Crónica de un atentado terrorista


#1

Mi padre una vez me dijo que en las guerras los soldados usaban los agujeros que dejaban las bombas al caer como trincheras porque “era imposible que volviera a caer otra bomba ahí”

¿Alguna vez os han contado ésto vuestros padres? Seguramente no, porque no ha habido ocasión.

Yo tuve esa ocasión.

No recuerdo el día pero jamás lo olvidaré. Tenía 6 años por aquel entonces y nos estábamos arreglando para irnos a cenar. La ocasión lo merecía. Había venido la hermana de mi padre desde México y coincidían (mis padres) además con varios amigos suyos de esos “de toda la vida”. Recuerdo que estaba un tal Jorge, un tipo mexicano que llevaba toda la vida en España “haciendo lo que se le pega la regalada gana”, como él siempre decía.

Jorge se había hecho muy amigo de mi padre desde que, con 19 años y porque sí (o ante un “a que no hay huevos” como motivo suficientemente poderoso), cogieron un seiscientos al que le quitaron los asientos y, sin nada más que una caja de fruta como asiento para el conductor, se fueron 6 amigos a Valencia a la recogida de naranjas.

Al cabo de un tiempo y sin acabar la temporada mi padre se aburrió de aquello, les dejó tirados en Valencia y se puso a hacer autostop acabando en Nueva Dheli. Estuvo viviendo un tiempo allí, luego se aburrió y se volvió a España. Conoció a mi madre y nací yo. Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otro momento.

-¡Vamos Jose, que vamos a llegar tarde! -Le gritó mi madre a mi padre. -¿Está listo el niño?

Mira que íbamos guapos ese día. Y es que en aquella época para salir a cenar había que ponerse guapo.

La cena fue un auténtico coñazo. Yo era el único crío rodeado de tanto adulto. La cena se me estaba haciendo eterna. Los platos tardaban en llegar, había mucho ruido debido a que el restaurante estaba lleno y los “mayores” no paraban de hablar de sus cosas. Cosas que ni entendía y que, por otra parte, ni me importaba.

Era un sitio al que recordaba que mis padres ya me habían llevado otra vez y creo que en ambas ocasiones nos tocó la misma mesa o en la misma zona cerca de la puerta de la entrada. Recuerdo que el restaurante tenía dos plantas y ambas estaban repletas aquella noche. El salón de abajo era muy amplio y el de arriba solamente cubría la mitad del salón de abajo. Nuestra mesa estaba en “esa mitad” que no tenía piso encima. Desde mi posición podía ver la balconada del piso de arriba y a algunos de los comensales que se encontraban cenando allí. A mi espalda, una pared muy alta.

-¿Mamá?.. ¿Mamá?.. A esas edades si quieres que te hagan caso tienes que pedir las cosas tres veces… ¿Mamá?
-Espera, ¿No ves que estoy hablando? ¿Qué quieres?
-¿Puedo pedir el postre?
-Siiii, haz lo que quieras…

Me levanté de la mesa y me fui a la barra, a la “Zona reservada para camareros”. Ahí no es que me fueran a hacer más caso pero por lo menos daba más el coñazo y los camareros, lo último que querían, era tenerme ahí.

-Perdone, ¿Puede darme un helado?
-Ehhh, si espera… Vete a tu mesa niño que ahora mismo voy “p´allá”.
-Vale -Es una mierda ser niño joder, nadie te toma en serio, pensé.-

No quería volver a la mesa otra vez. Ahí me iba a aburrir. Así que aproveché el permiso que tenía para levantarme para alargar más mi excursión por el restaurante así que me fui al baño a hacer pis.

El baño de caballeros tenía un lavabo nada más abrir la puerta a la izquierda y dos puertas para cada uno de los WC. La luz estaba apagada pero se podía ver bien por la luz que entraba del restaurante y la que había en el baño de la izquierda. Nada más entrar, la puerta del baño de la izquierda se abrió y salió un tipo de unos 35 años más o menos, pelo rubio y chupa de cuero negra. Él no iba bien guapo ese día.

Me aparté de su camino para dejarle espacio para salir. El tipo se fue al lavabo a lavarse las manos y mientras lo hacía se me quedó mirando fijamente de manera intimidatoria, no como lo haría una persona que mira a un niño de 6 años. Me miró de manera desafiante, distante, como se miran los adultos que se miden con la mirada y eso me incomodó. El tipo abrió la puerta sin secarse las manos y salió del baño. Por una extraña razón pensé que volvería a por mí. Me metí en el baño de la izquierda que aún tenía la luz encendida y al terminar me volví a la mesa. Ahora quería volver a aquella mesa porque sabía que en “esa mesa” estaba a salvo.

-¿Y mi helado?- Pregunté, sin obtener respuesta. Después de la experiencia anterior en el baño no tenía ganas de reclamar mi premio. Aún estaba pensando en el tipo aquel al que busqué echando un vistazo por el salón desde donde me encontraba sin encontrarle.

En ese instante vi algo que me llamó la atención y que no había visto hasta ese momento: las luces se iban y venían de la lámpara principal del salón como cuando desenroscas una bombilla de filamentos haciendo mal contacto.

Aquello me pareció raro y se lo hice constar a mi madre. Sí, ya sé que me la estaba jugando por pesado pero aquello ya era importante.

-Mamá, mamá, mamáaaaaa… -Cuando mi madre se giró para mirarme le dije: “Las luces se encienden y se apagan” (esas fueron mis palabras exactas).
-Yo no veo nada- Me contestó mi madre de medio lado mientras seguía atenta a la conversación que llevaban los adultos.
-¡Mira mamá! ¡Ahora!
-Que no veo nada…
-¡Mamáaaa! (…)

En ese momento se produjo un estruendo ensordecedor que hizo vibrar todo lo que allí había, un destello de luz blanca y calor, mucho calor. Todo ello a la vez y en una misma fracción de segundo.

Un instante justo después todo estaba cubierto por una niebla muy espesa de color grisáceo y después silencio, mucho silencio. Y en el siguiente instante un fuerte pitido intenso en mis oídos.

La sensación de estar cenando hacía un instante rodeado de gente y de ruido a pasar a un estado de ceguera total silenciosa me generó una sensación de desconcierto tal que grité creyendo que estaba en mi habitación teniendo una pesadilla. Me desperté y grité fuerte, con todas mis fuerzas pero sentía que mi voz retumbaba en mi cabeza y nadie me oía.

-"¡Mamá, mamá! ¿Es una pesadilla?" -Pero ahí no venía nadie- Justo cuando hice el intento de levantarme de la cama me golpeé fuertemente la cabeza con un tornillo de debajo de la mesa. En ese instante me dí cuenta de dónde estaba. De alguna manera había ido a parar debajo de la mesa y desde ahí solamente veía la mitad del hueco que quedaba porque justo por fuera de la mesa estaba todo lleno de escombros, cascotes, ladrillos, hierros hasta unos 40 o 50 centímetros de altura lo que dejaba un espacio de unos 20 centímetros de hueco para salir y fuera de ese resquicio todo era la misma nube de humo gris. En ese momento pensé que si yo estaba “escondido” entre los escombros… ¿Cómo me iban a encontrar? Y sentí miedo.

Me puse a gritar de manera desesperada pensando que se iba a ir todo el mundo y me iba a quedar ahí atrapado para siempre. Grité con todas mis fuerzas y volví a escuchar mi voz saliendo por mi boca.

Ahora volvía a poder oír, ahora me volvía a oír… y me dí cuenta de que no sólo me podía escuchar a mí sino también los gritos de la gente atrapada, sus llantos de desesperación pidiendo auxilio… Grité con todas mis fuerzas y me dí cuenta de que mi voz no era ni la mitad de fuerte que aquellas que pedían ayuda entre los escombros. La mía era otra voz más.

No sé el tiempo que estuve gritando pero de repente, y no porque me hubieran oído, apareció una figura a unos 30 centímetros de mí que me cogió en brazos. Podía haber sido cualquiera pero, afortunadamente, era mi madre. Me cogió con fuerza en sus brazos mientras miraba a derecha e izquierda en busca de alguien. Yo miré a todos lados y me di cuenta de que me encontraba a cielo descubierto, la pared que estaba a mi espalda se había derrumbado y de la que daba acceso a la entrada sólo quedaba medio muro. Ahora que estaba en brazos de mi madre y “a salvo” pude detenerme a escuchar los gritos de auxilio de la gente con más claridad, ya no solo a los lados sino también por debajo de nosotros… ¡Estábamos encima de ellos!.
La gente deambulaba despacio y empujando, tocando a la gente, mirando sus rostros…

-¡Lola, déjame al niño! -Justo a mi espalda reconocí una voz familiar: Era mi padre.
Cuando me giré para irme con él a sus brazos me asusté. Tenía todo el cuerpo lleno de sangra y la mitad de la piel del rostro levantada, quedando como un colgajo de piel sobre su mejilla derecha tapándole parte del ojo.

-¡No, estoy bien José! -Mientras mi padre se iba a buscar al resto de la familia. Me alegré de no tener que irme con él.

Un camarero ensangrentado estaba colocado en lo que quedaba de entrada dirigiendo a los clientes hacia la salida. Aquello era lo más parecido a una salida, quizá, por ser el espacio que menos escombros tenía.

Una vez fuera pude ver la magnitud de lo que había sucedido unos pocos minutos antes…

Yo seguía en brazos de mi madre y al lugar en que nos encontrábamos, poco a poco, fueron llegando el resto de los amigos de mis padres… de todos ellos no recuerdo las caras de ninguno, sólo la de la hermana de mi padre, mi tía, y la sensación, reconfortante, de saber que todos en mi familia estábamos vivos.

Lo que sucedió después es otra historia que deberá ser contada en otro momento.

Muchos años después, hablando de todo aquello un día con mi tía, me contó que fue ella quién me empujó con fuerza debajo de la mesa en el momento en que sintió la explosión salvando, con ello, mi vida.

Restaurante El Descanso; Km. 14,200 Carretera Madrid-Barcelona (N-II)
12 de abril de 1985


#2

No me preguntes porqué porque no sabría responderte pero desde que has dicho restaurante sabía que ibas a narrar aquella fatídica noche en El Descanso. Si tu historía hubiese durado cien párrafos más aun me tendrías enganchada a ella. Enhorabuena por todo.


#3

Grandioso relato. Gracias por compartir la experiencia.


#4

Gracias por compartir. Sin palabras.


#5

Gracias @14.21. Ha sido jodido escribirlo. Llevo con ello un par de semanas desde que me lancé con la idea y tuve que hacer un parón en el ecuador del relato, justo en el momento del desconcierto tras la explosión…

Alguna vez lo llegué a comentar con mi mejor amigo. Tendría 16 años y se lo comenté de pasada sin darle mayor importancia. Hasta hoy.

Ha sido al escribirlo donde he tenido que vomitarlo todo y revivirlo de la manera en que ha sido contada…


#6

Gracias. Muy buen relato. Poco se ha hablado y menos aún se ha escrito de aquel terrible atentado.


#7

Impresionante relato.
Gracias por contarlo.


#8

El atentado consistió en una potente bomba de entre 5 y 15 kilos de explosivos oculta en una bolsa de deportes dejada debajo de la barra, junto a la puerta de los lavabos

Crees que guarda alguna relación con el tipo ese?

Desconocía por completo el caso. Gracias por compartirlo.


#9

¿Llegaste a ver el capítulo de Cuéntame Cómo Pasó que trata este tema? La familia Alcántara está dentro cenando y Paquita se choca con el terrorista y no le da muy buena espina. Lo que ocurrió después lo conoces mejor que los guionistas.


#10

Se me ha acongojado el corazón leyéndote.


#11

Recuerdo que cogimos el coche, un Simca 1200 blanco que tenían mis padres, para ir al hospital. En el coche sonaba la radio y mi padre comentó que aquello “había sido un escape de gas de las cocinas” (joder, es curioso cómo te acuerdas de las palabras exactas que se dijeron).

Dado que la parte del edificio que “parecía” estar más afectada fue donde se encontraban las cocinas a mí aquella explicación me pareció bien y esa idea la mantuve durante años.

Es verdad que el tipo que encontré en los lavabos me incomodó. Cuando eres un crío y el mundo adulto te mira con cariño se me hizo duro aquella mirada “de adulto”, además de su aspecto, la imagen de aquel sujeto, la ropa que llevaba… Sí @leg, siempre asocié esa persona a la explosión.

Sin embargo, a pesar de tener un recuerdo (borroso pero aún marcado) del rostro de aquel tipo, buscando los artículos, las fechas y viendo las fotos de todo aquello encontré la foto del “responsable” del atentado y mi imagen, mi recuerdo de aquel tipo era más joven que en las fotos que he encontrado: un tipo rubio, de mediana estatura, pelo liso y bigote…

¡Hostias! Me acaba de recorrer un escalofrío por todo el cuerpo: La semana pasada mientras comenzaba a escribir mi relato me encontré con la foto del tipo, al parecer, el autor del atentado: Mustafá Setmarian.

Pero no le recordaba tal cual aparece en las fotos, sin embargo ahora que estaba ilustrando mi respuesta, he buscado el nombre del sujeto y me he encontrado con ésto publicado:

“Cristina sobrevivió. En el hospital Ramón y Cajal describió al presunto terrorista: delgado, entre 20 y 30 años, pelo castaño claro y con bigote. Lo había. visto mientras esperaba mesa, bebiendo una cerveza y con una bolsa de deportes de color claro a sus pies.”

Ahora sí, en este momento, después de todos estos años te respondo afirmativamente a tu pregunta amigo @leg.


#12

Cierto. Buscando información en Internet he leído que se hizo alusión al tema en un episodio de “Cuéntame cómo pasó” pero no, no llegué a ver el episodio.


#13

Increíble vivencia @marceius. Gracias por compartirla. También sospeché al comienzo que podía tratarse del restaurante El Descanso, conozco la historia por la serie Cuéntame.

Tuvo que ser terrible, espero que compartirlo te haya ayudado.


#14

Siempre ayuda, sin duda. Es verdad que es un episodio de mi vida que tengo cerrado (o creo tenerlo así) ya que, afortunadamente, no hubo ningún familiar o amigo que falleciera aquella noche.

Lo que me ha resultado curioso al escribirlo es la capacidad que tienen los niños para tirar de su imaginación, de su fantasía a modo de magia para intentar comprender un acontecimiento de tal magnitud.


#15

Fue en el primer capítulo de la temporada más reciente, la temporada 18.

Si quieres verlo, te lo puedes descargar desde

ESTE ENLACE

Aunque es posible que no quieras recordar aquella fatídica jornada. No obstante, muchos de nuestros tabloideros son muy jóvenes y en 1985 o no existían aún o eran demasiado críos como para recordar aquel negro episodio, y quieran saber algún detalle, aunque sea teatralizado.


#16

Gracias @Albe por el enlace pero creo que mejor lo dejaré estar.


#17

Amigo @marceius, que decirte.

He padecido explosiones, artefactos etarras, debajo de casa hasta cinco veces, pero nada parecido a lo que tu has contado. Era sencillamente como un terremoto in-crescendo.

Lo más cercano es lo que oí en la cantina de la 541 Comandancia (La Salve), o en Indauchu (Jefatura).

Los que me relataban hechos como el tuyo, adultos, se expresaban como tu has hecho.

Es impresionante con que detalle, absurdo o no, se queda cada uno de los afectados.

El olor de la panadería, el grito de una anciana. El comentario estúpido de un compañero un segundo antes de la explosión…

Pero de lo que todos se acuerdan, los supervivientes y los familiares de los asesinados, es de la sensación de impotencia y soledad…

Siempre pensé que el atentado de “El Descanso” fue un aviso a navegantes…

Ojalá este hilo sirva para que tú, en el mejor sentido de la palabra, y sin maldita la gracia que tiene el juego de palabras, descanses por fin de tus recuerdos.

Abrazo.


#18

Este foro es la leche. Me siento un privilegiado de estar aquí.

Gracias por tu relato compañero. Te deseo la mejor de las suertes.


#19

Gracias @Eimle, yo también creo que aquello fue un aviso. De hecho fue el primer atentado islamista en nuestro país. Hasta entonces sabíamos de lo que un comando armado podía ser capaz… crecimos en un país donde un colectivo actuaba por una “idea”, lo que no imaginábamos es a lo que se podría llegar por una “creencia”.

Como escribió McLuhan: “El medio es el mensaje”. Aquí he encontrado el lugar, el espacio donde compartirlo. Espacio que hemos ido haciendo entre todos, así que gracias por hacerlo posible.


#20

Gracias. Todo eso ya forma parte del pasado… y por eso lo he podido compartir.