El papel del Estado en el siglo XXI

En muchos de los hilos sobre política, de forma directa o indirecta, acaba surgiendo el debate en torno al Estado: ¿cuál es la mejor forma de Estado? ¿qué funciones debe asumir el Estado en el mundo actual?

Para ilustrar este tema y plantear varios puntos de debate, me parece interesante rescatar un libro reciente (2011) pero que pasó bastante desapercibido. Se trata de “El Estado en el tercer milenio” de Hans-Adam II de Liechtenstein.

Lo especial de este libro es que no está escrito por un académico sino por un Jefe de Estado, que ha tenido la posibilidad de llevar su teoría a la práctica en su propio país, Liechtenstein, convirtiéndolo en el país con una de las rentas per capita más altas del mundo.

Curiosamente, seguramente no por casualidad, los países más ricos del mundo son países de pequeña extensión y población (Catar, Singapur, Luxemburgo, Mónaco, Brunéi, entre otros). El caso de Liechtenstein es especialmente interesante porque es un país sin acceso al mar (algo que tradicionalmente se ha considerado relevante para el desarrollo económico) y muy pobre en recursos naturales.

El libro del príncipe de Liechtenstein se puede resumir en una frase: “No preguntes qué puede hacer el ciudadano por el Estado, sino qué puede hacer el Estado, mejor que cualquier otra organización, por el ciudadano”. Básicamente, propone que el Estado se transforme y se comporte como una empresa de servicios.

Varios de los temas planteados en el libro se tocan en esta entrevista (en inglés con subtítulos en español):

https://www.youtube.com/watch?v=1FDPs1YNNz4

Para comenzar, algunas curiosidades del sistema político en Liechtenstein:

  • La monarquía se basa en una relación de “socios” y de beneficio y confianza mutuos entre la Casa Real y el pueblo.

  • La Constitución permite que con 1.500 firmas se lleve a cabo una votación sobre la abolición de la monarquía. Si en un referendo se aprueba la abolición, se proclamaría a una república. También se puede solicitar que el príncipe abdique en otro miembro de su familia, en caso de que haya perdido la confianza del pueblo (es decir, se separa la figura de la monarquía de la persona individual del monarca).

  • A cambio, el príncipe tiene derecho a veto sobre las decisiones del Parlamento y del pueblo.

  • La Casa Real, una de las más ricas del mundo, no cobra por sus “servicios", sino que incluso sufraga buena parte de los gastos del Estado.

  • Derecho de autodeterminación a nivel municipal. En Liechtenstein los municipios tienen el derecho a separarse del Estado si así lo decide su población. Forma parte “natural” de la democracia directa de ese país. Sin embargo, esto no ha sucedido ni se espera que suceda. Al revés, el Príncipe plantea que es una garantía de unidad. La razón es, entre otras, que cuanto más pequeña es la unidad administrativa con derecho a autodeterminación, más dependiente es del resto y, por tanto, menos probable es que se independice.

  • Democracia directa: Único caso a nivel mundo junto con Suiza, aunque en Liechtenstein está aún más desarrollada, aunque con el posible veto del Príncipe.

Paso a mencionar por temas algunos planteamientos de Hans-Adam II en su libro (separados por puntos para facilitar su lectura):

El Estado como empresa monopolística

  • Con la promesa de hacer el cielo en la tierra, el Estado se amplió, el ejército de funcionarios creció, las tareas que debía asumir el Estado se multiplicaron, y la legislación se hizo más amplia y complicada. Para financiar todo el dispendio administrativo, los impuestos y las tasas no han dejado de aumentar en las últimas décadas.

  • El Estado actual no puede considerarse una sociedad anónima donde los ciudadanos son accionistas. En una sociedad anónima, el accionista puede vender sus acciones si ya no está de acuerdo con la política de la dirección y ésta ha obtenido la mayoría en la asamblea de accionistas. Con el mismo dinero puede comprar el mismo día acciones de otra empresa o utilizar los ingresos obtenidos de otro modo.

  • Un ciudadano que no esté de acuerdo con la política que ha obtenido la ratificación de la mayoría, en cambio, tiene que emigrar, con todos los problemas que van ligados con ello, y eso en caso de que otro Estado lo acepte. Pero además habitualmente aún pasarán años antes de que obtenga el derecho a voto en el nuevo Estado, y durante ese tiempo, en el nuevo Estado, la política puede evolucionar en un sentido con el que esté tan poco de acuerdo como con el de su anterior Estado.

  • La mejor comparación para el Estado sería la de una empresa monopolística privada que fija las reglas del juego con las que se juega, nombra al árbitro y él mismo es uno de los jugadores. A pesar de la separación de poderes, en la democracia indirecta la oligarquía domina el legislativo, los tribunales y el ejecutivo. El ciudadano, como pequeño accionista, sólo puede elegir cada cuatro años en la asamblea general entre unos pocos sindicatos de accionistas, los partidos. Estos sindicatos negocian entonces entre ellos cómo serán las reglas del juego, cómo se ocuparán las plazas de árbitro y quién podrá participar en el juego.

  • Como el Estado es una empresa monopolística, la oligarquía puede llegar con relativa facilidad, en sus procesos de decisión, a compromisos a costa de los ciudadanos.

Estado de derecho

  • Ha habido un aumento explosivo del número de normas legales en los últimos 50 años. Se exige del ciudadano que conozca todas esas normas y, si no se atiene a ellas, puede ser castigado siguiendo el lema de que “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”. A eso se añade el hecho de que las normas en ocasiones se contradicen. Además, las normas se cambian con frecuencia y están escritas en un complicado lenguaje especializado que el ciudadano normal apenas puede entender.

  • Con el número creciente de normas legales, ha disminuido la seguridad legal y el Estado cada vez tiene más dificultades para ofrecer a los ciudadanos la seguridad exigida ante pequeños y grandes delitos.

  • Es importante que el Estado se libere de todas las tareas que pueden solucionar mejor los municipios o la economía privada, sea porque están más próximos al ciudadano y a sus problemas, sea porque, a diferencia de la administración pública, están expuestos a la competencia en el libre mercado.

  • A políticos y burócratas les gusta hablar de que en tal o cual campo el mercado ha fracasado. Este supuesto fracaso del mercado les sirve entonces como argumento para emitir sin parar nuevas órdenes y prohibiciones. Pero si se contempla más de cerca, ese supuesto fracaso del mercado casi siempre se trata de un fracaso del Estado. Un mercado sólo puede surgir cuando existen derechos de propiedad. Si el Estado no se encarga de proteger estos derechos de propiedad no puede surgir ningún mercado.

  • La distribución a través del mercado resulta sustancialmente más eficiente y justa que a través de una pesada y a menudo corruptible burocracia estatal, en la que las relaciones personales suelen ser más importantes que la competencia económica.

  • La producción de leyes es como la producción de salchichas. Es mejor no contemplar este proceso muy de cerca, porque no es demasiado agradable, y fijarse en el resultado. A menudo también el producto final, la salchicha ley, no resulta muy agradable.

  • Junto a los elevados impuestos y las complicada leyes sociales y fiscales, las normas que cambian continuamente son una razón importante de que haya empresas que ni siquiera lleguen a fundarse o fracasen pronto.

  • Si el Estado dicta leyes poco claras y contradictorias, él es el responsable de ello y no el contribuyente.

  • Lo decisivo es que el Estado se concentre en su tarea más importante, el mantenimiento del Estado de derecho, y ceda gradualmente tareas que le han sido transferidas en el curso de los últimos 200 años por una ideología nacionalista y socialista. La transferencia de estas tareas a la economía privada o a los municipios permite limitar las normas legislativas y reglamentaciones para reducirlas a sencillas leyes básicas, en caso de que sean realmente necesarias.

  • Una autolimitación del Estado fijada constitucionalmente dificultaría y en muchos casos evitaría que los políticos compraran con promesas votos para las siguientes elecciones. Aparte del diluvio de leyes que provocan, estas promesas van ligadas a elevados costes.

  • Si para un empresario ya es bastante difícil valorar, en su propio ramo, el éxito a largo plazo de sus inversiones, los políticos y burócratas, que no son empresarios, por norma general son incapaces de juzgar si las empresas subvencionadas por ellos con el dinero de los contribuyentes serán capaces de sobrevivir a la larga o no. Por eso, en el reparto de esos millones que han quedado después de restar los generosos gastos administrativos, la mayor parte se esfuma de nuevo. Como estos millones de los impuestos han sido obtenidos antes con el duro trabajo de empresas y personas de éxito, todo el proceso acaba en una actuación destructora de dinero que se retira a la parte exitosa de la economía nacional.

  • Si los ciudadanos se dejan sobornar con su propio dinero por políticos y partidos, no deben extrañarse de que existan políticos y partidos corruptos.

Estado social

  • El Estado social trata de transformar con leyes la conducta social del hombre en los pequeños grupos en un deber para el conjunto de los ciudadanos. Y para controlar que sea así, el Estado necesita un aparato burocrático muy amplio.

  • ¿No es el Estado social el producto de una ideología que hace que algunos ganen buenos sueldos, en lugar del producto del amor al prójimo? ¿No se engaña al pueblo diciéndole que el Estado social y la solidaridad forzada crearán el cielo en la tierra para ese pueblo elegido, mientras que los que realmente se aprovechan son una muy pequeña capa elegida de la población?

  • ¿Es socialmente defendible que los Estados nacionales obliguen a su población, a través de exacciones forzadas, a pagar una vida cómoda a una capa privilegiada? ¿No es más social dar a las personas individuales y a los municipios la posibilidad de ayudar directamente con sus donaciones a los más pobres de nuestra gran familia o apoyar en sus difíciles tareas a municipios bien dirigidos en los países en vías de desarrollo?¿No ha sido la ayuda al desarrollo estatal, aparte de unas pocas excepciones, un despilfarro de dinero de los impuestos que demasiado a menudo ha hecho más mal que bien?

  • El Estado social ha permitido a la oligarquía estatal penetrar en las interioridades de la vida privada de sus súbditos, cobrarles elevados impuestos para financiar el ulterior crecimiento de la burocracia y acumular una montaña de deudas con las que tendrán que cargar las siguientes generaciones.

  • Las pensiones contribuyen al descenso de la natalidad. ¿Quién va a querer asumir los costes y esfuerzos que supone la crianza de los hijos si, por un lado, está obligado por el Estado a financiar pensiones de otras personas que no conoce, y por otro lado, el Estado le asegura que le garantizará asistencia en su vejez?

  • La sociedad materialista de la diversión produce demasiados pocos herederos.

  • Los elevados costes del Estado social se convertirán cada vez más en un problema. Por un lado, las personas jóvenes y capaces tratan de eludir la creciente carga impositiva emigrando, sea física o financieramente. Por otro lado, el Estado social atrae a personas que apenas pueden financiarlo, o no están dispuestas a hacerlo, y que sólo quieren aprovechar su oferta. Esto genera además la aparición de tensiones sociales que elevan el peligro de conflictos.

  • Es necesaria una transferencia de todos los asuntos sociales al ámbito municipal. A nivel municipal, el sentimiento de solidaridad es más elevado, los problemas se reconocen antes y de este modo a menudo también las soluciones, las decisiones se pueden tomar de forma más rápida y los abusos se pueden combatir con más facilidad.

  • A los municipios les quedará la posibilidad de decidir hasta qué punto quieren unirse en asociaciones regionales en esta cuestión y en qué medida quieren subvencionar los asuntos sociales.

  • Existen muchas razones que hablan a favor de que, como en el caso de los asuntos sociales, el conjunto de la enseñanza se privatice o se delegue a los municipios, y se financie a través de un sistema de bonos.

  • Que el sistema educativo público no responde a las exigencias de padres e hijos queda demostrado por el hecho de que cada vez hay más padres dispuestos a realizar sacrificios para permitirse una formación en escuelas y universidades privadas. Y a pesar de ese sacrificio financiero, el Estado les fuerza a seguir financiando con el dinero de sus impuestos un sistema educativo ineficiente que no quieren utilizar.

  • Los municipios deberán tener la libertad de decidir por sí mismos si prefieren invertir el dinero de sus impuestos en un sistema educativo generoso y elevar el valor de los bonos, o hacerlo en asuntos sociales, en la cultura o en otros campos. Esas decisiones influyen en la vida de los ciudadanos y es preferible que se tomen en el ámbito más próximo al ciudadano, a nivel municipal, y no sólo a través de la limitada democracia indirecta, sino a través de la directa.

El peligro de la oligarquía y el papel de la monarquía

  • Ya en la Roma republicana era habitual comprar el apoyo del pueblo con “panem et circenses”. Esa compra de votos se realiza con dinero de los impuestos o con privilegios fiscales. Los políticos deben satisfacer a sus votantes habituales y además ganarse el apoyo de votantes cambiantes o habituales del político adversario. Para alcanzar este objetivo, se realizan promesas que, si se consideran de forma realista, no se pueden mantener. Además, la tentación de pagar los servicios prometidos, no mediante impuestos más elevados, sino contrayendo deudas o haciendo que el Estado imprima más dinero, es grande. Como un Estado puede, durante un periodo de tiempo relativamente largo, contraer deudas o imprimir dinero sin que los votantes perciban los efectos, existe una alta probabilidad de que los políticos y partidos responsables de ello ya no estén en el cargo cuando el problema se haga visible. Entonces el problema lo tendrán otros políticos y gobiernos, que deberán hacerse impopulares con drásticos programas de ahorro. Como son pocos los votantes y los políticos capaces de comprender problemas complejos de economía política, especialmente cuando se plantean a largo plazo, no se les puede hacer grandes reproches. El problema reside en el sistema y no en los políticos.

  • El sistema fuerza en mayor o menor medida a los políticos a perseguir intereses especiales y ya no los intereses generales, pues si no lo hacen así, corren el peligro de incumplir sus promesas electorales y perder de este modo la confianza de los electores. Además, en la democracia indirecta es muy difícil para los políticos seguir una política a largo plazo basada en el interés general, porque su destino y el de sus partidos se deciden en las siguientes elecciones.

  • Una monarquía hereditaria democráticamente legitimada con derechos claramente definidos es más independiente de una oligarquía que un presidente, que para su elección y reelección depende de la oligarquía. La monarquía aporta a la política un elemento a largo plazo que abarca generaciones.

  • La relación entre monarquía y pueblo debe descansar en la voluntariedad y el respeto mutuo.

Democracia directa y principio de autodeterminación

  • Más importante que la cuestión de la monarquía es el desarrollo de una democracia directa y del derecho de autodeterminación a nivel municipal. Sólo una democracia directa fuertemente desarrollada y el fin del monopolio del Estado en su territorio transformarán el Estado en una empresa de prestación de servicios que sirva a las personas. Sólo así se evitará que monarcas y oligarcas abusen del Estado para oprimir y saquear a otras personas.

  • Si la democracia indirecta era la democracia para analfabetos, la democracia directa y el derecho de autodeterminación a nivel municipal es la democracia para el pueblo cultivado.

  • La democracia y el derecho de autodeterminación están ligados entre sí y difícilmente pueden separarse. O bien se cree que el Estado es una construcción de tipo divino a la que el hombre debe servir y cuyos límites no puede poner en cuestión, o se cree en el principio democrático y, por tanto, en que el Estado fue creado por hombres para servir a los hombres.

  • Las decisiones por minoría pueden ser injustas y la mayoría no siempre tiene razón. Un modelo de Estado que asegure la paz, el Estado de derecho, la democracia y el bienestar de la población debe retirar al Estado el monopolio sobre su territorio.

  • En nuestro mundo actual la “emigración” de la población sólo se convertirá en una alternativa realista si la población afectada puede “emigrar” con su territorio.

  • Para retirar al Estado el monopolio, el territorio estatal debe dividirse en unidades pequeñas. Cuanto más pequeña sea la unidad, menor será la probabilidad de que una unidad decida “emigrar” a la ligera. Cuanto mayores son las unidades políticas, mayor es el peligro de que ejerzan el derecho de autodeterminación para salir del Estado, y que dentro del nuevo Estado surjan minorías.

Después del tocho y para comenzar el debate:

¿Qué os parece esta forma de entender el Estado? ¿Os parece factible desarrollar algunos de sus elementos en España?

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Impresionante. El lineas generales coincido casi en todo.
La solución sobre educación y servicios sociales a nivel local, me parece muy acertada.
Al principio del texto afirmas que son mejores las aportaciones voluntarias para los necesitados, pero es que aunque se haga vía impuestos, los contribuyentes no se ven tan agraviados cuando ven que están ayudado a su comunidad más inmediata. Eso creo que ayudaría aun más a que las comunidades constituidas por personas muy capaces, prosperen exitosamente. Lo único que no me gustaría es que a nivel local se tengan las competencias para determinar los contenidos educativos…creo que eso sería nefasto (en España, entiendase).

En resumen, ¿tu lo que propones es una suerte de Estado Federal?
No te veo votando al PSOE, pero ese es el único partido que ha hablado sobre eso. Además a ellos puede que les convenga, porque el mismo PSOE está montado de una forma algo federal.
Creo que ese primer paso, sería importante para empezar acercarnos a ese sistema que propones.

Admiro profundamente a los países del norte de Europa en muchos aspectos, y por eso mismo no veo viable esa solución en nuestro país.
No recuerdo quién dijo, hablando de la similitud de nuestra Constitución con la alemana, que “el pueblo alemán cumple las leyes, aunque sean malas, mientras que el pueblo español no lo hace, aunque sean buenas”.
Como tenemos esta suerte de moral difusa y moldeable, estos valores que se están yendo por el desagüe a pasos agigantados y este partido comunista de vagos agit-prop contaminando cuanto toca, no confío en nuestra capacidad de sacar adelante una democracia representativa limpia, honesta y eficiente, pues el funcionariado (del más bajo al más alto) no es sino el reflejo de nuestra sociedad.
El trabajo y la exposición del hilo, impecables.

El sistema estatal que se plantea en el mensaje inicial es el que está vigente en Liechtenstein desde la última reforma constitucional de los 90. Me pareció muy innovador en muchos aspectos y por eso lo planteé para ilustrar el debate, pero yo no no estoy totalmente de acuerdo con él. Mis postulados son más libertarios que liberales.

En todo caso, de Liechtenstein me gusta el papel responsable y de visión a largo plazo de la monarquía (nada que ver con los Borbones españoles) y el hecho de que se rompe el monopolio del Estado (que es nefasto a mi entender).

En este sentido, por un lado, el Estado no ocupa por defecto todas las esferas y después cede algunas de ellas al sector privado, sino al revés. Se entiende el Estado desde una visión puramente práctica y pragmática, y se le da un rol empresarial.

Por otro lado, me gusta mucho el concepto de “emigrar con el territorio” en contraposición a “emigrar fuera del territorio”, que es la única posibilidad con el Estado actual monopolista.

Se trata de algo que ya sucede, a veces de forma inconsciente: nos mudamos a vivir a aquellos barrios, ciudades, etc. donde encontramos gente similar a nosotros y los servicios de calidad que más nos interesan. La gran diferencia es que, nos mudemos a donde nos mudemos, seguimos siendo responsables de financiar con nuestros impuestos lo que el Estado decida. En Liechtenstein, cada municipio tiene plena autonomía fiscal.

Por último, el hecho de que exista democracia directa le resta mucha importancia a los partidos políticos. Los políticos no son gobernantes sino meros administradores. Esto cambia totalmente el alcance de su poder.

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Eso lo tengo claro, pues ya te he leído en numerosas ocasiones, y sé más o menos por donde vas, y lo que consideras ideal. Pero sé muy bien que todas esas ideas son difíciles de alcanzar, pero lo que sí son, es dignas de perseguir. De trabajar en esa dirección.

Y es que en realidad eso es lo que me interesa, la ejecución práctica de las políticas, que sea viable llevarlas a la realidad con los recursos disponibles, y por vías legales, no lo que van diciendo en otros hilos de hacer golpes de Estado y tonterías similares, mostrando un absoluto desprecio por la vida humana. Si nos agarramos a escencialismos irreductibles, no lograremos nada, por eso me gusta tu ejemplo, porque es viable alcanzarlo con tiempo y paciencia, porque va en una dirección que nos dará más libertad a todos, a pesar de que no suponga un “Estado ideal” para nadie.

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Mi primer mensaje en Tabloide fue para contestar un mensaje tuyo en el que hablabas (con razón) de la influencia luterana en Alemania.

En este caso hablamos de un profundamente país católico aunque con una mentalidad muy germana. Efectivamente, frente al pragmatismo y el sentido del orden de los germanos, los mediterráneos nos dejamos llevar por el temperamento y el “por mis huevos”.

Yo tampoco pienso que un sistema como el de Lichtenstein se pudiese implantar en España de la noche a la mañana, pero estoy convencido de que precisamente la forma de luchar contra esa decadencia política y moral que muy bien señalas (y que a mí personalmente me llevó a exiliarme) es reforzar el ámbito municipal.

No podemos evitar que un gran número de españoles quiera vivir en una sociedad sin buenos valores, pero podemos tratar de romper su monopolio sobre todo el territorio y crear espacios libres en el que la gente pueda vivir de acuerdo con sus propios valores e intereses.

Por otro lado, en el mundo actual ya no es necesario vivir en estructuras políticas unificadas y grandes, que en otros momentos de la historia eran importantes para la defensa y el acceso a materias primas. Hoy en día, “small is beautiful”, como lo demuestran los microestados, todos ellos entre los más ricos del planeta,

Sé que para muchos la unidad de España es un tema clave. A mí personalmente no me importa “romper” la unidad estatal porque entiendo que España es mucho más que el Estado español.

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Realmente es que estamos de acuerdo en lo básico, aunque quizás yo sea más pesimista.

He trabajado diez años en un ayuntamiento pequeño y mi experiencia fue tal que abandoné el puesto fijo que tenía, porque hasta yo me estaba corrompiendo.

Partimos de la base de que un pueblo, para participar de la democracia, necesita estar informado y formado. De otro modo no tiene razón de ser el ejercicio de la opinión pública, tan básico para el desarrollo de este tipo de gobierno. Y nos vamos a un entorno eminentemente rural y disperso, como pueda ser Andalucía, con el nivel de formación e información más bajo de Europa, si hablamos en términos generales.

¿Qué nos encontramos? Voy a decir lo que yo me encontré:

-La gente es analfabeta funcional. A nivel de calle, no entiende conceptos tan básicos como renta per capita o inflación.

-La gente no quiere saber. La mayoría de los esfuerzos encaminados a subsanar ese desconocimiento son baldíos, los rechazan y, lo que es peor, muchas veces los desprecian.

-La gente tiene un profundo sentimiento de inferioridad. Lo que se viene traduciendo en un resentimiento/envidia hacia quien sí pueda saber algo. Con este sentimiento, el diálogo es muy difícil, por no decir imposible.

-La gente es muy manipulable. Dados los puntos anteriores, puesto que todo está relacionado, quien sepa cómo dirigirse a la población podrá manipularla, pues carece de la capacidad de discernimiento y sentido crítico. Y lo hará apelando a su subconsciente, intentando tocar su fibra sensible, nunca a su razón y a su lógica. Ejemplo: Una persona no quiere tener vecinos moros, y los desprecia profundamente en su día a día, pero habla del pasado glorioso de Al-Andalus y reconoce que “es que esta tierra era de ellos”.

-Medios de comunicación regionales totalmente controlados por el partido de siempre. Esto no tiene más comentario, suele pasar en todas las autonomías donde se ha perpetuado el mismo partido político, aquí con el agravante de que el nivel cultural, y por ende del medio, es más bajo aún.

-Líderes de opinión con una preparación muy mediocre, con más carga emocional que intelectual.

-Una sociedad muy de vivir al día, conformista, adaptándose a los pocos recursos, con poca cultura financiera o empresarial, pero muy dada a vivir de la subvención. Aquí yo añadiría algo tramposa.

-En suma, una clase política que no es sino el fiel reflejo de esta sociedad: poco preparada, populista, paternalista, marrullera…

Realmente no veo por dónde meterle mano. Habría que empezar por la educación, pero es tanto el atraso que el que puede se va de ahí, como pronto fuera del medio rural. Y no creas que se está despoblando la zona… no. En breve veremos cómo adaptar la Sharia al estado moderno; o, lo que es peor, viceversa.

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En España no tiene ningún sentido hablar de Estado Federal. Se puede unir sólo lo que alguna vez estuvo separado, como en EEUU. En España lo que hace falta es más unidad, más centralización y menos gasto superfluo, menos duplicidad y menos gasto anti-español.

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Y es que la gente se espera un cambio más basado en la puesta en escena, en el espectáculo y la teatralidad, que merezca el aplauso, algo qué festejar en medio de fuegos artificiales. Quieren que un partido comunista suba a poder a romperlo todo, o un golpe de Estado perpetrado por alguien (no se sabe quien o quienes) que impongan el orden que ellos creen que debería tener la sociedad. Todo despreciando en hecho de que eso resquebrajaría aun más el tejido social. Y no. Construir una sociedad decente requiere tiempo y sobretodo educación. Educación y más educación. Es un cambio a largo plazo, difícil, complejo, en el que no habrá ningún aplauso, ni ninguna botella descorchada.

@Arriero El problema es que lo que tú crees que hace falta, no es lo que parece que quiere la población de este país. No he visto ningún movimiento político con representación parlamentaria apuntando en centralizar aún más la administración pública. La tendencia parece ser toda la contraria, ceder competencias a las CCAA. Es que ni si quera el PP, que es el más centralista de todos, quiere deshacerse de las Diputaciones. La leche.

La impresión que me da, es que si cada CCAA es responsable de recaudar y administrar sus recursos, se acaba esa excusa tan manida de “es que el modelo de financiación es injusto con nosotros” de la que todos tiran cuando les viene bien para justificar su incompetencia administrativa. Los votantes podríamos discernir si este administra bien o mal, ya que habrían menos variables a considerar, podríamos elegir mejor a nuestros gobernantes.

Gran parte de los recursos los gestiona la Administración Autonómica, aunque no todas con la misma eficacia. Hablamos de un agujero gigante con los ERE o los cursos de formación en Andalucía. Esa es la gestión: emplear fondos públicos para seguir manteniendo una macroestructura clientelar a base de funcionariado y empresas públicas que deben casi el aire que respiran a su gobernante. Al lado de ese desfalco, Gurtel es un chiste, pero a ver qué resuena más.[quote=“Chistobben, post:9, topic:13069”]
Los votantes podríamos discernir si este administra bien o mal, ya que habrían menos variables a considerar, podríamos elegir mejor a nuestros gobernantes.
[/quote]

Para poder discernir hay que estar informado y tener sentido crítico (da capo), así cada uno puede votar con criterio, pero hablamos de unos medios de comunicación secuestrados y tendenciosos al servicio del gobernante. No hay opinión pública sana. Nadie va a discernir nada, van a seguir pensando que cualquier cosa mientras no ganen los señoritos.

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El papel del Estado en este siglo y en cualquier otro es muy simple:

  1. Garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. No solo defenderlos de posibles invasiones extranjeras, sino sobre todo de la delincuencia y agresiones de otros ciudadanos.

  2. Garantizar el orden público y la higiene. Que las calles estén impecables, que haya un orden en la vía pública, que las ciudades se mantengan limpias y ordenadas.

  3. Garantizar el acceso a los servicios públicos. Que la electricidad, el agua, el teléfono, y las carreteras lleguen a todos los rincones habitados del país.

  4. Proteger a los más desfavorecidos de manera razonable. Ninguna familia española debe pasar hambre. Hay que garantizar que todo el mundo tenga qué comer y un lugar en donde dormir.

  5. Intentar alcanzar la independencia total. Que en el país se produzca todo lo que el país necesita para así minimizar la dependencia de países extranjeros. Impulsar la industria nacional para conseguirlo.

  6. Proteger el medio ambiente NACIONAL para que las futuras generaciones tengan recursos naturales.

  7. Vigilar y controlar los medios de comunicación para que la información sea información y no propaganda.

  8. Vigilar y controlar las escuelas y las universidades para evitar el adoctrinamiento de los niños en ninguna ideología.

  9. Fomentar el espíritu de unidad, hermandad, y proyección futura del pueblo español para que todo el mundo trabaje unido por un futuro mejor, en lo práctico.

Esto es lo básico. Si lo hace un partido político que llegó al poder por medio de elecciones, un Rey que nació con el título, o un dictador que dio un golpe de Estado da exactamente igual. La forma en la que un buen líder llega al poder es irrelevante.

Todo lo demás son cuentos de camino.

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Coincido con el OP en lineas generales (y pongo el libro en mi lista de pendientes).

Yo creo que los estados gigantescos nunca han sido mejores. Quizas solo en epocas donde el comercio exterior se hacia dificil (pues un estado grande tiene todo lo que necesita dentro). EEUU es una excepcion debido a su naturaleza federal, donde lo que hubo durante mucho tiempo era una union blanda de estados medianos (que competian en impuestos y leyes a la Baja para atraer personas y capital). Aunque eso ya esta cada vez desapareciendo con el crecimiento brutal del poder central (veremos si Trump revierte esta tendencia).

Tener estados pequeños realmente independientes (que se pueden unir de manera federalista o imperial para su defensa) tiene muchas ventajas, como demostro Europa durante el renacimiento:

  • ningun estado es suficientemente grande para monopolizar la moneda de comercio global, y por lo tanto hay que usar una moneda descentralizada que no se pueda manipular y en la que todos confien. Aqui el patron oro fue clave. No solo no habia inflacion, si no que en muchos casos habia deflacion (precios bajaban) Y ADEMAS crecimiento economico.

  • los estados estan forzados a comerciar, aunque no quieran. Incluso si un estado decidiera elegir un gobierno comunista y autarquico, cerrarse al comercio era basicamente un suicidio pues todos necesitaban de los bienes y materias primas de todos.

  • unifica la lengua. Al contrario de lo que piensan los contrarios al federalismo, iriamos a un sistema mas uniforme pues tendriamos que hablar con mas gente para sobrevivir (comerciar, negocios, erc). Los esfuerzos nacionalistas locales de forzar una lengua minoritaria serian meros ejercicios culturales que la gente no tomaria en serio a la hora de la verdad, que es lo que cuenta. La gente aprenderia la lengua mas util.

  • al quedarse la mayoria de los impuestos en un sitio muy local (Quizas la excepcion seria defensa), cada mini-estado tendria menos recursos para corromperse y seria mas facil de fiscalizar por el pueblo. Seria mas facil detectar el abuso, pues en un sitio donde todos se conocen nadie podria, por ejemplo, votar despues de muerto, y otros abusos que una burocracia mas grande tiene mas dificil de controlar.

  • los megaproyectos de infraestructuras se harian solo cuando fueran necesarios y de abajo a arriba. Es decir, el dinero lo tienen que poner los mini-estados en comun (quizas con parte capital privado), y no como ahora que el dinero viene del estado central y las regiones sieempre quieren gastar para “desarrollar nuestra comunidad y dar trabajo aqui” (y de Paso llenar algun bolsillo que otro)

  • el derecho de autodeterminacion existiria, y los mini-estados podrian separarse de uniones o reinos federales para unirse a otros (como en la edad media cuando un condado cambiaba de Rey)

Esto amigos no es tan raro y en efecto asi ha sido europa durante siglos. Una de las razones Quizas por las que europa se desarrollo antes y Quizas la razon por la que el capitalismo surgiera aqui y no en imperios milenarios como el chino o las civilizaciones precolonbinas en america.

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@TrumanCipote no sabia que eras tan jacobino.

¿Jacobino? Si siempre me ha gustado más la monarquía absoluta como sistema político.

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Oh, no te preocupes. La gente aprende lo que le interesa o necesita para sobrevivir. Corta todas las ayudas de cuajo y veras que rapido aprenden de todo lo que haya que aprender. Habra un periodo de lloriqueo y protesta, pero las aguas volveran a su cauce.

No te dejes manipular por el victimismo, no seas condescendiente (que hay mucho listo que se hace el tonto)

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Papel?? pero no estamos en la era digital?? que poco ecologistas…

No hay ningún partido político de masas que defienda eso porque en España toda la política es falsa, podrida, fruto de la traición y la mentira. Lo raro sería encontrar decencia, por supuesto. En España todo es socialdemocracia.

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Considerar Liechtenstein un Estado es algo que roza la ciencia ficción.

¿Podrías profundizar en tu argumentación? Para ti, ¿a partir de cuántos kilómetros cuadrados de territorio y cuántos ciudadanos se puede considerar a un Estado un Estado de verdad?

Por otro lado, si como tú pareces plantear, los ciudadanos de Liechtenstein no viven sujetos a un Estado, ¿eso es positivo o negativo para ellos?

No creo que sea necesario explicar que dónde hay sostenibilidad económica es porque no existe un Estado. Tampoco veo lógico bombardear el hilo por un mal ejemplo.