El gran hilo de los vecinos de mierda. Todos tenemos uno. Cuenta tu historia


#1

Vivo solo en un cuarto piso desde la última semana de mayo de este año. Este bendito 2017. Todo iba bien y en esos primeros días de junio una simpática chica trabajadora en RRHH de Ferrovial vino a visitar mi casa. Una vez dentro, se enteró que tenía una hija (por foto, la niña no estaba, evidentemente) y quiso marchar, pero logré convencerla e hizo noche. Con erótico resultado.

Desde ese día decidí no mentir con respecto a mi hija y si alguna loca quería huir que lo hiciera. No me compensa el esfuerzo. En total huyeron tres, y las que quedan. Cosa que no entiendo porque no las pido compromiso y menos ser la madre. No entiendo qué, para pasarlo bien, también busquen a uno sin familia. También es verdad que tengo facilidad para que se enamoren de mí.

Lo que iba diciendo, la de RRHH a la mañana siguiente se fue y no la volví a ver. Poco después conocí a la chica de ciencias con la que meses después iniciaría una relación, y que comenté en este foro, pero que en esos primeros compases me dijo que no haría nada hasta que no estuviera divorciado (bajo firma). Era así de rara y en lugar de huir de ella en el primer momento, me llamó la atención. Es que estaba jodidamente buena y a veces pienso con la polla.

Por esa época el Madrid ganó la duodécima Copa de Europa y la Patata League seguía su curso. Por el día del Corpus y tras una brutal noche de juerga en Toledo -que contaré en un hilo- de empalmada firmé mi divorcio. Y en ese mismo día dejé a mi chica de ciencias por primera vez y le apliqué unos tiempos marianos que me dieron unos sensacionales frutos nueve semanas locas después.

A todo esto, mi vida era un fluir de sensaciones y locuras. De caídas, semi-depresiones, y brutales éxtasis de alegría, de libertad, de saberme con vida y tremendamente deseado por las mujeres, campo que llevaba abandonado tras once años de fiel y tormentosa relación. 30 kilos menos, un cuerpo musculado, una labia renovada y ganas de comerme la vida. Así era yo. Así soy yo.

Pero había un algo detrás de todos todo. Y era mi vecino de abajo. Que, a cada una de mis embestidas, a cada una de mis invitadas, a cada una de mis cenas de amigos, a cada finde jugando con mi hija, a cada noche que me levanto a beber agua, ahí estaba. Apuntándolo todo.

Ya en septiembre, y tras semanas sin apenas pasar por casa -por eso, y otras cosas, sus quejas son muy ridículas- a no ser que tuviera a mi hija, en las fiestas de mi pueblo, la mujer de ciencias vino a visitarme. A finales de agosto me escribió “¿vamos al cine?”. Su cabeza ya había interiorizado mi situación personal y parecía dispuesta a intentarlo conmigo. Yo iba de flor en flor. Pero ella tenía -y tiene- algo que le hacía especial. Quizás sus labios, su culo, sus pechos operados, qué se yo.

La cosa es que en septiembre hizo un calor de mil demonios y durante las fiestas todo era ruido y voces. Mi aire acondicionado no funcionaba y todo se tenía que hacer con la ventana abierta. ¿Y qué mejor que quedarse en casa follando mientras los borrachos mean en las fuentes del pueblo?

Eso hicimos. Vino un jueves, se fue un domingo. Perdí kilo y medio. Y ella compró Enantyum. Ese martes vino a mi casa una señora pachuca de unos 45 años, sobrada de carnes, pero sin ser puro tocino aún. Yo venía del gimnasio. Eran las ocho de la tarde. Abrí sin camiseta, porque estaba empapado de sudor e iba a ducharme. “¿Se puede saber cómo haces tanto ruido?”. “¿Yo? Pero si llevo todo el día solo. Y vengo del gimnasio. Debe ser la vecina”. Señalé a mi octogenaria y encantadora vecina del lado. “Es imposible que sea ella. Se oye el cabecero, se oye todo.”. Yo me sonrojé. La situación era delirante. Una mujer a la que evidentemente ponía cachonda -se la nota que está mal follada a la legua y que el marido cada vez que follo se encabrona más y eso hace que se enfurezca porque él no debe responder como un hombre debe hacer- me estaba echando en cara que follase. “Pero señora, eso fue durante las fiestas, y aquí no podía dormir nadie. Y además es mi casa. Llame a la policía y déjeme en paz”. Y se fue.

Una semana solitaria, y silenciosa, después, mientras mis padres y mi hija estaban en casa y cenábamos viendo Vaiana, subió el vecino. Yo en ese momento estaba durmiéndola. Y abrió mi padre. Un señor legionario, que está enamorado de su nieta y que guardaba sepulcral silencio para que la niña duerma pronto. El pachuco llamó airado. Y empezó airado. “Yo soy un trabajador y necesito descansar y aquí no para de haber ruido”. “Lo que tú eres es un gilipollas”. Contestó mi padre. En ese momento yo salí, la niña estaba ya como una moto y no quería cama, otra vez a empezar. Mi padre seguía: “viene aquí el mamón este a despertar a la cría. ¿Pero qué ruido? ¿Estás loco?” El colombiano respondió “pero es que hay mucho ruido, yo soy un trabajador”. Agachó la cabeza y se fue.

Cuando todo parecía más tranquilo y mi vida parecía con cierto nuevo cauce, la chica de ciencias conoció a mi hija (y todo). Iba en serio. No podía ponerle pegas. Y encima era rica. Y divertida. Jadeaba más para que el vecino la oyera, exageraba tanto que la tapaba la boca y nos reíamos felices. Nos reíamos de un mundo conformado por gente mal follada, gris y triste. Un mundo de rojos sin vitalidad, de pesimismo, mugre y muerte.

Todo con ella se fue torciendo y empezó a mostrar la misma cara que me mostró cuando la dejé en junio. El viaje a Barcelona fue el colofón. Un viaje que hubiera hecho con otra maravillosa chica que conocí pero que no pudo ir. Y así continué.

Una noche, en una cena a cuatro, muy tranquila, con mucha risa, Loquillo de fondo, bajito, unos puros, una cachimba, cachopos y sidra natural, vino la policía municipal.

“Nos ha avisado un vecino que aquí hay mucho ruido”. Dijeron los policías. “Ya ves, estamos aquí de tranquis”. El policía miró, desde la puerta y sonrió. “Es que nuestra obligación es venir, pero entiendo qué… Intenten hacer el menor ruido posible”. Y se fueron. Hablábamos tan bajo que la novia/amante de mi amigo se durmió de la borrachera que llevaba y nuestra charla siguió.

Y así, parafraseando a Sabina, la vida siguió, como las cosas que no tienen mucho sentido. Pero de eso me di cuenta hace poco, que no tenía sentido. A lo que iba. Para finalizar este larguísimo post. Tras un par de esporádicas quejas más resueltas con bastonazos al techo por su parte, el lunes pasado me llamó mi casera (vivo de alquiler). Y me dijo lo siguiente:

“Me acaba de llamar el vecino, el colombiano. Me ha dicho que te va a matar. Que no paras de hacer ruido. Que quizás seas buen chico pero que te drogas mucho. Que rompes sillas y haces taladros a las dos de la mañana. Que no paras de subir chicas raras. Y que te oye follar hasta el presidente de la comunidad que vive en el primero. Y que insultaste a su mujer.”

Yo no tuve más remedio que echarme a reír. “No he hecho un taladro en mi vida, a las dos de la mañana suelo dormir, no soy de romper sillas y jamás le he dicho nada a esa mujer.” La casera se rió. “Te ha descrito como una estrella del rock, que destrozas muebles y te drogas de madrugada con mujeres de mala nota”. “Sí, soy el nuevo Di Caprio en la Mansión Playboy, no te jode”. “Eso le he dicho, que tienes 35 años, que es normal que alguna suba. Que tienes una niña. Y que no es asunto mío, que llame a la policía si quiere. Además, ¿qué tomas para esa vitalidad que te oye el del primero, según él?”. Después de unas risas y resolver lo loquísimo que estaba mi vecino, me dijo que tuviera cuidado, que era colombiano y los colombianos son muy traicioneros. Que ella acaba de superar un cáncer de pecho y no está para tantas gilipolleces.

Así ando. En una semana sin calefacción -ya me la arreglaron el jueves al final-, sin perra que me ladre, lanzando un nuevo proyecto que me haga abandonar mi antigua y odiada profesión y con un vecino loco que busca mi muerte. Literal.

Y hoy, esta noche, sábado 23 de diciembre de 2017, voy a celebrar una fiesta en su honor, que se joda, que se joda bien. Con mi amigo Crespo y quizás mi amigo Pet. Las dos personas que más quiero en el mundo junto a mis padres y hermano, y tras mi hija, por supuesto.


Aquí la canción de Sabina que cito en el post:


Dicho esto. Todos tenemos un vecino o vecinos de mierda. Podéis contar vuestra historia y reírnos de todo esto. Sin compasión, sin límites.


EGC: El Gran Chat de Tabloide.es
Me agobia comerle el coño a mi mujer
#2

Qué buen rato he pasado leyendo, bandido. Yo vivo en un edificio dónde yo y mi mujer somos los únicos que trabajamos, el resto son tiernos matrimonios de jubilados. A las 10 de la noche ya no se oye un puto ruido que no provenga de mi piso. Solo hay follón cuando vienen los nietos de visita. Nunca falta una herramienta ni hay nada mínimamente deteriorado. Las bombillas fundidas duran 5 minutos sin cambiar. Bendita jubilación.


#3

Yo debo tener mucha suerte, cuando estaba soltero y organizaba alguna fiesta en mi terraza, siempre se acababan uniendo ellos. Después de la primera ya se apuntaron a todas. Los vecinos son como una lotería, o te tocan o no.

Ahora en serio, y referente al colombiano ese “asesino”. No es que debas tenerle miedo (ni mucho menos), pero partiendo de la idea de que es un esquizofrénico que se inventa ruidos de taladro y sillas volando donde no las hay, yo que tú tendría un mínimo de cuidado, a ver si en una arrebato de valentía acaban los dos en un problema. Al final seguro que acaba como todos los de su estilo y se le va la fuerza por la boca, pero bueno, tú me entiendes.

Buen relato.

:aliens:


#4

Es una pena que no quiera enseñar la cara en el foro. Porque me he hecho un vídeo subiendo a mi casa desde el portal con la música de Misión Imposible que es una triunfada. Al estilo geo. Y esta noche hago la versión doblada al pachuco. Cuando llevemos un par de chupitos de Jager.

Da para mucha risa mi querido vecino. Está claro que vigilo mi espalda porque es la única forma en la que un gordo de medio metro puede hacerme daño. Pero me está dando gloria.


#5

A eso me refiero, nunca se sabe y “hombre precavido vale por dos”. De todos modos me repito, alguien que quiere hacer daño no lo dice y va y lo hace, o por lo menos eso es lo que haría yo. No creo que al final pase nada, teniendo en cuenta que le sacas un metro, pues con más razón.


#6

Sencillamente genial y delirante. Gracias por compartir. En este hilo poco puedo decir, no tengo vecinos al menos no que me puedan oír… :joy:


#7

El otro día volvía a casa por la noche y noté en mi descansillo un hueco que me llamó la atención. El rellano es amplio, y los vecinos colocamos algunas plantas para darle algo de vida. Yo tenía una pequeña plantita encima de una mini mesita. Me había desaparecido. Hace una semana una vecina me vino a preguntar por ella, por si iba a tirarla y le dije que no, que era para la plantita de los cojones. Quiero creer que no ha sido ella y que es casualidad que preguntase y desapareciese. Aun así quise provocar reacciones haciendo uso del lenguaje pasivo agresivo con una notita en el ascensor.

No he recibido contestación alguna. Hubiese merecido la pena haberle pillado. Si robas, roba bien, pero no seas un puto miserable.


#8

Todos los vecinos de mi bloque son encantadores. Soy yo el más hijo de puta. Y tengo un objetivo: tirarme a mi vecina del quinto. 35 años. Un cañón de mujer felizmente casada con un Guardia civil metido en un grupo de fuerzas especiales o no sé qué pollas. El otro día coincidí con ella en un pub después de la cena de empresa y se puso a charlar conmigo muy tiernamente. El día que su marido me pille poniéndola de vuelta y media, me arrojará por la ventana del quinto, pero habrá valido la pena.


#9

#10

¿Alguno de vosotros ha cagado alguna vez en el felpudo de un vecino? Yo nunca he cagado en el felpudo de un vecino, aunque la verdad ganas no me han faltado.

Desde pequeño siempre he odiado al vecino del primero, de hecho todos los niños del bloque le odiaban, así que aprovechamos una Navidad que teníamos todos un buen cargamento de petardos para hacer la gracia. Habíamos comprado unos petados de 20 duros, que para la época eran básicamente cartuchos de dinamita. Así que le metimos uno en el buzón.

Cuando aquello explotó, se nos borró a todos la sonrisa de la cara y salimos huyendo despavoridos, el petardo no sólo reventó el buzón del vecino del primero, sino la mitad de todos los buzones y la pared de ladrillos, es decir que hicimos un butrón desde el portal hacia el cuartillo de atrás, el bombazo fue increíble.

Lo malo es que como destrozamos más de 8 buzones, la víctima no se dio por aludida.


#11

Vivo en un edificio que Idealista denomina como emblemático y señorial. Mi emblemático y señorial edificio está en una zona de Madrid en la que por alguna razón que no comprendo del todo sólo viven viejos. Así que mi edificio está lleno de ancianas, hay al menos diez, que van juntas a misa y al cine, y la presidenta de la comunidad es una madre con 3 hijos del Opus Dei.

Por mi parte cada vez me gusta menos salir de mi casa así que todo lo pido por internet. Cada día suben a mi casa al menos tres mensajeros entre Amazon Prime Now, Glovo y Deliveroo. El problema es que en este edificio lleno de ancianos cualquier cosa es una gran noticia, cuando dejo las luces del salón encendidas por la noche las viejas me interceptan al día siguiente en el rellano para preguntarme si es que desvelo o madrugo.

Un domingo cualquiera como es mi costumbre, pedí el pan a Glovo y el mensajero que me lo trajo tenía una barba. Como no tenía mala pinta y no mediamos palabra asumí que seguramente se trataría de algún perroflauta en paro. El mensajero me entregó el pan, me hizo firmar en su móvil y se fue.

A los veinte minutos sube la presidenta de la comunidad con una de las ancianas y pega a mi puerta. Cuando abro me preguntan si yo sabía algo de un mensajero que acababa de irse y que les dio un susto de muerte. Al parecer el mensajero era morisco y le dieron las campanadas frente al ascensor de manera que ni corto ni perezoso sacó su alfombrilla y se puso a rezar mirando a la Meca en medio del pasillo del edificio. La anciana venía de misa y entró justamente en el momento en el que el morisco se postraba en clara reverencia a Alá y casi le da un síncope. Fue a buscar a la presidenta de la Comunidad para desentrañar el misterio del musulmán suelto en el portal emblemático y señorial y subieron directamente a pegar a mi puerta. En el momento asumí que el que se chivó fue el portero… que gran regalo de Navidad sería ese… pero ahora sé la verdadera historia.

Las viejas del edificio tienen una sala de chat. Como lo oís. Han creado un grupo de chat, imagino que en Whatsapp, en el que se ponen al corriente de todos los acontecimientos de esta gran comunidad de vecinos. Imagino que al chat solo tienen acceso los propietarios porque a mí jamás me llegó invitación alguna. Eso explica que gente random con la que jamás había hablado salude a mi perro por su nombre, que todo dios sepa a qué hora me voy a la cama, y que sepan también que el que pide doscientos paquetes a la semana soy yo.


#12

Eso Almodóvar le pone nombre “la comunidad 2”. Que juego que puede dar el grupo de WS o Telegram a las señoras.


#13

Con vecinos así, ¿Quién necesita contratar seguridad? El MI5 a su lado… Unas locas del coño haciendo macramé.


#14

Pues yo lo veo todo más como el edificio de “Rosemary’s baby” (“La semilla del diablo”). Tiene que dar un poco de miedo.


#15

En el edificio donde vivo hubo hace unos cincuenta años una pelea épica, de ésas que hacen Historia, entre dos vecinas, más o menos como ésta, sin llegar a la tragedia:

Todo fue por unas cuerdas de tender la ropa, dispuestas como en esta escena de “Aquí no hay quien viva”. El caso es que una tercera vecina se mudaba y acordó con la señora que vivía enfrente cederle sus cuerdas. Resulta que en el piso de arriba de la vecina que se marchaba vivía su propia madre, a quien encargó echar un vistazo al piso antes de que se vendiera. La madre no encajó precisamente con deportividad que su hija se marchara de esa vivienda porque dejaría de verla con tanta frecuencia, a ella y también a sus nietos. Un buen día tuvo que bajar al piso que ya estaba desocupado y, al ver que la de enfrente había tendido su colada en las cuerdas de su hija y sin saber que ésta se las había cedido, cogió unas tijeras y las cortó, yéndose toda la ropa aún húmeda al suelo del patio de luces.
Una pena porque eran dos mujeres maravillosas (bueno, una más que otra) que antes de este incidente no se llevaban mal. La enemistad duró hasta que una de ellas falleció. I mean, all that time they could have been friends.

Sólo me queda pedir al autor de este hilo, así como a algunos de los intervinientes, que no lleven a ese extremo sus peleas con sus respectivas vecindades. Como te enemistes con el resto de la Junta de Propietarios, no te queda más remedio que mudarte.


#16

Vaya por delante que desde que estoy en este foro has despertado mis simpatías por la gracia y fundamento que tienen tus aportaciones.

Pero en este caso no debo apoyarte sin conocer la versión del payopony.

No es que dude de tu palabra, pero tu interpretación, como acusado, dudo que sea imparcial.

Diga ser cierto usted se ha mudado a una vivienda en régimen de alquiler, dónde es costumbre que los caseros elijan la calidad del mobiliario con criterios “estrictamente de rentabilidad”, al igual que la calidad de montaje y el mantenimiento.

Diga ser cierto que, seguramente, en el bloque de autos, la calidad del aislamiento es mejorable.

Diga ser cierto que con las ventanas abiertas todo tipo de sonido, incluídos los gemidos, se trasmiten entre viviendas con mayor potencia sonora.

No hay más preguntas, Señoría.

Y sí, yo he tenido que bajar una vez a eso de las 3 y pico de la mañana a un piso que está en régimen de alquiler en mi bloque. El tipo se había llevado a un chochete y se habían puesto el karaoke.

Y sí, toca las pelotas despertarse a esa hora con “paroooole, paroooole, parooole”, tengas que madrugar, como es mi caso, o no tengas que hacerlo.


#17

Eso me ha recordado que en cierta ocasión pasé un fin de semana a una casa rural en Burgomillodo de Osma, un pueblecito al norte de Madrid de unos… 6 o 7 vecinos cerca de las Hoces del Duratón. De esos que todos los días va una furgoneta con el pan y el médico recorre varios pueblos de la comarca para pasar consulta.

Curiosamente las dos familias del pueblo están enfrentadas por un hecho histórico, según me contaron; y es que, al parecer, hace años una gallina se saltó la linde y fue a parar a la parcela del vecino que, sin pensárselo dos veces, cogió una escopeta y mató a la gallina en cuestión de un disparo.

Desde entonces, generación tras generación, ese acontecimiento sigue sembrando el odio en la cultura de Burgomillodo de Osma…

Por cierto, excelente escena para ilustrar tu post. Es posible que hayas visto la serie de Feud basada en la rivalidad de ambas dos artistas. Si no, te la recomiendo: Jessica Lange (Joan Crawford) y Susan Sarandon (Bette Davis)


#18

Te comprendo y me solidarizo aunque no comparto tus objetivos. Mi objetivo es no tirarme a mis vecinas. Siempre he sido de la idea, al vivir solo, que cepillarte a una vecina puede convertir tu casa en un infierno. Eso lo aprendí por un amigo que vivió la situación y terminó mudándose al tocarle en lotería una loca del coño.
A menos de 1km. a la redonda todas primas.


#19

La tengo entre mis pendientes, aunque le dediqué un hilo. Como escribió alguien en “Fotogramas” cuando en dicha revista aún trabajaba gente que sabía escribir, fue un enfrentamiento memorable. El antes, el durante y el después de “¿Qué fue de Baby Jane?”. Como El Conde Drácula vs. El Hombre Lobo, como Alien vs. Predator, como Coca Cola vs. Pepsi Cola… Nunca mejor dicho esto último.

Volviendo al tema de los enfrentamientos entre los vecinos, durante algún tiempo estuve enganchado a foros de vecinos de grandes urbanizaciones, de ésas que están rodeadas por un jardín, tienen pista de pádel y una gran piscina. Llegué a la conclusión de que, aunque haya niños angelicales de por medio, se puede acabar perfectamente así:

EDITO: Por no hablar del uso que se hace de ciertas zonas comunes, como puede ser el jacuzzi. Ahí puede pasar de todo: desde matrimonios pillados en plena faena erótica hasta parejas sorprendidas follando con quien no es precisamente su cónyuge.


#20

Tienes toda la razón. Y con más de una hemos topado. Pero somos hombres y somos idiotas. Yo, por lo menos, lo soy.