La historia verídica de Julio Alharbona


#1

NOTA AL INICIO:

NUNCA SUPE CÓMO TITULARLA PERO LAS VECES QUE TE LA ESCUCHÉ ATENTAMENTE SIEMPRE EMPEZASTE DICIENDO LO MISMO: “ESTA HISTORIA ES VERÍDICA…”

GRACIAS JULIO POR CONTÁRMELA Y PERMITIRME COMPARTIRLA.

Hola a todos, me llamo Julio Alharbona. Soy español, de Murcia, concretamente de Ricote, un pueblo que poco tiene que ver con la costa y que cada vez que quería mojarme los pies en agua salada me tenía que comer unos buenos tramos de carretera. Me crié escuchando rock español. Todo aquello que sonase reivindicativo o llevase una estrella comunista me lo terminaba grabando en una cinta. Llevaba una buena melena y me pasaba las horas del recreo hablando con cuatro colegas sobre el porqué del capitalismo, la globalización, la OTAN, las bases militares de USA en España, la burguesía y todos esos arcaísmos que leía en cualquier libreto de Reincidentes, Boikot y demás. De hecho una vez llegamos a manifestarnos siete amigos a la salida del instituto con una pancarta que decía YANKIS GO HOME! Fue tremendo, nos preguntaban que si dábamos algo gratis. Quisimos cortar una calle atándonos a un semáforo con unas cuerdas que enganchó uno de mis amigos a su padre. Éste, tenía un terreno con una pequeña granja y en la planta de arriba utilizaba unas poleas para guardar la comida de los animales. Poleas que no pudo utilizar por la falta de la cuerda, la misma con la que fustigó a Juanchi cuando vio que la estaba utilizando para atarnos a un semáforo. La manifestación se cortó pronto, ni fuerzas del orden ni nada. Todos para casa y en silencio.

A pesar de aquella experiencia nadie nos logró tapar las convicciones. No había fuerza más poderosa que la de unos cuantos colegas pasándose lo último de Disidencia, MCD, Barricada o Kortatu. Todo iba de perlas hasta que a mis diecinueve años falleció mi tía Julia, la hermana mayor de mi padre. Ella se casó con un andaluz, concretamente con un gaditano. Él era militar. Coincidieron en la Base de San Javier, en Murcia y el padre de Julia, mi abuelo, era el transportista que llevaba todos los lunes los productos lácteos a la base. Un día cualquiera tuvo que echarle una mano su hija y al firmar el albarán allí estaba él, Servando, con tres tallas más de pantalón y un pellizco en el cinturón bastante ridículo, pero con un ingenio inhumano para solventar esas situaciones, lo que le hizo enamorarse de él. Una cosa llevó a la otra y se terminaron casando.

El caso es que Servando trabajaba en la cocina, su oficio era el de carnicero, aunque pasaba más tiempo entre los huevos y la leche, ya que aunque habiendo conseguido su ansiado traslado a la carnicería lo denegó, porque quería seguir viendo todas las semanas a la hija del repartidor, a pesar de que ya se veían fuera del trabajo. Una tarde libre, Servando se dejó parte del pie flotando en el agua de las playas de Murcia. Tuvo un accidente con las hélices de un motor y perdió los dedos del pie izquierdo justos como para que le diesen una paga y lo inhabilitasen para las funciones militares. Agarró el petate, agarró a mi tía y se fueron a su pueblito gaditano, a Rota. Todo fue lo suficientemente rápido como para que mi abuelo no lo asimilase. A los nueve meses nació mi prima, María, guapa como ella sola, como dicen por esas tierras.

A lo que iba. El caso es que mi tía Julia falleció y ellos allí no sólo vivían de la paga de minusvalía de Servando. Julia era incapaz de estar un día sin hacer nada y nada más llegar a Rota la cabeza empezó a darle vueltas y vueltas para buscar la manera de sentirse digna con el mundo y con su propia familia. Montaron una pizzería, algo que por aquel entonces no se llevaba demasiado. Era una modernez, pero Servando, tras haberse pegado sus años entre bases militares coincidiendo con más de un italiano llegó a conocer el arte de esa odisea. La apuesta era arriesgada y se colocaron como no, por nostalgia y por estrategia comercial, cerca de la Base Naval de los Americanos. Ahora mi tía ya no está, mi prima está estudiando veterinaria fuera de la ciudad y mi tío Servando no puede llevar el negocio solo, así que el teléfono sonó y allí que me fui yo. Mi tío contrató a un negrito con mucha gracia que se plantó en la ciudad para hacer la pruebas para el Cádiz CF, pero se partió un tobillo subiéndose a la parte de atrás de un autobús para viajar gratis y se truncó su sueño de jugar en Europa. Así que allí estamos, Fali el negrito, que no viene de Rafael, mi tío Servando y yo.

El negocio es simple cuando le coges el truco. Haces la masa, ingredientes al gusto y horno de leña. Tocas campanita, gritas nombre y el cliente se levanta. De hecho otra pizzería se nos plantó demasiado cerca, nos quitó algo de clientela durante algunas semanas, pero volvieron los de siempre reconociendo que la mano de Servando es única. Lo bueno es que los negocios crecen y hay otras familias que pueden vivir en condiciones. Así llevo ya cinco años, dándoles de comer en su mayoría a militares españoles y americanos, entre otros países. Viéndoles entrar y salir después de servicios eternos, trabajando duro y cobrando bastante menos yo, habiendo estudiado bastante más que yo. Ellos vienen, trabajan, salen de su jornada y me piden una buena pizza que yo les hago con cariño. No dan ninguna guerra -nunca mejor dicho- no molestan, no se marchan sin pagar. Los fines de semana nos quedábamos hasta tarde y comparto alguno de esos momentos sobre las dos de la madrugada con algún rezagado tomando cervezas, ya que como él mismo me dice, en mi casa no me espera nadie, mis hijos están a miles de kilómetros y a mí me quedan cuatro meses más aquí.

Nuestros únicos problemas han sido los que existían desde el primer día que yo llegué a Rota. Nos han intentado atracar marroquíes, gitanos rumanos, algún que otro gaditano conocido de la zona, incluso un portugués que terminaron deteniéndolo en la frontera con Huelva, pero en su mayoría, si juntamos las pizzas sin pagar, los altercados, robar mobiliario, amedrentar a la clientela o incluso follar en los aseos del local, hablaríamos de inmigrantes ilegales. Pero no inmigrantes ilegales como Fali, que se deja el lomo haciendo masas y se lava las manos medio de millón de veces al día, no. Sino inmigrantes ilegales que vienen por y para delinquir, conociendo perfectamente la legislación española. Formados en sus países de origen, en Senegal, El Salvador, Sierra Leona, Marruecos, Mauritania o Nigeria. Ellos mismos tienen una supuesta Asociación de Refugiados a cinco minutos de la pizzería. Hay que pasar por delante cuando vas a la plaza a por algo que te falta. Están en la puerta tranquilamente, vendiendo hachís, insultando a las mujeres que van camino a la playa, exigiendo dinero por aparcar coches, trapicheando lo que horas antes han podido robar y mirándote por encima del hombro. Como dicen, “Yo aquí refugiado. Yo aquí protegido”.

Ahora me acuerdo de mis diecisiete años, mis pancartas, mis discos de Reincidentes, las letras a América Latina, la protección para el supuesto desamparado, el 0,7%, el capitalismo, el reparto de riquezas… ahora me acuerdo de las bases militares, de aquel YANKIS GO HOME!, de como observo todos los días a cientos de nobles señores que trabajan como animales y siempre tienen una sonrisa para pedirme una Coca-Cola. Americanos, españoles, franceses, italianos, porque ahora aquí hay de todo con las escuelas de formación. Y salgo del trabajo y cojo mi coche ya pagado, voy a mi casa a medio pagar, enciendo mi tele y me siento en mi sofá, me abro una maravilla de cerveza importada de USA que me regala siempre el Sargento O’Donnel y pienso: “Joder, los latigazos que se llevó Juanchi nos lo tendría que haber dado su padre a todos”.


#2

Buen relato, ejemplo de un socialista que al llegar a la madurez dejo esa ideología de porqueria atrás y ahora entiende el mundo de manera correcta.

Está demostrado que muchos izquierdosos jóvenes cuando se empiezan a ganar la vida por su propia cuenta dejan de apoyar los impuestos altos que apoyaban años atrás… porque ahora ellos son los que pagan por eso.


#3

Un Señor el padre de Juanchi…


#4

De aquellos años solo le quedaba un pequeño tatuaje de esos chiquititos que parecen de presos que ponía “JSA”, de Juventudes Socialistas Andaluzas. Lo que más le jodía de vérselo es que encima se lo hizo en Murcia dejándose engañar por un sindicalista de Almería que le contaba mierdas. Cuando empezó a pisar a diario las playas de Cádiz el sol marinero le curtió la piel tanto que terminó siendo un borrón ilegible. Una gran metáfora.


#5

Genial relato, corto pero lleno de colorido y detalles curiosos. El tal Fali debe ser una de esas personas con las que da gusto currar.

Como bien decís por aquí, hincar el lomo para subsistir cura de idealismo progre al más flower-power.


El OTRORA libro de frases míticas en Tabloide reconvertido en chat de tetas
#6

El comunismo florece en las manos ociosas. Como el diablo.


#7

Gran relato. He visto esa transformación en innumerables amigos y conocidos. Incluso en mi mismo a cierto nivel. No hay nada como trabajar para entender lo que cuesta el dinero, no hay nada como tener responsabilidades para que se te quiten las tonterias infantiles.

Lo problematico es aquellos que siguen con eso pasados los 30. Una de dos, o viven de eso, o se niegan a cambiar de parecer despues de haber “invertido” tanto capital emocional en “la causa”.


#8

Me alegro que sean muchos los que abran los ojos y los oídos. La Izquierda, o lo que se pone en práctica hoy día, es un timo peligrosísimo que puede acabar con una familia, con un negocio, con una ciudad (= Marsella) o con un país entero (= Cuba o Venezuela).


#9

Un ejemplo práctico de aquella cita célebre que decía algo así: “Quien con quince años no es comunista no tiene corazón. Quien lo sigue siendo a los treinta no tiene cabeza.”


#10

Gran historia,conmovedora y a su vez esperanzadora por comprobar que una persona a quien en un momento de su vida,mentalmente manipulado por tonterías gili-progresistas,es capaz de odiar a los militares,acaba admirandolos cuando tiene la oportunidad de conocerlos verdaderamente
Bajo mi punto de vista,uno de los motivos de la enorme pérdida de valores y educación que está sufriendo nuestra juventud es la supresión del servicio militar… Por que 18 o 12 o 9 meses de permanencia en el ejército te acaba dejando un poso de respeto,disciplina y educación para el resto de tu vida


#11

La mili tendría que volver. Muchos jóvenes valorarían lo que tienen en sus casas y cómo viven bajo la protección de sus padres. Simplemente ya por eso saldría rentable, si además encima le aportas valores positivos está claro que estás sacando adelante una generación más preparada.


#12

No tendria que volver… Es que no tendría que haber desaparecido… Mi historia personal (disculpa que te desvirtue el hilo) fue significativa,entre con verdadero odio por que significó un parón en mi trabajo y en mi dinero con lo que mi percepción fue que me habían robado la libertad…
Nueve meses después acabe llorando de pena por separarme de compañeros (alguno todavía sigue siendo amigo) y de alegría por haber tenido el honor de ser parte de algo de lo que todos deberíamos estar muy orgullosos… El ejército Español


#13

Tu opinión para nada desvirtúa el hilo, todo lo contrario, lo único que hace es enriquecerlo desde tu más profunda sinceridad y tus vivencias, algo que no cualquiera está dispuesto a compartir. Para mí dar con personas que piensan como tú aunque sea por un foro como Tabloide me hace no perder demasiado la ilusión en las nuevas generaciones. Algunos sentimos amor por nuestra tierra y nuestras raíces y queremos lo mejor para el futuro de nuestros hijos y leerte ayuda a cultivar ese espíritu.


#14

Sin duda, perder el Servico Militar Obligatorio ha sido una de las peores cosas que hemos vivido en los últimos años.

No sólo entramos niños y salimos hombres si no que hay mucho de esta vida que no se aprende visitando vídeos de YouTube o de Erasmus. Se aprende pasando frío, valorando el orden y aprendiendo lo que significa el respeto.

No puedo estar más en tu línea.

:misdies:


#15

Qué gran verdad.


#16

Esa cita célebre hay que desmentirla siempre que alguien la dice, porque parte de la premisa falsa de que ser comunista es algo idealista, altruista y moralmente bueno.

La realidad es que el comunismo es una ideología nociva, basada en la opresión y la coerción de la persona.

Decir que los comunistas tienen “corazón” es insultar a sus millones y millones de víctimas.


#17

Pero es que la izquierda no es solo comunismo. La izquierda es la idea, bastante antigua por otro lado, de que es necesario repartir y garantizar un mínimo de riqueza a todos los miembros de la sociedad sin importar los torpes o flojos que sean, simplemente por que son miembros de nuestra comunidad.


#18

Bueno, cuando se es comunista a los 15 años en realidad es idealismo adolescente y hacerte el guay. Ningun comunista de 15 años se ha leido el manifiesto comunista ni el capital de c. Marx. Es un comunismo de concierto, porros y camisetas del Che.


#19

No hay nada de malo en que repartas tu riqueza con quien te parezca mejor. Lo inmoral es obligar a otros a repartir su riqueza aunque no quieran. Y eso es lo que pretenden los de izquierdas. No quieren repartir su riqueza, quieren la riqueza de los demás…


#20

La mili marcaba la transición de niño a hombre. Ahora la adolescencia dura hasta después de la universidad y entran al mercado laboral o su novia se queda preñada (y no siempre). Hemos creado una generación de gente horrible. Estoy de acuerdo, que vuelva la mili. Además, ese año está siempre lleno de grandes anécdotas a poco que te lo montaras bien.