Divagaciones de un racista aficionado a la ciencia


#1

Max Born (1882 – 1970)

Nacido en Breslau (Imperio Alemán, actualmente Polonia) un 11 de Diciembre hijo de Gustav, profesor universitario de anatomía y de Margarethe, hija de industriales.

En su época universitaria, el afamado matemático David Hilbert observó la increíble capacidad de Born para la teoría abstracta y lo tuteló llevándoselo a su universidad suiza de Fribourg donde se centraría en su trabajo de Mecánica Cuántica que le llevó a ganar el Nobel en 1954.

Abdoulaye el Hadji (1901 – 1963)

Nacido en Diourbel, a unos pocos kilómetros al este de Dakar (Senegal), Abdoulaye creció y se crio como cualquier otro niño de la zona. Caminando varias horas al día para ir a la escuela en la que aprendía francés y ayudando a su padre con el incipiente negocio de mecánica que tenían.

Sus habilidades, por encima de la media, le abrieron las puertas del prestigioso centro de Mecánica de Dakar dónde conoció a Ibrahim Moussa, el reputado ingeniero Senegalés que se lo llevó con él a Suiza donde le contó que participaba en una serie de proyectos de investigación internacionales con el objetivo de mejorar la aplicación práctica de la teoría Instrumental Cuántica.

Cuando llegó allí se convirtió en el chófer del Sr. Born.

Edwin Silver Soliz (1907 – 1983)

Nuestro otro protagonista nació en el seno de una familia pudiente en Sucre, la capital de Bolivia, y desde pequeño disfrutó de la buena vida que sus padres y el negocio familiar de restauración le dieron.

Poco dado a estudiar, se metió a cocinero en uno de los locales de su padre y llegó a gestionar varios negocios. Pronto, la escuela de alta restauración de Les Roches, en Suiza, se interesó por él y entró en el prestigioso programa “Cuisinière du Monde” que formaba a los chefs que iban a revolucionar la cocina del apenas estrenado nuevo siglo y cursar prácticas en colectividades y restaurantes de prestigiosas universidades de la zona.

Dado que el día de la presentación del curso se emborrachó y llamó “güebones” a todo el staff técnico de la escuela, acabó como cocinero de Max los días en que este cenaba en la cafetería de la universidad.

En la evolución del conocimiento siempre recordaremos a Max Born y su siempre lozano aspecto gracias a los fantásticos bocadillos del andino Edwin y su puntualidad suiza gracias al perfecto manejo de la berlina por parte del senegalés.

Y luego hay gente retorcida que dice que tanto en África como en América del Sur no hay apenas premios Nobel por racismo… Lo importante es participar amigos! Siempre quedará el Nobel de la Paz como premio de consolación. :arriba:


#2

Hay que ver lo racistas que pueden llegar a ser los suizos …


#3

Con la noticia de hoy la realidad supera a la ficción.


#4

Muy interesante! Fuente?


#5

Son divagaciones, como dice el título, tras leer el ensayo de Born Einstein’s Theory of Relativity y trastear con la historia de los Nobel y sus premiados por país de origen.

Un ejercicio de cinismo. Sin más.