El precio a pagar de la Transición española


#1

Para comenzar diré que todo lo que aquí me decido a exponer no es una crítica gratuita a la figura de Adolfo Suárez, uno de los únicos Presidentes de Gobierno de España que apenas se ha llevado palos entre otras cosas porque vivimos en un desmemoriado país y porque su administración durante los años en los que estuvo al frente resultaron estar tan llenos de novedosas y desconocidas situaciones que su pueblo antes tendría que haberle dedicado tiempo necesario para conocerlas en profundidad, y eso señores en una España dividida por dos colores y por el revanchismo de la primera generación de hijos que se sentían perdedores de una guerra en la que jamás lucharon, era pedirle peras al olmo.

Adolfo Suárez fue el encargado de entablar una nueva vía de comunicación entre todas las fuerzas políticas y sociales con la intención de instaurar un régimen democrático y aceptado por la amplía mayoría de españoles. Y así fue. Imagino que la tensión de aquellos momentos necesitada más de mano izquierda que de entrar a matar y es cierto que al menos se consiguió que personas que ideológicamente nada tuviesen que ver se sentasen para llegar a un acuerdo después de cuarenta años de dictadura. El resultado es el actual, para lo bueno y para lo malo.

LA LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA (PCE)

Era el momento de desarrollar una nación fuerte, protegida y potencialmente poderosa, pensando en las puertas de entrada de lo que era Europa. Otros sin embargo, incapaces de dar su brazo a torcer, de renegociar su situación a pesar de ser reconocidos criminales de guerra, se sintieron con el apoyo moral para exigir cuando lo primero que tendrían que haber hecho era callarse.

Recordemos que ninguno de los bandos de aquella España resultó ser democrático. No olvidemos este punto jamás. Hubo una Guerra Civil y reconozco el plausible mérito de que cada bando pelease por lo que ellos considerasen la mejor opción para su nación. Una vez finalizada la Guerra Civil, una vez terminada la dictadura, movidos por unos ideales, por unos apoyos en el exterior y sobre todo por seguir manteniendo unos privilegios diarios, los comunistas y republicanos, padres e hijos, afrontaron el injusto modelo de presionar la legalización del PCE (Partido Comunista de España) cuya ideología jamás podría ser llevada a cabo sino fuese bajo el yugo dictatorial y la doctrina de Stalin. Es decir, se inició un nuevo proceso democrático pasando por alto el hecho de que pretendían forma parte de él un grupúsculo fuerte y resultón de fuerzas totalmente antidemocráticas. Es como poner al lobo a cuidar las ovejas.

Bajo mi punto de vista ningún Estado democrático debería permitir la legalización de un partido político cuyos ideales llevan implícito una dictadura, bajo la cual se han asesinado doscientos millones de personas, al igual que resulta entendible que bajo ninguna democracia existiese un partido nazi. El PCE fue el primer cubo de mierda que tuvo que tragarse la Transición porque no haberlo hecho hubiese supuesto posiblemente otra Guerra Civil. Podrían haberse reconvertido como hizo Alianza Popular, podrían haberse alejado de la hoz y el martillo o podrían haber abandonado la lectura de los discursos stalinistas, pero no. Al parecer el exilio de algunos le aportó la moralidad suficiente como para seguir creyendo que el paseillo era una buena forma de implantar unas ideas.

LOS SINDICATOS

El artículo 7 de la Constitución Española reza lo siguiente: “Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”

Esto vino a desarrollar el chiringuito de una masa social comunista que pretendía vivir del ruido y el cuento. Con esto no quiero decir que los sindicatos sean una opción eliminable, ni mucho menos. Algunos de ellos, pocos, han peleado realmente por la consecución de unos derechos laborables, pero aun así, la protección del trabajador durante la dictadura ante el único y representativo Sindicato Vertical era muchísimo mayor que la que tenemos en la actualidad con una ristra de sindicatos a elegir como si fueran chorizos. Si los sindicatos de por sí solamente tienen que mirar por el bien del trabajador, por el cumplimiento de sus convenios y por la escrupulosidad de sus derechos, ¿qué necesidad existente es la que hay para que haya tantísimos sindicatos representativos que se estén comiendo una partida de los Presupuestos Generales del Estado?.

No vamos a obviar la función de chivatos del régimen que tenía el Sindicato Vertical, pero bajo su orden y mando no se conocen casos por despidos improcedentes, puesto que la organización utilizaba todos sus recursos legales para pelear contra el empresario. Durante la Transición el modelo sindical se prostituyó al mejor postor. Muchas de las barrigas agradecidas de hoy supieron ver en su momento que su futuro no estaba en política, sino en aquellos despachos que movían bastante más dinero que un partido político y a su vez disfrutaban en una enorme medida del poco control social y fiscalización de sus ciudadanos. Fue un grave error llevar a cabo este nuevo modelo cuando debieron abogar por un sindicato único, limpio y democrático. Eso le hubiese dado mayor fuerza al obrero y hubiese eliminado las numerosas duplicidades inventadas para que en vez de vivir uno bien, vivan dos, a costa del trabajo y el esfuerzo de todos.

LA SEPARACIÓN DE PODERES

Para mí la principal señal de una democracia sana viene marcada por su separación de poderes. En resumidas cuentas una democracia es justa cuando el Fiscal General del Estado puede encontrarse totalmente en contra de las decisiones del Presidente de Gobierno y a su vez parte de su Parlamento también resulta encontrarse abiertamente en contra de las decisiones del propio Jefe del Ejecutivo, incluso cuando ese Jefe del Ejecutivo sea el Presidente de su propio partido. Esto en España ni ocurre ni ocurrirá jamás por diversas cuestión que trataremos.

Nuestro sistema no es presidencialista, por lo tanto votamos a los diputamos y senadores para que dichas cámaras se llenen de representados y ellos mismos voten a su propio secretario general del partido. Hasta aquí todo bien. La formación del Poder Legislativo y del Ejecutivo por sí parece digno de una democracia modernizada. Por ahora no vamos a entrar a evaluar las Comunidades Autónomas, la Ley D’Hont o el sin sentido jurídico que supone la existencia del Senado.

El problema ocurre cuando presentamos la formación al Poder Judicial. El ciudadano no vota a los jueces ni a los tribunales, por lo tanto, ¿de quién depende la formación de este poder? Para no aburrir con el tema vamos a comentar la formación únicamente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional.

Con este pequeño esquema en un vistazo os podéis hacer una idea de lo que ocurre cuando alguien tiene mayoría absoluta en el momento de la renovación de las mayores instancias del Poder Judicial. No obstante, también sois conocedores de lo que ocurre en España justo en la posición contraria, cuando gobernar en minoría resulta estar a los once vicios de las representaciones minoritarias más extremistas puesto que la breve historia democrática de España carece por completo de un pensamiento de Estado. El descrédito a ojos de los que hemos gastado tiempo en entender el engranaje del sistema es inefable.

Es una vergüenza. Los tres poderes juegan al corro de la patata cogiditos de las manos mientras el juez Garzón es capaz de sacar un libro hablando de la independencia de la justicia unos años después de ser cabeza de cartel en un mitín del PSOE.

EN CONCLUSIÓN

¿Por qué ocurre todo esto? Entre otras cosas porque así se ha querido desde un principio educar nuestro sistema democrático. Situémonos en el año 1978. La mayoría de la población laboral había nacido durante una dictadura y a pesar de haber sufrido las penurias de todas las posguerra habían entrado en la segunda etapa de socialización disfrutando de una estabilidad laboral. Durante aquellas décadas a pesar de ser pluriempleados lo normal era que alguien se terminase jubilando en el mismo oficio en el cual comenzó o su propia empresa le permitiese la promoción interna creciendo dentro de su propia pirámide. Era la primera generación que comenzó a vivir mejor que sus padres.

Por otro lado la Universidad, posible fuente del desarrollo, estaba más preocupada en correr delante de los grises que en formar a sus alumnos. Digamos que la formación en Derecho Consitucional no era de lo que más se comentase en los pasillos de las facultades de Derecho, entre otras cosas porque España llevaba cuarenta años viviendo bajo una dictadura que nunca necesitó de tanta parafernalia para mantener el buen hacer con un Código Penal envidiable.

Todo esto llevó a que nuestra actual Constitución Española posea parte de unos cimientos en mal estado, a sabiendas, sobre los cuales los más listos y aprovechados de la clase supieron ver una oportunidad magnífica para vivir a costa de todos aquellos que iban a ir a votarla en masa. Fue un mal mayor, puesto que la situación posterior que se consiguió era mucho más positiva que una dictadura de cuarenta años que demasiado duró y nos empezaba a alejar de un nuevo mercado común.

Era muy difícil prever, más aun con la vorágine de optimismo e ignorancia que se respiraba por las calles ayudando como no de fondo la banda sonora de algún cantautor/a afín al régimen anterior que una vez habiendo visto el percal que se avecinaba no tardó mucho en cambiar la naftalina por el puño y la rosa.

Este sumatorio de oportunidades y oportunismos terminaría asomando la cabeza décadas más tarde, cuando a día de hoy podemos echar la mirada atrás y comprobar atónitos como de aquellos polvos vivimos estos lodos.

Como bien dijo Victor Manuel:
“Otros vendrán que el camino más limpio hallarán, deben seguir por la senda que aquél nos marcó. No han de ocultar hacia el hombre que trajo esta paz, su admiración, y por favor, pido, siga esta paz.”


#2

Una tema muy interesante, para pensar un poquito en el porqué de lo que tenemos hoy. Una cosa si quiero añadir y va en relación a la legalización del PCE. Pienso igual, no entiendo la legalización de ningún partido de ideología dictatorial en ninguna democracia, pero lo que siempre me ha llamado la atención de todo es como el comunismo ha ganado la gran guerra de la moralidad. Hasta personas que considero hombres sensatos y cultivados me llegaron decir que no se podían hacer comparaciones entre nazismo y comunismo, que no tenían nada que ver. Yo siempre les afirmaba que tenían razón, que el comunismo ha sido y sigue siendo una barbarie muchísimo peor. Ninguno de ellos piensan como yo.

No sé de dónde viene el marketing del comunismo pero es digno de estudio. Como seis millones de judios han podido hacer más ruido que cientos de millones de asesinados. La culpa del puto lobby judio de Hollywood que solamente comunica las tragedias de un pasado que les interesa.

España necesita una reforma de base pero la pena es que todos los que quieren aplicarla no van por el camino por dónde tú indicas, están más interesados en imponer una nueva república y otra modernizada revolución cantonal.


#3

Amén hermano. En España los intereses por reformar la Constitución pasan por los que has mencionado. Nadie se queja de la formación del Poder Judicial ni les importa la costosa representación múltiple de sindicatos acomodados. Es más tampoco a muchos les molesta que existan diversas asociaciones de jueces para hacer interpretaciones partidistas de la ley. Mientras una mitad se pelea por la Ley de Media Memoria Histérica los demás no saben ni de qué cojones están hablando.


#4

Como dijo aquel: ‘No es una transición es una ruptura’ …
Mucho tiempo después y algunos años encima comprendí la realidad de ambos términos.
Lo que hoy es absolutamente innegable es que no puedes construir un Estado en función a interés partidistas además de ser algo poco democrático.


#5

Me fascina ver CUÁN alargada es la sombra de Antonio García Trevijano. Es como la de Michael Jackson en el pop actual. Una cosa así.


#6

A algo así me refería pero sin insultar :joy:


#7

#8

Se dice que la Constitución Española se redactó en un bar. Yo creo que eso explicaría muchas cosas.


#9

No en el que yo frecuento


#10

En España no hay Constitución, hay una carta otorgada. No se puede llamar Constitución a aquéllo que no establece la Separación de Poderes.


#11

Es una buena base para todo lo que he desarrollado antes. Desconocía dicho artículo en concreto, pero se podría decir que nos gobierna una especie de mentira que mejoró lo que venían viviendo nuestros antepasados pero que aun así nos queda mucho que mejorar para tener una separación de poderes en condiciones. Tenemos una especie de broma de buen gusto, sobre todo si eres uno de los beneficiados por el chiringuito.


#13

No sé si catalogarlo como broma de buen gusto. Hay una corrupción bestial porque BÁSICAMENTE el sistema de partidos es corrupto. La ausencia de la división de poderes es una de las claves de la mierda que tenemos ahora. Os dejo con las palabras del gran sabio:


#14

La Transición tuvo de admirable que se pasó de una dictadura a una democracia sin derramamiento de sangre; y que la Constitución fue apoyada masivamente por el Pueblo.
En el “debe” yo pondría:

  1. El desbarajuste autonómico: ¿quién pedía pasar de un Estado centralizado pero dictatorial a otro descentralizado y democrático? Los ciudadanos, no. Se hizo para contentar a los separatistas que, como estamos sufriendo ahora, son insaciables y a quienes no les valen las medias tintas. ¿Quién gestiona qué? ¿Quién paga los servicios que los ciudadanos reciben? ¿Qué hacer si hay desigualdades entre territorios?

  2. Pasar de los sindicatos verticales franquistas a CC.OO. y a UGT.

  3. Mantener a estos mismos sindicatos y a la patronal como “mantenidos” del Estado.

  4. El excesivo peso de los partidos políticos en la vida civil. Partidos cuyo funcionamiento interno no es democrático y que se han convertido en máquinas de acaparar Poder.

  5. La Ley Electoral, que concede a los partidos separatistas un peso y una importancia desmesurados, condicionando la política de una Nación en la que no creen y que quieren destruir.

  6. La nefasta Ley Orgánica del Poder Judicial, que es un ataque frontal a la separación de poderes. “Montesquieu ha muerto” berreó Alfonso Guerra cuando fue aprobada.

  7. No someter a la Monarquía a un control exhaustivo por parte del Parlamento.

En fin, que la innegable herencia franquista y la legalización del PCE (que hasta la apariciónde Podemos fue como aplicarle la eutanasia a la formación de la hoz y del martillo) me parece lo de menos comparado con los siete puntos de arriba.


#15

Lo de blanquear el comunismo no es algo exclusivamente español:


#16

No me extraña, como lo menciones una vez más lo vamos a vetar en Tabloide tambien.


#17

¿Por qué razón?


#18

Porque no hay post en el que no lo menciones. Me parece un coñazo de tio y no se ni quien es.


#19

Sólo lo menciono en los posts de política porque me parece fundamental para entender ciertos aspectos del pensamiento político en general. Es el Filósofo Político más importante no ya de España sino del mundo. Lo menciono por eso.


#20

Increíble, de diez el esquema de la formación del CGPJ y el TC. Es pasmoso, sabía que la separación de poderes era inexistente pero tal aberración no tiene nombre, es decir que con mayoría absoluta eres el rey de TODO.


#21

La exposición de este hilo, aunque parcialmente cierta está plagada de errores y especialmente de confusión de términos y de conceptos.

En primer lugar la transición (en la que aún seguimos y que fue realmente una transacción) no tuvo absolutamente nada de modelica. Salvo que un pacto entre traidores pueda considerarse como modelo para alguien.

En segundo lugar se habla de separación de los poderes sin saber el autor del post la definición o fundamentos de ese concepto. La independencia judicial es un asunto tangencial pero no esencial en la separación de los poderes. La separación de los poderes es básicamente la separación desde su origen (el “demos”) de los poderes legislativo y ejecutivo; es decir, la separación del poder de la nación (que legisla) y del Estado (que gobierna y hace cumplir las leyes que los representantes de la nación hacen)

En España no ha existido jamás en toda su historia separación de poderes, únicamente una división administrativa de funciones del Estado. Con Franco también la había y la hay igualmente hoy. Pero son poderes no separados, sino un único poder (el del Estado de partidos) que se divide en distintas funciones nombradas desde un mismo poder. Los jefes de los partidos, que son quienes eligen al legislativo (los diputados), eligen también, mediante cuotas y de forma proporcional a los jueces de los tribunales superiores; pero no solo eso, desde la dictadura de Primo de Rivera, existe un Ministerio de Justicia que sirve específicamente para que el ejecutivo controle a todos los jueces del cuerpo jurídico del Estado.

Por otro lado hablar de “Estado democrático” ya encierra una enorme ignorancia, puesto que el Estado, que principalmente está compuesto (en más de un 80%) por la administración, no es, ni puede ser jamás “democrático” (y cualquiera que conozca el funcionamiento de las administraciones de cualquier país del mundo lo sabe perfectamente). Hablar de “Estado democrático” es el mismo absurdo que hablar de un ejército “democrático” o de una empresa “democrática”; un imposible metafísico y un absurdo, algo sencillamente falso.

La democracia es una forma de gobierno, no una cualidad de las cosas y mucho menos del Estado. El Estado es un poder y, cuando la forma de gobierno es la democracia, ese poder está controlado por otro poder igual y opuesto, su enemigo mortal y permanente, que es el poder de la nación, el poder legislativo, el poder de hacer las leyes. Esto en España no se explica en las “hunibersidades”, ni se comprende, porque en España la democracia jamás ha sido la forma de gobierno. La forma de gobierno en España es la partidocracia o Estado de partidos. Y por lo tanto en España quienes tienen el poder no son los gobernados (que no son más que súbditos o vasallos) sino los jefes de los partidos estatales, es decir, una oligarquía de jefes de partidos.