El sueño interrumpido


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El sueño interrumpido

Hacía solamente hora y media que me había acostado. Era una fría noche de febrero y no debía estar demasiado bien tapado por la ropa de la cama, ya que el cuerpo indujo al cerebro a soñar que tenía frio.
Soñaba. Estaba soñando que me encontraba en el cuerpo de guardia haciendo guardia de noche con mis compañeras.
Que una de ellas, la mas veterana, con un aspecto similar al de la monja Lucía Carán, se desenvolvía por la dependencia organizando la cocinilla, revisando las provisiones depositadas por los colegas dentro de unos armarios, el congelador y el frigorífico; dando instrucciones a troche y moche, indagando a quien pertenecían e indicándoles que debían hacer con ellas si se encontraban presentes. Y si no, tomando ella las decisiones que creía oportunas.
La guardia era tranquila. No había incidencias y nada hacía barruntar que podría haberlas, así que estábamos todos los presentes relajados (menos la mas veterana). Se habían establecido los turnos y algunos nos habíamos acostado en los catres que se encontraban en alcobas sin puertas alrededor de la sala de estar.
En el catre contiguo al mio, se encontraba la compañera mas joven y guapa. Nos llevábamos bien y estábamos dialogando con voz tenue.
Ninguno de los dos teníamos sueño. Nos levantamos para hacernos una infusión en la cocinilla y continuar hablando sentados a la mesa de la sala, invocando con el subconsciente a Morfeo.
Después de un rato, me apeteció fumar un cigarrillo y me desplacé a la terraza, para no molestar con el humo a los presentes. Invité e incité a mi compañera a hacerme compañía y ella, enganchada al hilo de la conversación, me siguió a la terraza.
Allí, en uno de sus extremos, miraba al cielo escudriñando las nubes iluminadas por las luces de la ciudad aquella noche oscura.
Me surgió la vena poética, me puse melancólico y me introduje en el mundo del silencio por un instante. Pensaba. Meditaba. Y callaba.
Fue un instante. O quizás, solo a mi me lo pareció.
Ella me extrajo del silencio preguntándome ¿que piensas? Yo se lo dije:
Pienso que la gente, la gran mayoría, arrastrada por la vorágine de las fiestas, música, bailes, disfraces, comparsas, chirigotas y jaranas; no se para a pensar.
Pienso que hoy (ayer, ya) ha sido el entierro de la sardina de un día martes y trece. Pienso que mañana (ya hoy) es miércoles de ceniza y que en las parroquias, capillas, iglesias y catedrales, se celebra un rito que ahora no voy a entrar en si es netamente católico, lo celebran todos los cristianos u otras religiones, o si es un rito atávico, ancestral o pagano.
Pienso que ese rito nos pone en relación con la tierra, nos integra en la esencia, en la naturaleza de todo lo que materialmente existe. Nos hace iguales a todos, siendo todos diferentes y distintos. Pienso en lo triste que es una noche oscura y pienso en lo bella que es la noche iluminada por la luna llena.
Pienso en las parejas de enamorados que la contemplan abrazados. Pienso que nosotros estamos solos para ello a pesar de que estamos juntos en este sitio.
Ella debió olvidar que solo nos unían lazos profesionales. Que estaba soltera y yo casado. Que tenía veinte y pocos años y yo la triplicaba la edad. Se me aproximó. Se abrazó a mi cintura. Se apretó contra mi.
Yo también me sentí únicamente un ser humano. Sin mas.
Sentí que el frio de la noche, allí a la intemperie en aquella terraza del cuerpo de guardia, me penetraba hasta los huesos. Me desperté con ganas de irme a la cocina, hacerme un café y fumarme un cigarrillo. Y lo hice.