El gran hilo de LOS CORNUDOS


#1

Abro EL GRAN HILOS DE LOS CORNUDOS, con una pequeña y adorable historia de una tipa deportista que tenía novio y cayó a mis brazos y juntos pasamos varias de las semanas más sórdidas de mi vida.

Este hilo tiene objeto que contéis vuestra historia (o vuestras historias) de cuernos. A ser posible donde tú, amigo de TABLOIDE, seas el cornudo. Porque, joder, nos gusta el salseo y las desgracias más que los triunfos. ¿Y por qué yo, de entrada, no me mojo, e inauguro este hilo con una historia donde yo solo soy el tercero en discordia y me presento triunfante?

Porque no soy alguien de fiar amigos. Y porque me sale del rabo, básicamente.

Pero aquí todos, quien más o quien menos, hemos entrado en la sala de trofeos del Club de los Cornudos, o directamente nos han hecho Miembros Honoríficos. En cualquier caso, tu historia nos interesa.



“Te la voy a chupar como nunca nadie te la ha chupado. Vas a flipar”.

Cuando leí esto, cogí el móvil y con mi voz más Ramón Langa posible, en una nota de audio, le dije: “Quiero que me lo digas con tu voz. Si quieres chupármela el próximo día, dime cuánto lo deseas”.

“Lo siento, no puedo escuchar tu audio. No estoy sola”.

Polla en mano, se me quitó un poco la ilusión. Pero ese “no estoy sola” era cierto. Mientras cerdeaba conmigo vía tierra, mar y aire, (hoteles, whatsapp y llamadas) convivía con un millonario cerebrito que vivía su vida entre cachivaches y restaurantes caros.

“Cuando tú me follas me olvido de todos mis problemas”.

Debía tener en realidad pocos problemas, porque mis polvos tampoco eran para tanto. Pero por lo visto su novio era para ella un “mal polvo” según sus propias palabras. Le encantaba decir que nunca había hecho esto y aquello y supongo que fantaseaba con la inocencia de que yo me había caído de un guindo.

“Llevo cuatro años con él. Al principio fue maravilloso, luego no. Además, se mete con mi físico mientras estamos follando y dice que debería ganar masa muscular. Y yo siempre he hecho deporte. Y él está gordito. Él se masturba con vídeos de mujeres muy masculinas, de las que deben afeitarse a diario”.

A decir verdad, ella era una belleza de cuerpo escultural y pechos pequeños, pero bien puestos. El novio debía ser muy maricón, o muy drogadicto, o muy golfo y pasado, o un poco de todo. Pero a mis las historias de su novio cada vez me importaban menos y ella solo me hablaba de follar y de su novio. Lo cual solo me congratulaba en la primera parte de la proposición.

Un día le dije: “Quiero que me des tus bragas y la semana que viene, cuando nos veamos, te las volveré a dar. Y nos iremos a comer y en el baño del restaurante chino de mierda donde te lleve, te cambiarás las bragas y te pondrás estas, en las que me habré corrido durante toda la semana. Y olerás a mí. Y luego te irás a cenar con tu novio con ellas. Y le saludas de mi parte”. Ella se rio y así lo hizo.

Así lo hicimos varias semanas donde el vicio de ella iba en aumento, su sentido de culpa disminuyendo y yo en la ataraxia de la que solo salía para cagarme en la puta madre de los rojos y para follarme a semejante jaca.

La vida continuó y los encuentros espaciándose y siendo cada vez más cerdos. Tras días sin darnos señal de vida, recibo un mensaje inesperado: “Que sepas que mientras lo hago con él solo pienso en ti”. Incrédulo de mí, me puse los vídeos que de ella tenía y a mitad de paja me fui a tomar una cerveza y recé: “LOCAS, PUTAS LOCAS”.


#2

Maravilloso. Cuánto vicio y perversión.


#3

S/O, respects


#4

Ella salía con un policía nacional. Yo ya era benemérito.
Y llamaba al móvil. Una, otra.
Más.
Y vinieron los sms “ cariño, estás en casa”.
Y luego los mensajes en el c/a.
“ hija de puta, cógemelo “
A cada toque , más me la follé.
Como nos reímos. Aún recuerdo mi imagen en el espejo con gesto triunfaré a lo Bateman con hacha y haz de leña
Desde entonces, existe el mando único entre CNP y Guardia Civil
Y no me dieron mención ni diploma en el Ministerio …


#5

Yo tengo una anécdota de una vez que quedé para follar con una guarra de Badoo que tenía novio (una de tantas con novio en esa maravillosa guarred social).

Quedamos una noche directamente en un descampado a las afueras de la ciudad donde yo me encontraba (ella venía desde un pueblo). Llegué al descampado yo primero en mi coche, y después llegó ella en el suyo. Se bajó, se metió en el mío y nos saludamos con un “hola” y un beso en la boca. En ese momento, si me hubiera puesto un condón verde, mi polla hubiera parecido el hijo del increíble Hulk. Qué morbo.

La tía era gordita, labios carnosos, cara de viciosa y dos tetas rotundas. Su novio era militar, destinado en una base que había cerca.

Apenas hablamos y se bajó al pilón sin yo pedírselo. Ya me avisó por Internet de que a ella lo que le gustaba era chupar, y que sin embargo no le gustaba que se lo hiciesen a ella. Yo, por mí, perfecto.

En el momento de metérsela, se sentó en el sillón de atrás abierta de piernas. Y, no me avergüenza reconocerlo: me corrí al metérsela por cuarta vez. Ese chocho era como un tarro de mantequilla caliente. No me pude resistir.

La idea era follar más, por supuesto, así que, después de reírnos un poco por la anécdota, descansábamos mientras me hablaba de sus historias: que no podía quedarse embarazada porque tenía un quiste en los ovarios, que si su familia tal y cual, que si patatín patatán (es curioso cómo realmente lo que esas mujeres necesitaban era hablar y desahogarse con alguien, no sólo echar un polvo).

Pero para mí ese polvo (si se le puede llamar así, porque sólo la metí cuatro veces contadas) fue tan intenso que ya no tenía ganas de más. Lo sé: patético. Estaba increíblemente satisfecho. Sólo pensaba en mi cama y en dormir, después de un día largo y de vaciar los huevos. Y ella me importaba una mierda, así que le dije que tenía que irme porque al día siguiente madrugaba, y ahí acabó todo. Aún recuerdo, estando en un semáforo parados cada uno en su coche, su cara mirándome como diciendo “hijoputa, me has hecho arreglarme y venir desde mi pueblo para esto”.

En fin. Se lo buscó ella. Por puta. ¿A quién se le ocurre hacerse un chorro de kilómetros para ponerle los cuernos a su novio con un fulano al que ni conoce? Se exponía a eso.


#6

Hace ya bastantes años -debía tener yo 23 o 24 años- y había salido la noche de reyes con unos amigos por Madrid. No recuerdo el nombre del bar en que conocí a Ana. Morena, pelo corto, guapísima y con 28 años, se acercó a bailar conmigo. Sonriente, graciosa y con un morbo inenarrable que llegaba a su culmen cuando se mordía el labio inferior mentras me miraba a los ojos.

Reímos, bebimos, y volvimos a beber. Yo cada vez más cariñoso, le agarraba la cintura, el culo… Ella, sorprendentemente, me empezó a parar los pies, me empezó a decir que tenía novio, que llevaba 5 años con él. Me decía que era muy guapo pero que no podía hacer nada, que ella tenía novio.

Yo no pensaba rendirme, le preguntaba “¿dónde está tu novio?”, ella respondía “¡en Londres! vivimos en Londres”. La noche avanzó, y los chupitos hicieron su trabajo. Cerraron el bar y salimos a la calle. Me senté en el capó de un coche y le dije que viniese, ella vino y no dudó en lanzarse a mi boca.

Yo, borracho, le pregunté “¿ya se te ha pasado la tontería de tu novio?”, “¡calla!” me replicó. Decidímos buscar otro bar, y ella dijo “¡ven!, tengo una idea”. Me agarró la mano y tiró de mi, cruzamos calles y avanzamos hacia Luchana. Cada pocos metros nos deteníamos a besarnos y la lujuria iba in crescendo.

Ella, que por aquel momento ya era muy consciente de mi erección, empezó a empujar puertas de portales. Yo desconcertado, no entendía lo que hacía. “Siempre hay algún portal mal cerrado” me decía riendose. Al tercer intento ¡bingo! portal abierto, entramos y empezamos a besarnos y tocarnos en pleno portal, ella me para y decide explorar, encontramos un sótano, con su cuarto de calderas, ella parece conforme con el hallazgo y se lanza a mi boca de nuevo, yo le abro los pantalones y me empapo los dedos en su coño. Al primer toque ella suelta un gemido con más volumen del que sería deseable para evitar ser descubiertos. Yo la miro y le pido que sea más cuidadosa, ella me dice que calle y que no pare, me abre los pantalones y me empieza a pajear, con violencia, agarrandome los huevos cada dos por tres. A los pocos minutos me pide que me ponga un condón y se quita los pantalones que tenía por las rodillas. Apoyando las manos en los primeros escalones de la escalera que subía al portal, me presenta su culo en pompa, donde a pesar de lo borracho y la poca luz, puedo ver el brillo de su coño empapado en flujo. Follamos como animales, haciendo bastante ruido. Yo no conseguía correrme, en parte por la borrachera, en parte porque los condones me provocan cierta claustrofobia. Me quité el condón y le pedí que me la chupase, a lo que respondió que no, que quien creía que era ella, que nos acabábamos de conocer. Mi carcajada fue, si cabe, menos discreta que sus gemidos. Por su puesto, a los pocos minutos ella tenía mi polla en su garganta y yo me corrí en sus pequeños pechos, cosa que pareció gustarle.

Nos quedamos desnudos descansando en las escaleras y ella me dijo “no te creas que yo soy así, yo le soy muy fiel a mi novio”. Yo la acompañé a su casa, bueno a la casa de su madre, donde dormía cuando visitaba Madrid, nos intercambiamos números de teléfono y no volví a saber nada de ella hasta las navidades siguientes.


#7

¿Y qué pasó en las navidades siguientes?


#9

Volvimos a encontrarnos.


#10

Muy buena historia… Esperamos ansiosos el segundo round.


#11

¡Vaya con la primavera! Ha debido despertar a las musas. Aprovechad la inspiración, caballeros, unos para seguir haciendo gala de vuestros recursos narrativos y otros para emularlos.

Se agradece el tiempo dedicado a distraer a los colegas, con un relato entretenido.