El promotor de la imaginación


#1

El abuelo no era excesivamente partidario del uso de las tecnologías para entretener a los niños. El que esto lea y ya lo haya entendido, no necesita más explicación. Y el que lo haya leído y no lo haya comprendido, tampoco la necesita; porque si no lo ha entendido ya, aunque se le explique, no lo va a entender.
El asunto es que por razones que no vienen al caso, del niño de poco menos de cuatro años se tuvo que ocupar su abuelo después de comer.
Con sus padres, estaba acostumbrado a ver dibujos animados en la TV, como recurso para permanecer acostado, en espera de que le venciera el sueño y durmiese la siesta.
Con el abuelo, no.
El abuelo era pragmático y partidario de hacer lo que se debe: a la hora de la siesta, dormir. Y para ello, procurar las condiciones ambientales propicias: penumbra, silencio, ausencia de distracciones y de estímulos que en vez de adormecer, exciten la vigilia…
Llevó al nieto a su camita y el nieto no quería estar en ella sin TV, acostumbrado a los dibujos animados, como estaba.
El abuelo se acostó en su propia cama, llamó a su nieto y le dijo que se acostara a su lado como hacía tiempo que no hacían. Le prometió que si permanecía quieto, le contaría un cuento.
¡No, tres! Le dijo el nieto, astutamente - con la finalidad de prolongar el tiempo en vigilia y retrasar la llegada del sueño -
Bueno. Dijo el abuelo. Pero si estás quieto y callado.
Y comenzó a contar el cuento de Hansel y Gretel, que como no lo recordaba demasiado bien, tuvo que ir improvisando.
Para hacerle más largo, personalizó el cuento e introdujo como protagonistas a un niño que se llamaba como el nieto y a una niña con el nombre de una de sus primitas.
Creó una fantasía en base a realidades:un día de descanso en la casa de campo de un abuelo, la hora de la siesta un día de verano, todos dormidos menos los dos niños, la cancela de la verja abierta por un descuido, los niños que se escapan a correr una aventura, un largo y solitario camino, una pradera, un bosque, un claro en el bosque y en medio del claro del bosque ¡una casita de chocolate! (paredes de turrón, tejas de caramelo, piscina llena de natillas, etc, etc, etc)
¡Ah! Pero… ¡¡La bruja!! Todo muy bonito y apetecible, pero que esconde un peligro.
La bruja come niños. Los pilla, los enjaula y enciende la barbacoa para asarlos. Pero no tiene todos los condimentos y se va a comprarlos al super.
Llega su abuelo, los saca de la jaula, esperan a la bruja, el abuelo la captura, la ata y la quema en el fuego que ella había preparado para asar a los niños.

El abuelo había estado hablando en susurros. Le había dicho al nieto antes de empezar el cuento, que cada uno mirase hacia un lado, con las espaldas pegadas.
Acaba el cuento y escucha el silencio. Se gira a observar a su nieto y le encuentra sentado en cuclillas en la cama, mirándole. Callado.

Cuando ve que su abuelo le mira a los ojos le dice: para mi cumpleaños (le falta un mes para cumplir cuatro) me voy a pedir un mapa que tenga todas las casitas de chocolate.
El abuelo dice que bien. Pero ahora a dormir. Y sigue la lucha.
¡Cuéntame otro!
No.
¡Cuéntame otro! (Poniéndosele al abuelo encima del pecho y abrazándole por el cuello)
¡A tu cama!
No.
Si. A tu cama. Y te callas y te estás quieto.
No me bajes la persiana
Si. No del todo. No a oscuras. Pero en penumbra.
¡Quédate a mi lado, sentado en mi cama, allí. (A sus pies)
No. Yo me siento en mi sillón en la habitación de al lado y vigilo tu sueño.
Quiero pis. (Primera prueba de que estoy alerta)
Bueno, levántate y hazlo.
Al rato: Quiero caca. (Segunda comprobación)
Bueno, levántate y ve a hacerlo.
¡He acabado!
¿Que quieres? ¿Que te limpie?
Si.
Bueno, venga. Ya. Ahora vístete.
No, tu.
Bueno, vale y ahora a la cama. (Se tumba) ¿Te tapo?
Si. Abraza a su peluche, se cobija entre la almohada y el edredón y se duerme.

Y el abuelo al ordenador, a velar su sueño.
El abuelo piensa en el deseo del nieto para su cumpleaños. No quiere un nuevo juguete, ni un dulce especial, ni chocolatinas, ni huevo Kinder.
¡Quiere un mapa!
¿Que se le habrá pasado por la cabeza?
¿Querrá saber donde hay casitas de chocolate para buscarlas y comerlas?
¿Querrá saber dónde están para esquivarlas?
Pero, entonces… o no ha entendido el mensaje de no correr aventuras, de no escaparse de casa, de que lo que aparenta ser bueno puede esconder algo malo…
¿O sí? ¿Lo ha entendido todo, sabe que puede haber peligros escondidos, pero a pesar de ello, si se presenta la ocasión se va a ir a correr una aventura?
¿Y por eso necesita un mapa con los sitios peligrosos?
¿Quien promueve la imaginación? ¿El abuelo al niño? ¿El niño al abuelo?