día de clases en la Sorbona me tocó, a primera hora de la mañana, “droit des affaires” (derecho mercantil). Era en un auditorio enorme, con capacidad para varios cientos de personas, si no mil, todo lleno. El profesor, un señor con muy buena pinta y apellido con particule, cogió un micrófono e, ipso facto, empezó a dictar materia. A los pocos días me di cuenta de que las clases en el sistema universitario francés (no “grandes écoles”) consistían únicamente en largos e insufribles dictados a la velocidad de la luz. Pues me hice con los apuntes del curso anterior y dejé de ir a clases, dedicándome, en cambio, a inscribirme y acudir a los cursos monográficos de la École du Louvre, que era lo que realmente me interesaba.

El caso es que el último examen de junio era el de Droit des affaires, con Monsieur de Quelquechose. Oral. Nunca en mi vida había hecho un examen oral. Pues mi sorpresa fue que al llegar, nos metían a todos (un grupo de cien o ciento cincuenta esta vez) en el mismo gran auditorio donde se impartían las clases, al fondo. El enorme atrio estaba ocupado por una mesa con unos seis o siete profesores (a algunos les tenía en otras asignaturas). Nos iban llamando en grupos de diez, nos daban un papel con varias preguntas cortas y una larga, y quince minutos para desarrollar brevemente las respuestas por escrito. A continuación, pasábamos a responder las preguntas, uno por uno, en el escenario, sentados en un pupitre frente a la mesa “profesoral”. No tenía ni puñetera idea de la respuesta de la pregunta larga, que valía 12 puntos sobre 20. No venía ni por asomo en los apuntes. Pues eso, que llego, respondo las preguntas cortas y al momento de responder la larga empiezo a balbucear el francés más nervioso y “tarzánico” imaginable, diciendo incoherencias y estupideces. Nunca se me olvidarán los ojos incisivos de los profesores, ni cuando Monsieur de Jenesaispasquoi se levantó furioso y me pidió, en un severo e indignado tono que sólo los franceses pueden reproducir, que me fuera inmediatamente de allí. Se oyeron murmullos y risillas al fondo del auditorio. Salí pitando y no volví a aparecer por allí sino hasta septiembre para repetir el examen, que volví a suspender.


#5

No tengo ninguna anecdota espectacular pero si hay varios examenes que recuerdo de mi epoca del instituto.

El primero fue en clase de historia, el renacimiento. El examen era a una sola pregunta donde tenias que desarrollar el cuattrocento o el quinttocento o que yo que poyas se, ya no me acuerdo bien. Total que solo me lo habia mirado por encima y solo recordaba un puñado de nombres y alguna cosa suelta. Le desarrollé dos folios de historia absolutamente inventada por mi relacinando los pocos conceptos que tenia en mente y lo entregue. El dia que trajo los examenes corregidos dijo que tenia una sorpresa para nosotros, que uno de nosotros habia vivido en un universo alternativo al nuestro y que nos traia la prueba. Leyó el examen entero delante de toda la clase, examen donde todo lo que sucedia era una versión alterna de nuestra realidad. La gente partiendose el rabo de reir. Menos mal que no llegó a decir que era mio.

Otro examen que recuerdo es de clase de economia, tipo test. Ni mi colega ni yo habiamos mirado siquiera el tema y dijimos que en vez de entregarlo en blanco nos jugabamos una cerveza haciendo una quiniela en el examen. Gané esa cerveza con un 8,5. Inaudito. Deberia haber comprado loteria esa semana.

Para terminar teniamos una optativa que era taller de matematicas que se suponia era una asignatura de apoyo a matematicas donde repasar y afianzar conocimientos de la asignatura principal. Un cojon, el profesor de ese año daba por hecho que teniamos superados los conocimientos de ese año de matematicas y trabajamos con el temario del curso siguiente :nazionalismo: total que yo que me apunté porque estaba justo en matematicas me vi soprepasado por la asignatura. Los dos primeros trimestres los suspendi y aprobé el tercero. El cabrón del profesor me dijo que mr daba una oportunidad, que me hacia un examen de recuperación tal dia. Llego al examen y eran 10 preguntas/problemas, 5 del primer trimestre y 5 del segundo trimestre y me dice que si quiero aprobar la asignatura tengo que sacar un 5 en cada parte. Un 5 sobre las 10 preguntas. Vamos un juego dialectico al mas puro estilo Pablo Iglesias donde solo tenia la opcion del 10 para abrobar, bajo mi punto de vista tenia ganas de suspenderme. Gracias a dios conseguí sacar el 10 por que me habia preparado bien.


#6

Hace bastante poco me presenté a un examen de inglés sin leerme las bases. Llevaba años presentándome a los niveles inferiores y los iba sacando sin problemas. Cuando llegue al edificio de exámenes me puse a buscar las aulas respectivas. Los exámenes siempre fueron tipo test desde un ordenador. El caso es cuando voy al aula correspondiete no veo ordenador alguno. Así que me extrañé. Salí y volví al coche para coger un bolígrafo, pensando yo que por haber subido el nivel sería escrito. Cuando entramos todos los allí presentes empieza la examinadora a hablar inglés puro british estilo Holmes. La gente empieza a moverse y a colocarse, como siguiendo las indicaciones que daba ella. Yo no me enteraba de nada. Allí no hablaba español ni el Tato. Yo me puse detrás de uno y empecé a repetir sus movimientos. Lo perseguía como un enfermo demente, como un depredador sexual. Al rato me veo entre un grupito de cinco o seis alumnos. Echan a todos los demás de la clase. Uno de los profesores se coloca en medio e intuyo que pretende formar un grupo de debate sobre los problemas del cambio climático, para que mientras charlemos vaya evaluando mis conocimientos. Yo empecé a sudar como un cerdo. Me tocó exponer mis ideas en cuarto lugar. Me despisté un segundo y abrí Google Translate. A grandes problemas, grandes soluciones.

  • “The real problem of climate change is Al Gore. He thinks he can fix the world turning Power Point pages.”
  • “What? Anything else?”
  • “No.”

Estoy esperando la nota.


#7

En los primeros semestres de Contabilidad estaban 2 materias que no sirven para nada si uno lo que quiere es ser contador, o dedicarse a empresas/negocios. La primera era Matemática 1 y enseñaban derivadas (algo inútil en mi caso pues no necesito derivar), por suerte me tocó un excelente profesor y siempre le entendía. Es importante aclarar que a mí siempre me ha ido bien en matemáticas, todavía me acuerdo cuando en el instituto me enseñaron álgebra y despejar x, en ese sentido todo bien.

El problema llegó con matemática 2, que se trataba de integrales y un pésimo profesor que NADIE le lograba entender. Aquí tuve mala suerte pues había otro profesor que si era excelente, pero me toco el malo y no había nada que hacer ya.

El hecho es que llega el primer examen y me fue horrible, estaba tan traumado que recuerdo haber soñado la noche después del examen con uno de los ejercicios, y en el sueño pude resolver la integral, o eso me hizo creer el sueño, es decir, vi la integral en mi sueño paso a paso. Estaba preocupado porque no sólo me había ido horrible sino que no veía la manera de cómo aprender a integrar, nunca había estado en una situación en la que por más que estudiara, no entendía, lo peor era un amigo que venía de ingeniera que era el único de toda el aula que podía entenderle y aprobar los exámenes, y me decía que para él las derivadas eran más difíciles, eso me parecía absurdo.

El hecho es que aceptando que mi cerebro no iba lograr aprender a integrar con este profesor de mierda, busque otra manera de no aplazar la materia y la encontré. Por ese entonces yo tenía mi flamante iPhone 4S, y estaba siempre al tanto de temas como apps, jailbreak, winterboard, etc… cosas interesantes por ese entonces. Y conseguí una App de wolfram Alpha para iOS en donde ponías la ecuación a integrar, y dependiendo de lo complejo de la solución, te ponía la integral PASO POR PASO.

Ahora mi problema era poder sacar el móvil, y usarlo para resolver las integrales. Lo que hice fue lo siguiente: me compré un forro para iPhone todo feo y barato, y lo pegue en la tapa de la calculadora científica, de manera que si me veías desde el otro lado pareciera que estuviese sosteniendo una calculadora y todo normal.

Y así fue como pude aprobar matemáticas 2 y sus integrales con el peor profesor posible. Al final aprobamos como 4-5 incluyendo a mi amigo que venía de ingeniería, a una chica que se le recostaba al profesor y por supuesto yo. Todavía guardo ese forro de iPhone y la tapa de la calculadora por ahí… y hasta el día de hoy nunca aprendí a integrar


#8

Es que eso es muy fácil, sobre todo en geometría:


#9

Un clásico. No estás solo. A mí también me pasaba y acababa durmiéndome tan a gusto.

Otro inolvidable examen:

Fecha: 17 de Junio de 2002.
Asignatura: Transferencia de Materia.
1ª (y única) convocatoria.

Me desperté prontísimo y, una vez listo para salir de casa, me dije: “Con el calor de los últimos días, la primera hora de la mañana es la mejor para dar un paseo”. Así que fui andando al lugar de examen, que distaba unos 6 km de mi casa. Llegué bien, a una hora prudencial.
Recuerdo que tomé asiento a las 9:30 h. y, salvo un breve receso de 15 min, no me levanté hasta casi las 13:45 h. ¡Y el aula no tenía aire acondicionado! El examen constaba de una primera parte en la que te preguntaban sobre la materia de la que unos cuantos alumnos se habían examinado meses antes. Hago un inciso: aquel examencito en principio no iba a aligerar la asignatura de cara al examen de Junio pero la gente que se presentó obtuvo tan buenas calificaciones que los profesores debieron de pensar “¿Por qué no?”. Yo fui de los tontos que no presentó porque me parecía absurdo hincar los codos para nada y bien que me arrepentí en esta convocatoria.
La primera parte, como decía, era idéntica a aquel examencito pero… ¡Con una hora menos de tiempo para realizarlo! Aún así, me dio el tiempo justo de responder a todo.
En la segunda parte también contesté a todo, igualmente por los pelos.
Me gustaría añadir en mi defensa que este examen era de una materia complicada, que aprobé a la primera. Como de costumbre, en la parte práctica me defendí bien (8 sobre diez) mientras que en la puramente teórica fui mediocre (4 sobre diez). Hicieron la media aritmética y me quedé en un 6 sobre diez. Más de un cinco, que es la solución al problema que planteaba @Albe pero no lo suficientemente bueno como para llegar a un notable a pesar de los trabajos que había presentado a los cabrones que impartían aquella asignatura.