La historia de otro viudo o el cálculo de probabilidades


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Mientras tanto…
La historia de otro viudo o el cálculo de probabilidades.

Su patrón era el mayor contribuyente de la Provincia y, por ello, Diputado en Cortes. Diputado censitario. Poseía grandes extensiones de terreno y un gran capital. Entre sus posesiones, un palacio con una gran finca. Finca con campos de labor y bosque. Con aparceros de rebaños y de cultivos; conductor de los coches de caballos, calesas y cabriolés; jardinero, mayordomo, cocineras, doncellas y guarda jurado.

El único que vivía todo el año en el palacio, era el guarda jurado. Los aparceros vivían en casas aledañas a las tenadas o almacenes de aperos. Los demás empleados eran itinerantes. El mayordomo tenía a su disposición otra casa-palacio en otra localidad, donde el patrón tenía grandes posesiones.

El guarda jurado vivía en el palacio, pero no en la parte noble del mismo. Su casa formaba parte de la construcción, pero estaba en un lateral de la planta baja con la puerta de acceso por un costado del palacio. Desde la fachada principal no se veía. Estaba comunicada a través de una puerta interior con el resto del palacio, a fin de facilitar el acceso a la esposa del guarda. La guardesa lo era por partida doble: mujer del guarda y ello.

Tenían cuatro hijos. Dos varones y dos hembras. Si la hija mas longeva nació un año después del ahogamiento del hijo del carretero y era la más joven, se puede colegir que sus hermanos habían nacido en la segunda década del siglo. Poco antes o durante la primera guerra mundial.

No es determinante. Pero sí lo es que la gripe “española” que se originó en U.S.A (Fort Riley (Kansas) el 4 de marzo de 1918, es el primer caso conocido) se llevó por delante a la hermana mayor. Quizás por eso nació la otra hermana, que nunca la conoció.
Iban a la escuela al pueblo mas cercano y accesible. Unos dos kilómetros andando.
La niña siempre recordó que cuando nevaba, - que por entonces las nevadas eran memorables – usaba de camino a la escuela, la rodera de una de las ruedas del carro del que un día sería su suegro, que había pasado temprano, después de la nevada.

El hermano mayor era muy inteligente. En realidad, todos. Pero el mayor, destacaba de tal manera en la escuela, que el maestro recomendó a su padre que lo mandara a estudiar fuera “con los frailes, porque era una lástima que se desaprovecharan sus capacidades”. Y su padre, así lo hizo.
Lo peor de todo, que su padre ya no conoció, es que estudiando con los frailes, se hizo fraile. Pero eso es otra historia.

Eran los tiempos de la dictadura de https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Primo_de_Rivera

Cuando la hija del guarda jurado tenía dos años, a su madre se la llevó al cielo un cólico miserere:
https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-40262014000400015

Su padre buscó nueva esposa, con la que tuvo otros tres hijos: dos hembras y un varón. Éste también acabó siendo fraile, aunque por circunstancias muy diferentes. Fue uno de los “niños de la guerra” acogido en Francia:

https://sites.google.com/site/losninosdurantelaguerracivil/los-ninos-en-el-exilio/los-nios-acogidos

Pero eso es otra historia. Sigamos con el guarda jurado. Acabó la Dictadura, se proclamó la República. Al patrón no pareció afectarle ninguno de los dos regímenes políticos. Ni al patrón, ni a sus empleados o sirvientes.
Corrían los monótonos días rutinarios.
La revolución de Asturias https://historiageneral.com/2015/10/28/la-revolucion-de-asturias-de-1934/
y los acontecimientos en Barcelona
https://laverdadofende.blog/2015/10/19/revolucion-en-1934-la-realidad-de-la-represion-pio-moa/
quedaban muy lejos. No les repercutían ni afectaban en lo más mínimo. Al menos a los sirvientes.

Ni la reforma del primer bienio, ni la contrarreforma del 2º bienio
http://www.historiasiglo20.org/HE/13a-2.htm
le afectaron sustancialmente.

No llegó a conocer el efecto que produjo en los jornaleros <<la Ley para la Reforma de la Reforma Agraria, que fue aprobada el 1 de agosto de 1935, y que supuso la congelación definitiva de la reforma iniciada en el primer bienio.​ Asimismo, las organizaciones socialistas de jornaleros quedaron completamente desmanteladas, los jurados mixtos en el campo dejaron de funcionar y más de 2000 ayuntamientos socialistas y republicanos de izquierda fueron sustituidos por comisiones gestoras nombradas por el gobierno. Todo ello se tradujo en un notable deterioro de las condiciones de vida de los jornaleros, que tuvieron que aceptar salarios más bajos si querían tener trabajo>> (https://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_República_Española)

Como complemento de su salario, disponía de vivienda – lo cual es un arma de doble filo: te permite ahorrar el precio de un alquiler, pero te ata al amo y te impide hacerte propietario de tu propia vivienda, para cuando tus fuerzas no te acompañen; si es que alcanzas la edad suficiente para vivir sin prestar tus servicios, y además tienes recursos suficientes para la manutención - y de una parcela de terreno de uso privativo , donde cultivaba un huerto.
Pero no tenía seguro de vida ni de enfermedad. Eso no lo pagaba el amo, ni él se lo hubiese podido costear con el escuálido salario que percibía. Igual que no se podía permitir ahorrar para su vejez si se lo hubiese planteado.

El dueño pagaba los gastos de médico, farmacia y hospital si se daba el caso de necesitarlos. Parir, se paría en casa. El médico te atendía en tu casa. Acudir al hospital era un hecho excepcional, un caso de extrema gravedad.

El dueño, lo era de los bienes inmuebles, de los muebles, del ganado y en aquellas condiciones, prácticamente también de los asalariados.
Las mulas que tenía a su disposición el guarda jurado, para arar la huerta, estaban bastante envejecidas y “deslucían” el conjunto de la finca. Opinaba el amo. O quizás porque tuvo el capricho de adquirir la mejor pareja de bueyes de la feria “porque se lo podía permitir”, el amo vendió las mulas y le “regaló” la pareja de bueyes.

Allá por el veranillo del membrillo, cuando se prepara la tierra para las siembras de otoño; el guarda jurado aparejó los bueyes, los unió con el ubio, enganchó el arado y se dispuso a labrar la tierra.

Era la hora de la siesta. Nada mas comer, había comenzado con la faena. Sus hijos se habían ido a la escuela. Esperaba hacer todo lo que pudiera hasta casi metida la noche, hasta que apenas se viese. Los bueyes, a su paso parsimonioso, pero con mucha fuerza, arrastraban el arado aunque él lo hundiese profundo en la tierra.
Comenzó a oscurecer antes de lo previsto. Se comenzó a cerner la tormenta. Allá por el horizonte, por donde el sol se mete, comenzaba a avanzar el nublado.
El aire olía ya como huele cuando la atmósfera se carga de electricidad y las primeras hojas y tallos secos de arbustos y cardos los arremolina el viento.
“A ver si se aguanta el chaparrón. La tormenta no va a descargar hasta que se pare el aire” “A ver si a mis hijos les da tiempo de llegar a casa antes de que llueva”
La hija vio descargar el rayo cuando salía de la escuela. Lo vio hacia el palacio. No estaba segura de si había sido un rayo o un relámpago, pero lo vio. Hacía el palacio. Comenzaba a llover. Se dio prisa en llegar a casa.
Cuando llegó con las demás niñas sus hermanos que iban delante, no estaban en la casa. Ni su madre. Los llamó. La llamaron. Era por la huerta, por donde se oían las voces. Fue hacia allí.
Y allí vio a sus hermanos y su madre, llevando en brazos a su padre. Y vio los dos bueyes tumbados en la tierra. Uno, cerca del arado, al final del último surco abierto hasta el punto en que se encontraban cuando descargó el rayo. El otro buey a unos cincuenta metros.
Acudieron los vecinos. Aparejaron una mula, la engancharon al carro y trasladaron al guarda jurado al hospital. Quince kilómetros a paso de mula.

El rayo no lo mató. Estuvo tres días hospitalizado y le dieron el alta.

Dicen los que dominan el cálculo de probabilidades que es tan difícil que te toque la lotería como que te alcance un rayo. Y las dos cosas pueden ocurrir. Aunque mi opinión es que es más difícil lo de la lotería. Porque para que te toque, tienes que poner de tu parte, comprando una participación. Para que te toque un rayo, no se precisa de tu colaboración.

Murió a los quince días. El certificado de defunción rezaba “muerte natural”.

El amo tenía que poner un nuevo guarda jurado. Buscó un nuevo trabajo para la viuda y colegios donde las niñas mas pequeñas y el hermano menor estuviesen internos. Otro hermano se quedó con los frailes, al otro lo adoptó una tía.
La hermana más mayor tenía doce años. A ella se la quedó en casa “para ayudar en las tareas”.


Pollo agridulce con arroz tres delicias
#2

¿Original tuyo?

Muy, muy bueno.


#3

¡Muchas gracias, colega caballero de Tab.!