Historia de España que quizás no sabias


las columnas de la Mezquita de Córdoba

Resulta inevitable quedarse embelesado con el bosque de columnas sobre las que se levanta la Mezquita-Catedral de Córdoba. Más allá de la belleza que desprende este laberinto de mármol, jaspe y granito, algunos de estos soportes cuentan con sus propias leyendas, que José Manuel Morales Gajete relata en su libro «Enigmas y misterios de Córdoba».

La más conocida entre los cordobeses es la historia de la columna del cautivo. Cuenta que un joven cristiano que trabajaba en unas huertas se enamoró de una árabe que iba a comprarle flores y frutas. Le pidió que se casara con él y ella le prometió convertirse al cristianismo y acceder a su petición. Sin embargo, la noche que iba a bautizarse, unos soldados la mataron y tiraron su cuerpo al río. Al joven lo capturaron y ataron a una de las columnas de la Mezquita, expuesto a todo el desprecio de la gente.

«Durante su largo cautiverio y a fin de no perder la fe, aquel hombre se dedicó a hacer pacientemente con su uña una cruz en la dura superficie del mármol de la columna en la que estuvo encadenado, la cual a día de hoy todavía puede verse tras una pequeña reja», relata el escritor.

En el siglo XVIII se colocó junto a ella un pequeño retablo con un bajo relieve de un hombre arrodillado, y una inscripción relatabdo la leyenda. «Nuestros abuelos creían que si acercabas un mechero a la cara del cautivo, éste lloraba, y por eso el hombrecillo tiene el rostro prácticamente borrado», cuenta Morales.

A unos pocos pasos hay otra columna que está protegida por una mampara y «al parecer, cuando la gente la rascaba con una moneda desprendía un desagradable olor a azufre, lo cual llamó la atención de los visitantes durante décadas […]. La fantasía popular aseguraba que este soporte fue tallado en lo más profundo del infierno, aunque la explicación real la encontramos en la reacción química que se produce al frotar un objeto metálico con ácido sulfídrico», recoge el libro.

De otras columnas, prosigue Morales, se contaba que tenían propiedades curativas, lo que motivó que más de uno arrancase trozos y se los llevasen a sus casas para superar enfermedades.

Continuara…

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Hay una leyenda sobre la Catedral de Santiago. Por una de las plazas, creo recordar, a las noche cuando iluminan la catedral se crea una sombra que dice ser Santiago el Matamoros. Poco más puedo decir que apenas la recuerdo, pero ya veis por donde van los tiros.

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Me encantan estas historias

Si preguntamos a cualquier persona nacida en el Campo de Gibraltar por Guzmán el Bueno, las respuestas sobre quién fue serán rápidas y ágiles. Su historia forma parte de la identidad colectiva de la comarca y está fuertemente asociada con la ciudad de Tarifa y su castillo. Las familias y las escuelas son las encargas de transmitir esta historia de generación en generación, manteniéndola viva y recordada. Normalmente se cuenta cuando se va a dar un paseo a Tarifa, si se es de otra ciudad, o incluso cuando se visita el castillo.

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Guzmán el Bueno, obra de Martínez Cubells

Cuenta esa historia, a grandes rasgos, que Guzmán el Bueno, Alonso Pérez de Guzmán, defendía la ciudad de Tarifa del asedio de los musulmanes. Éstos tenían apresado a su hijo, y se presentaron ante las puertas de Tarifa para pedir la rendición de la ciudad. Mostraron al hijo de Guzmán el Bueno y amenazaron con matarlo si no les era devuelta la ciudad, y el propio Alonso Pérez de Guzmán les entregó su cuchillo para que lo mataran con él, porque prefería perder a su hijo que entregar Tarifa.

Como campogibraltareño, esta historia me la sé de memoria desde que soy pequeño, y siempre he tenido curiosidad sobre su veracidad. También he ido incorporando datos a ella con el paso de los años, como que fue el fundador, de la casa nobiliaria de Medina Sidonia, que aún hoy existe. Mi sorpresa ha sido cuando este mes en la revista Historia de National Geographic, en la sección Personaje singular, hablan precisamente de él.

En ese artículo hablan de la vida de Alonso Pérez de Guzmán (1256-1309) y de cómo se gestó su leyenda. Explica las guerras y conflictos sucesorios entre Sancho IV el Bravo y su hermano el infante Don Juan (ambos hijos de Alfonso X, primer rey al que sirvió de Guzmán). También explica los servicios que prestó al emir Abu Yusuf, siendo así un mecenario cristiano al servicio de los musulmanes, que fueron en ayuda del rey Alfonso X por las contiendas que tuvo con su hijo el infante don Sancho (que luego sería rey y al que serviría).

El artículo, escrito por Manuel García Fernández, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla, es esclarecedor sobre la autenticidad de la leyenda, que es cierta, aunque ha sido adornada en diferentes momentos por cronistas y poetas.

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esde este martes, La Graciosa es oficialmente la octava isla habitada de las Canarias. La campaña comenzó en 2013 por iniciativa de los propios vecinos, y ha terminado este martes con éxito en la Comisión General de las Comunidades Autónomas del Senado.

La Graciosa es un paraíso por el que pasan unos 25.000 turistas al año . No parecen muchos, aunque en la isla algunos días ya se habla de saturación si se tiene en cuenta el espacio y los servicios disponibles. He aquí algunos detalles para conocer algo más la octava isla canaria.

A La Graciosa se llega en barco desde el puerto de Órzola, Lanzarote. Un estrecho de apenas un kilómetro (conocido como el Río) separa ambas islas. Esta pequeña esquina canaria, en el archipiélago Chinijo, es uno de los pocos lugares de Europa donde no hay carreteras asfaltadas . La Graciosa, en efecto, nada tiene que ver con el turismo de masas de otras zonas de la costa española. Solo hay dos pueblos, Pedro Barba (zona de veraneo) y Caleta del Sebo , d0nde viven los gracioseros: en total, poco más de 700 habitantes en un territorio total de 29 km cuadrados.

Playa de la Concha, en La Graciosa

Como no hay asfalto, tampoco coches, salvo unos taxi todoterreno para turistas comodones. Para el resto, el medio de transporte mayoritario es la bicicleta con la que llegar, por ejemplo, a la playa de las Conchas , situada en el norte, a cinco kilómetros largos de Caleta del Sebo, la más bella de la isla y una de las más bonitas de España.

A lo largo de la costa septentrional, los senderos son más arenosos y playeros. Al llegar a la zona de Pedro Barba, el terreno se hace más volcánico en el Barranco de los Conejos .

En junio de 1799, este fue el primer suelo no europeo en el que pisó el viajero y científico alemán Alexander von Humboldt , padre de la moderna ciencia geográfica y uno de los naturalistas mas universales. A principio del siglo XIX llegaron unos pescadores que fundaron el pueblo de Casas de Pedro Barba, unas pocas casas bajas con un puerto, a sotavento de la isla. Esos primeros habitantes tenían que hacer «trueques» con los vecinos de Lanzarote para vivir.

La bicicleta es la mejor forma de moverse por La Graciosa

La Isla de La Graciosa forma parte del archipiélago Chinijo, junto con los islotes de Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Oeste y Alegranza. Está al noroeste de Lanzarote , isla de la que ha dependido administrativamente y de la que la separa un brazo de mar conocido como El Río. También se halla relativamente cerca de la costa continental africana. Es l a menos poblada de las ocho islas habitadas. Su economía está basada en la pesca y el turismo.

Fue conquistada en 1402 por el explorador normando Juan de Bethencourt , bajo el vasallaje de Enrique III de Castilla. Su pico más alto es el de Las Agujas, con 266 m.

La isla tiene la condición de espacio protegido dentro del parte del Parque Natural del Archipiélago de Chinijo. Está agregada administrativamente a Lanzarote y forma parte del municipio de Teguise.

Un paraíso para perderse.

Panorámica de La Graciosa, Canarias, desde el Mirador del Río (Lanzarote) - EFE/ Javier Fuentes Figueroa

La octava isla de Canarias

La Comisión General de las Comunidades Autónomas del Senado ha aprobado este martes por unanimidad una moción del PP que reconoce a La Graciosa como la octava isla habitada de Canarias. La moción ha sido impulsada por el Consejo de la Ciudadanía y apoyada unánimemente por las instituciones canarias. También se insta al Parlamento canario y a las Cortes Generales a desarrollar en la reforma del Estatuto de Canarias el compromiso adquirido para que «de esta forma quede clara la existencia de La Graciosa como isla habitada, sin perjuicio de su adscripción administrativa a Lanzarote». Y se insta al Gobierno a modificar la Ley Reguladora de las Bases de Régimen Local para introducir el hecho de que sea una isla habitada como supuesto singular de entidad local menor con personalidad jurídica, como es el caso de La Graciosa. El archipiélago canario está constituido por trece islas y siete de ellas cuentan con administración propia en forma de cabildos, si bien son ocho las islas habitadas.

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¿Alguna de Murcia?

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Reitero que me encantan estas historias

Conocía la historia y además tenía el libro con esa imagen. Has abierto archivos ocultos de mi memoria…:smile:

Joder soy_edu lo mismo nos pones unas amateurs o jovencitas espectaculares como una clase de historia, sigues así tienes mi respeto

Yo cuando empecé a ver que @soy_edu no ponía porno llegue a pensar que alguien la había matado y estaba suplantando su identidad.

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España tiene una historia muy bonita y merece ir siendo recordada

Los amantes de Teruel, separados en vida pero no en la muerte


Las leyendas históricas más curiosas de España
Si hay una [historia de amor] legendaria vinculada a la España de la Edad Media, esa es la de los famosos Amantes de Teruel. Corría el siglo XIII cuando Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura , dos jóvenes enamorados desde la infancia , buscaban el momento oportuno para contraer matrimonio. Al igual que muchas tragedias románticas, ella ocupaba el cargo de rica heredera. Mientras que él apenas poseía dinero en sus bolsillos. Ante una diferencia tan clara en su condición social, la familia de Isabel dio un margen de cinco años al muchacho para conseguir hacer fortuna.

La guerra, su última esperanza

Para cumplir el pacto, don Diego marchó a la guerra. Pues por aquel entonces esta era la única salida a tan complicado problema. Sin embargo, el tiempo pasó sin noticias del enamorado, que se mantenía ocupado logrando su objetivo. Isabel nunca dejó de pensar en él, un sentimiento recíproco por parte del joven de Teruel. Una larga espera que sí terminó por impacientar al padre de la muchacha. Este decidió planificar el enlace de su hija con un hombre de noble casta y poder sin igual : don Pedro de Azagra.

Un regreso inesperado

Poco antes de anunciar el desafortunado casamiento, Juan Diego de Marcilla ya partía rumbo a Teruel con la fortuna amasada. Cuál fue su sorpresa cuando al cruzar a caballo las puertas de la ciudad un lugareño se acercó para informarle del flamante matrimonio de su querida Isabel. Desesperado e incrédulo ante la situación, el joven corrió hasta el hogar de la nueva pareja. Como si de una furia se tratara, entró en los aposentos de la novia y le pidió un beso de amor . Un gesto que ella rechazó por su nuevo estado. Pues sobre todas las cosas, Isabel era una mujer decente.

El terrible destino de los Amantes de Teruel

La muerte de don Diego llevó a Isabel hasta el mismo destino que su amado.

Ante el dolor del despecho, don Diego falleció de amor. Durante el funeral, doña Isabel se acercó al cuerpo de su amado y le cedió el beso que le había negado en vida . En ese preciso instante, la joven cayó también muerta sobre el cuerpo de don Diego. Al conocer la historia de su desafortunado romance, las dos familias decidieron enterrarlos juntos. Para que así pudieran descansar en paz durante toda la eternidad. Como ellos siempre quisieron. Desde entonces, en España se les conoce como los Amantes de Teruel.

En la actualidad

Sepulcro creado por Juan de Ávalos.

Sus restos se encuentran hoy en día en el Mausoleo de los Amantes, anexo a la iglesia de San Pedro de Teruel. Su hermoso sepulcro, hecho a base de alabastro blanco, fue obra del artista Juan de Ávalos. A pesar de la gran afluencia turística que recibe cada año, algunas fuentes aseguran que los cuerpos enterrados no pertenecen a don Diego y doña Isabel. El ADN de ambos individuos data del siglo XV, una época que no corresponde con el relato original. Sin embargo, también es muy probable que las fechas exactas se confundieran con el paso de los años.

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La curiosa historia del hombre pez de Liérganes

Una estatua y una placa recuerdan en este pueblo de Cantabria a Francisco de la Vega Casar, que desapareció nadando y fue pescado cinco años después en Cádiz

«Su proeza atravesando el océano del norte al sur de España, si no fue verdad mereció serlo», reza una placa ubicada junto a la orilla del río Miera en Liérganes (Cantabria) que recuerda la mítica historia de Francisco de la Vega Casar , más conocido como el hombre pez .

Su relato se remonta a mediados del siglo XVII, en la víspera del día de San Juan del año 1674 . En Liérganes vivía un matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar con sus cuatro hijos, el segundo de los cuales se llamaba Francisco. «Era bastante listo, pero abandonaba todas sus ocupaciones para zambullirse en el río, en el cual pasaba horas y horas», relataba el alcalde de Liérganes a Carlos Vieyra de Arreu y éste recogió en 1884 en La Ilustración Española.

«Desesperada la madre, lo encontró un día al tiempo en que, dejando las ropas en la orilla, se disponía a darse uno de los baños que solía. Le llamó, le advirtió que le castigaría duramente si se metía en el agua; y viendo que nada conseguía, lo maldijo diciéndole: " Así te vuelvas pez "», continuaba el alcalde. En la web del Ayuntamiento de Liérganes nada señalan de esta advertencia y cuentan que se fue a nadar con unos amigos al Miera, «se desnudó, entró en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista». Era un excelente nadador y sus amigos no temieron por él hasta unas horas después. A ver que no regresaba acabaron dándole por muerto.

Cinco años después, en 1679 , un ser acuático extraño con apariencia humana se apareció a unos pescadores en la bahía de Cádiz , pero desapareció cuando éstos se acercaron. Así sucedió varios días hasta que finalmente los pescadores le atraparon con las redes, tras arrojarle pedazos de pan. Cuando lo subieron a cubierta, «comprobaron con asombro que era un hombre joven, corpulento, de tez pálida y cabellos rojizo y ralo» cuyas únicas particularidades «eran una cinta de escamas que le descendía de la garganta hasta el estómago, otra que le cubría todo el espinazo, y unas uñas gastadas, como corroídas por el salitre », relatan en el Ayuntamiento de Liérganes.

Le hablaron en varias lenguas, pero nada respondió. El joven fue llevado al convento de San Francisco, donde al cabo de unos días pronunció una palabra: « Liérganes ». Nadie entendía a qué se refería hasta que un cántabro comentó que en su tierra había un pueblo así llamado, algo que confirmó el entonces secretario de la Inquisición,Domingo de la Cantolla. Desde Liérganes les llegaron entonces noticias de la desaparición de Francisco de la Vega cinco años atrás.

El fraile Juan Rosende acompañó a De la Vega a Liérganes en 1680, donde su madre y sus hermanos lo reconocieron de inmediato. Durante dos años vivió con ellos tranquilo, aunque sin mostrar interés por nada y rehuyendo el trato humano. Gaspar Melchor de la Riba Agüero, caballero de Santiago y vecino de Gajano que decía haberle visto muchas veces, relataba cómo « andaba siempre descalzo y lo mismo le daba ir vestido que desnudo. No solicitaba la comida, pero si se la ponían delante o veía comer, comía y bebía mucho de una vez y después, en tres o cuatro días no volvía a comer» y solo decía «tabaco», «pan» y «vino».

«Cuando le vi por primera vez ya no tenía escamas, sólo mucha aspereza en el cutis y las uñas muy gastadas», añadía De la Riba, según recogió la revista « Alrededor del Mundo» del 12 de marzo de 1913. «Este caso fenomenal está tan bien probado que no se puede dudar de él: lo testifican personas de reconocida ilustración y virtud, que lo vieron unos, lo trataron otros, lo examinaron muchos; y entre éstos figuran tres caballeros de mucho honor, testigos de vista, que fueron D. Joseph de la Torre , ministro de la Real Audiencia de Oviedo; D. Pedro de la Torre , penitenciario de la catedral de la misma ciudad, y D. Diego de la Gándara Velarde », añadía esta publicación que señalaba que el hombre pez pasó en Liérganes «de nueve a diez años» y después desapareció definitivamente sin que se volviera a saber de él.

Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764) realizó en su obra «Teatro crítico universal» un « Examen filosófico de un peregrino suceso de estos tiempos» sobre este caso «tan exorbitante del regular orden de las cosas, que no me atrevería a sacarle a la luz en este Teatro, y constituirme fiador de su verdad, a no hallarle testificado por casi todos los moradores de una Provincia , de los cuales muchos, que fueron testigos oculares, y dignos de toda fe, aún viven hoy».

La historia relatada por Feijóo contaba, sin embargo, con algunas diferencias. Francisco de la Vega y Casar había desaparecido en la víspera de San Juan de 1674 en la ría de Bilbao , donde había sido enviado a los quince años por su madre ya viuda para aprender el oficio de carpintero.

«Todo lo que viene referido es la verdad del hecho, según relación de sus hermanos, el Sacerdote Don Tomás, y Juan, que vive; y todo lo que separe de este hecho es falso, como lo es el decir que tenía escamas en el cuerpo, y que este prodigio procedió de una maldición que le echó su madre», añadía según la relación remitida por el marqués de Valbuena, Gaspar Melchor de la Riva Agüero. Don Pedro Dionisio de Rubalcaba, natural de Solares, «que también trató muy de intento a nuestro Nadante», informó de que cuando llegó a Santander tenía escamas, pero luego se le cayeron y que «también algunos equivocarían el cutis áspero de algunas partes de su cuerpo con piel escamosa», según el relato de Feijóo.

Éste aún añadía que tras su desaparición «dicen que poco después le vio en un puerto de Asturias un hombre de la vecindad de Liérganes, pero carece de fundamento».

« Nuevo Mundo» daba cuenta en 1919 de la historia del hombre-pez de Liérganes aportando notas de color, como que decían que fue visto en la costa de Dinamarca por un navío holandés y apareció en el Canal de la Mancha y en el Puerto de Santa María antes de ser apresado en la bahía de Cádiz. La versión más auténtica y documentada, añadía C.R. Salamero en la revista, es la que compuso en 1748 el cura de Liérganes, D. Fernando Antonio del Hoyo Venero, de la cual existe una copia en el Museo Británico. Y eso que en ella el cura narra entre otras hazañas la lucha del hombre pez con un monstruoso congrio.

Gregorio Marañón estudió estos relatos y estimó que Francisco de la Vega no desapareció nadando, sino que probablemente se embarcara en Vizcaya rumbo a Cádiz y que cuando lo encontraron estaría bañándose tal como acostumbraba. Para el doctor Marañón, sería un probable caso de cretinismo. Los cretinos resisten mejor debajo del agua y su piel escamada indicaría una ictiosis , como ya indicó José María Herrán Valdivieso en «El hombre-pez de Liérganes» (Santander, 1877).

«Verdad o leyenda», la «mayor hazaña» del hombre-pez, según la placa que Liérganes colocó junto a su estatua, «es haber traspasado los siglos en la memoria de los hombres».

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un gran tema, me encanta

Curiosidades muy desconocidas

son muy buensa estas historias
nos reflejan los acontecimientos que han hecho crecer esta nación


Dorado, azul turquesa, verde esmeralda, gris, rosado, lila…, así es el lago de Bañolas según el reflejo del sol y la hora del día. Un recorrido fascinante por las fantasías, el pasado y el presente de este rincón mágico de la provincia de Girona.

LAS leyendas siempre han acompañado las mansas aguas del lago de Bañolas. Su mismo origen ya tiene un halo de misterio. El lago se alimenta de los acuíferos procedentes del norte y el oeste, en la zona de la Alta Garrotxa, en el norte de Girona. Desde allí, las aguas se filtran y corren a través de una red subterránea de canales, conocida como el “acuífero confinado”. A continuación, el agua brota hacia el exterior formando una cuenca que fascinó al hombre del Neolítico, que se estableció en uno de los recodos del lago hace más de 7.000 años. Una reproducción de las cabañas de ese pueblo que vivió a orillas del lago y de las cuevas de Serinyà, a un par de kilómetros de Bañolas, se alzan al lado del parque de la Draga. Es el punto de partida ideal para pasear por esta zona. Esas construcciones reproducen una vivienda y un granero de aquella época e invitan a entrar en un mundo que parece muy lejano pero que en realidad no lo es. Es el mundo que nos ha precedido y que, tal como me contaba Eudald Carbonell, buen conocedor de este paraje, no es tan distinto del que nos ha tocado vivir. Decía el arqueólogo sobre los habitantes neolíticos de Bañolas: “Tan solo la tecnología nos separa de ellos”. Carbonell sostiene que el motor de sus vidas entre estos sauces llorones era el mismo que el nuestro: “Buscar la paz y la tranquilidad propia y la del clan”. Sin embargo, el entorno de hace miles de años era distinto al que nos ofrece el paseo bucólico y apacible que nos recibe ahora. Y la atmósfera a orillas del río era propicia al misterio, a ocultar secretos, por ejemplo, donde se podían pescar los preciados triops, un crustáceo prehistórico, cuyo rastro se pierde en el tiempo. Este misterio que envuelven las enigmáticas aguas del lago es aún mayor cuando recorres su perímetro y te encuentras con unos parajes que son el marco adecuado para que vuele la imaginación.

Es sorprendente la facilidad con la que el lago cambia el color de sus aguas. Al alba reflejan los destellos dorados del sol. Por la mañana se vuelve azul turquesa, verde esmeralda o gris claro. De lejos le da un toque tornasolado que ensombrece alguna de las zonas más profundas, donde abundan las algas. Todo depende si brilla el sol o si sopla el viento. Si esto ocurre, sobre todo al atardecer, el agua coge tonos rosados y lilas. Si llueve, el lago se escapa de sus límites, las aguas inundan los caminos y la niebla se desliza por la superficie del agua hasta conferirle un aire abrupto, tenebroso y misterioso. No es extraño que la tradición situara aquí la morada de un temible dragón. Lo que dio origen al Hoyo del Dragón o el Clot del Drac. Una historia que hunde sus raíces en un pasado un tanto pantanoso, cuando el agua del lago inundaba el paraje de la Draga y se canalizaba a través de una grieta en una roca. A partir de esta hendidura, el agua bajaba como en un embudo y producía tal ruido que parecía que un monstruo se estuviera tragando a una persona. Este hecho, según cuenta Àngel Vergés, historiador local, hace suponer que los hombres del Neolítico que vivían cerca de las aguas del lago empezaran a explicar historias fantásticas de esta grieta. Descubrieron el lago y aprovecharon las posibilidades que sus aguas les ofrecían. Hoy en día la mejor manera de descubrir y conocer a fondo el lago de Bañolas es internarse en sus rincones naturales, que nos ofrecerán una visión del estanque distinta a cada paso. Me contaron que en el fondo del lago se encontraba sumergido un palacio de cristal habitado, según cuentan, por las alojas, las mujeres de agua. Unas criaturas que son una adaptación local de las ninfas como representaciones de las fuerzas femeninas de la naturaleza. Mujeres que suben a la superficie y que seducen con sus cánticos a aquellos hombres que se atreven a pasear cerca del lago. Dicen que quedan cautivados por sus dulces melodías y, cuando se aproximan al agua, se ven atrapados por un abrazo mortal que se los lleva aguas adentro hacia su palacio. Por tanto, cuidado con acercarse demasiado al lago no vaya a ser que nos sorprenda una aloja. Sin luna llena no hay que preocuparse. Solo cuando se dé esta circunstancia salen y debemos andar con cautela y los ojos bien abiertos. Pero los sentidos también es recomendable tenerlos aguzados para recorrer los siete kilómetros del lago. Y hacerlo despacio. Lo recomendable es hacer paradas para disfrutar de todos y cada uno de los espacios.

Si partimos del parque de la Draga, donde se permite el pícnic, recorreremos la orilla del lago y, conforme avancemos, el paisaje y la vegetación van a ir cambiando. Pasaremos por zonas de álamos y chopos, cañizales y sauces, cruzaremos bosques de robles y encinas, observaremos las pesqueras, unas construcciones muy originales de las que solo quedan 20. Estas pequeñas instalaciones servían a mediados del siglo XIX para pescar. Más tarde, aumentaron de tamaño para que en ellas se pudiese guardar una barca, signo de riqueza. Finalmente, hacia 1930, con la práctica del remo y el auge de la burguesía bañolina se ampliaron, e incluso alguna se convirtió en vivienda para alojar a sus propietarios, donde también acudían invitados para bañarse y pescar.

En la primera imagen, unas fochas saltan al lago. En la segunda, un recorrido por el lago.TINO SORIANO

Llegando a la zona dels Estanyols y, poco después, al Brollador de la Riera Castellana, podemos hacer un alto en el camino y tomar algo en cualquiera de los restaurantes que tienen vistas al lago. En la zona dels Desmais, un remanso aún más bucólico si cabe lleno de sauces, cerca de l’Estanyol del Vilar, una laguna preciosa que precede al encuentro de dos fuentes de leyenda, la Font del Ferro y la de la Filosa. Esta última se construyó en homenaje a los versos que el poeta Mossèn Cinto Verdaguer, de veraneo en Bañolas en 1884, escribió y luego incluyó en su célebre poema ‘Canigó’.

“Tota la nit he filat: / vora l’estany de Banyoles, / al cantar del rossinyol, / al refilar de les gojes. / Mon fil era d’or, / d’argent la filosa, / los boscos vehins / m’han pres per l’aurora” (toda la noche he estado hilando / cerca del lago de Bañolas / mientras cantaba el ruiseñor, / al gorjeo de las alojas. / Mi hilo era de oro, de plata la rueca, / los bosques cercanos / me han tomado por la aurora).

Un viaje al lago de Bañolas es pura poesía. Ya lo dijo Aristóteles: “Si la historia explica lo que pasó, la poesía explica lo que debería haber pasado”. Y este es el sentimiento que les acompañará a lo largo del recorrido por este lago de leyenda.

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el barranco de badajoz

Historia

El Barranco de Badajoz fue durante el invierno la residencia, primero del Mencey (Rey) de Güímar Acaimo, y después de su hijo, también Mencey de Güímar, Añaterve el bueno. Según se cree habitaron en la cueva del Cañizo.

Años antes de la conquista un grupo de franciscanos había comenzado a predicar el evangelio por la isla de Tenerife, hecho que facilitó mucho las cosas a los conquistadores. Fue debido a esta evangelización la que impulsó al Mencey Añaterve a hacer un pacto de amistad con el que iba a ser su futuro conquistador, Alfonso Fernández de Lugo (pacto por el cual, según cuenta la leyenda, arrepentido de haber hecho, se suicidaría más tarde el Mencey Añaterve arrojándose desde la denominada Fuga de los Cuatro Reales). Este pacto provocó que muchos guanches llegasen a considerar a su Rey como traidor de su propio pueblo, por lo que muchos de ellos decidieron marchar a ocultarse a las zonas más altas del Valle de Güímar. El Barranco de Badajoz supuso para estos guanches (nativos de Tenerife) un auténtico refugio. Los manantiales que corrían por el Barranco les proveían de agua más que suficiente; La abundante vegetación entre la que se contaban árboles frutales, de alimento; y su abrupta y escarpada geografía, sumado a la abundancia de cuevas, les ofrecía escondite y alojamiento. Hasta bien entrado el siglo XVIII algunos guanches vivieron allí dedicándose principalmente al pastoreo por lo que pasaron de ser conocidos como guanches a ser conocidos como cabreros.

Origen del nombre del Barranco de Badajoz

La isla de Tenerife fue la última de las Islas Canarias en ser conquistada y finalmente incorporada a la corona de Castilla en 1496. Fue al Adelantado Alfonso Fernández de Lugo a quien los Reyes Católicos encomendaron esta empresa.

Una vez terminada la conquista y de acuerdo con la Real Célula de los Reyes Católicos (de 5 de noviembre de 1496 que permite el reparto de tierras, aguas, cuevas y demás bienes conquistados), se conceden datas (documentos de concesión de propiedad que estaban firmados por don Alfonso) a los colaboradores en la conquista de Fernández de Lugo. Es de está manera como en el año 1497 se le concede una data en el Barranco de Chamoco a Juan de Badajoz quien había sido colaborador del Adelantado y además jurado en el repartimiento de datas. A partir de este momento es cuando el Barranco de Chamoco pasa a llamarse Barranco de Badajoz.

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