La humanización del perro, la animalización del hombre


#1

Una de las señales clarividentes del Marxismo Cultural es el surgimiento de cualquier idea que menoscabe la composición de la familia tradicional, ya sean fomentar la visibilidad de las relaciones homosexuales, casarse con uno mismo, vientres de alquiler, poligamia, relaciones abiertas o como vamos a tratar hoy, las mascotas como figuras equitativamente humanas.

Para cualquiera es sabido que la domesticación del perro se inició para aportar al hogar dos conceptos tan necesarios como primitivos: vigilancia y seguridad. La evolución de esta situación ha sido llevaba al máximo exponente superlativo de la ridiculez. La humanización de los animales es la animalización de los hombres.

Me gustan los perros, que conste. Con ellos me pasa lo mismo que con las personas, disfruto tratándolos cuando están bien educadas. Además, me veo en la necesidad de decirlo, porque de cualquier otra manera se podrían malinterpretar mis palabras como una cruzada personal, un odio que para nada profeso.

Vivimos en una sociedad sumergida en un compendio de valores negativos, donde el egoísmo o el narcicismo son disfrazados de independencia, felicidad o solvencia, donde hemos pasado de mirar extrañados a una mujer soltera con treinta y cinco años a menospreciar a cualquiera que desee formar una familia al uso. La incapacidad de muchos por conseguir sus objetivos ha acabado por minar la escala de valores que sustentaba la mayoría española y europea. La inoperancia por no conseguir sentirte parte de ese todo mayoritario ha terminado bombardeando los moldes para que termines viendo bien que un perro puede ser el sustitutivo de un hijo.

Esto me lleva a reflexionar a menudo como donde unos pretenden ver amor incondicional hacia los animales yo veo la imposibilidad de adaptarte a otros humanos durante el tiempo suficiente como para terminar formando un grupo primario. En ningún momento vengo a lapidar cualquier tipo de relación emotiva con la naturaleza, ni mucho menos, entiendo y además comparto el sentimiento afectiva por los animales, más todavía por todos aquellos nobles acompañantes que darían la vida por nosotros sin dudarlo.

El problema reside en esta nueva tendencia de los nuevos paladines animalistas, centrándonos en los perros sobre todo, cuando se vanaglorian de ser los principales inquisidores de los demás humanos. Los mismos que dicen abiertamente preferir la muerte de un hombre antes que la de un perro al uso, no del suyo, sino uno cualquiera. Este paradigma contemporáneo está tan enraizado que la equidistancia entre el trato humano y el trato animal ya no posee ninguna diferencia. Las propias cuentas de Twitter de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado amplían su influencia a mayor distancia cada vez que publican una gloriosa intervención salvaguardando la integridad de algún perro, mucho más que si le salvasen la vida a tu vecino en un incendio.

El perro como sustitutivo de la paternidad es la mayor y a la vez más seria ridiculez de nuestros tiempos. Este nuevo panorama sólo llevará al crecimiento más si cabe de una sociedad enferma, egoísta, egocéntrica y enamorada de sí misma, donde algunos se creen padres ya por sacar al perro tres veces al día. Mientras, en cualquier otra cultura alejada de la cristiandad los hijos vienen de cinco en cinco y no existe animalista alguno que intente explicarle a un imán el enriquecimiento cultural y el bagaje vital que te puede aportar dejar de engendrar para empezar a adoptar perros desprotegidos. Es un problema nuestro, de nuestra cultura, de nuestra sociedad, de nuestra escala intoxicada de valores.

Lo más curioso es el argumentario: son mejores que las personas -y ojo que no lo dudo, porque hay personas para tirarlas a un volcán- siempre están ahí, son el mejor amigo del hombre, salvan vidas, dan mucho cariño y mucha compañía, cuando estoy triste se da cuenta y se pone a mi lado, etc. Recibir, recibir y recibir. Todo es recibir, como quien se compra una Thermomix y no para de decirte lo bien que le salen las lentejas.

Creo que todos nos han preguntado alguna vez: “De ser un animal, ¿cuál te gustaría ser?”. No conozco a nadie que te diga el perro. El águila, el delfín, el león. Nadie quiere ser el perro, con lo bueno que es, que siempre está ahí, que salva vidas, que da un cariño tremendo, que es el mejor amigo del hombre, que es inteligente a más no poder, que parece que te está escuchando y te entiende. Nadie. Cuanto más lo elevan al paraíso supremo, menos se encuentra entre sus posibilidades.

Ser el perro llevaría implícito una relación jerarquizada donde el amo manda y recibe bastante más de lo que podrá aportarte. Sencillamente aman a sus mascotas por encima de las personas porque no es necesario, entre otras cosas, respetarlas, porque no hay que convencerlos de nada, porque no te critican, porque no rechistan, porque si quieres no tienes que acordarte de ellos, porque eres tú quien siempre va a dominar la situación, porque no protestan, porque verdaderamente no existe una relación de tú a tú, por muchos pelos que haya en tu sofá o por las veces que se meta en la cama contigo, pero sobre todo porque nunca implicará ceder. He aquí la única y auténtica razón de la dicotomía, amor perruno y odio humano.

El Congreso apoya por unanimidad considerar a los animales seres vivos y no cosas

Puede parecer un pensamiento absurdo pero esta fuerte influencia ha llevado no sólo a modificar el Código Penal, algo altamente necesario para proteger a todos los animales de los más descerebrados, sino además de replantear civilmente la consideración de animales como seres vivos. Esto puede parecer algo de perogrullo, pero no estamos planteándonos conceptos biológicos, sino la eliminación por completo de su antiguo término legal, el de semovientes, que a su vez y por lo general llevaba implícito el hecho de ser un bien atribuido al comercio. Pensemos que fuera de los animales callejeros, los perros y las mascotas en general son un gran negocio.

Esta aprobación dotaría a las mascotas de una condición de seres con sensibilidad reconocida. Aquí es donde quiero pararme y jugar a la predicción. La verificación civil de la emotividad en los animales terminará, no demasiado tarde, por reconducir su sistema legal de sacrificio, ya que pretenderán que terminemos considerándolo, por ejemplo tras el ataque a un hombre, como una sentencia de pena de muerte, por lo que tendría que pasar al menos un tribunal médico con una defensa justa, más si algunos se ponen graciosos, un tribunal perruno.

Llegados a este punto es donde quiero indicar que nos queda muy poco para conocer la pena de privación de libertad para estos animales. Su reconocimiento jurídico como ser vivo les terminará llevando incluso a la posibilidad de ser calificados como asesinos si por desgracia terminasen llevándose a bocados a un niño que por allí pasase. Como seres vivos que serán y bajo la tendencia que trabajamos no estaría mal empezar a prepararse oposiciones a Instituciones Penitenciarias Perrunas.


Os Presento a mi perrete ( Poned fotos de vuestras mascotas!)
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#3

¿Nunca has pensado en un futuro con razas de animales inteligentes a lo Dragon Ball Z?

Yo a veces he pensado que la inteligencia al final terminará floreciendo en los cerebros de ciertas razas animales, que sólo es cuestión de tiempo. En nosotros floreció antes, pero es posible que en algunos años más interactuando durante generaciones con otras razas, como perros, gatos, monos, caballos o vacas, éstos terminen por entendernos cada vez más, hasta terminar desarrollando tareas puramente humanas.

A lo mejor este es el comienzo de todo eso.

…i’m broken.


#4

Cuando pienso en el futuro de lo social entre animales y humanos siempre se me viene esta imagen a la cabeza.


#5

:jajaja:

“Yo os declaro marido y vaca”. Ese episodio es la leche. Los Simpsons siempre han sido grandes vaticinadores del futuro, ahí lo dejo.


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Yo me pensaba que estas tendencias eran de paises tercermundistas como el mio, donde hacen festivales y piden donaciones para perros enfermos y no atienden a los niños en situación de calle… El mundo del revés.


#7

Europa es esto. Atentado terrorista en Francia. Uno más de tantos. ¿Por qué llama tanto la atención? ¿Qué tiene de diferente? Ahora ha muerto un perro.


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#9

Algunos incluso se pasan de frenada


#10

No sé qué es exactamente humanizar a un animal como tampoco sé qué es tratar como perro a una persona. Son cosas que sencillamente yo no he experimentado. He leído el hilo y puedo imaginarlo en cualquier caso.

No confío en ninguna persona que no sepa hacerse responsable de un animal o que les haga algún tipo de daño. En igualdad de condiciones, prefiero acercarme a personas con animales antes que a las que no los tienen.

Tengo una perra. Se llama Scully. Estoy muy lejos de mi familia y amigos y ella es la razón por la que siempre tengo prisa por volver a mi casa y la que consigue que sea HOGAR. Su comportamiento es excelente y salvo excepciones humanas, es la mejor compañía que puedo tener. Ni que decir tiene que ni es sustituto de mis personas queridas ni supone ningún tipo de reemplazo. Me hace ser más paciente y menos interesada. Nunca jamás en la vida la trataré como un bebé (y esto lamentablemente sí lo he visto en otras personas y mascotas) pero no exagero cuando confirmo que algunos animales son los mejores amigos… aunque en una situación crítica sea capaz de comérmela yo a ella y ella a mí.

P.D.: Jamás le he puesto ropa, ni collar decorativo, ni ninguna sandez.

EDIT: Sensación visual para explicar mi punto


#11

Si ni lo sabes ni lo has visto eres bastante afortunada. Humanizar a un perro, por ejemplo, es que coma sentado en tu sofá, con su cuenco de comida sobre la mesa y que además pretendas que todo el mundo lo encuentre lógico, porque argumentes que es parte de tu familia y es uno más, en todos y cada uno de los campos en los que pueda serlo.

Humanizar a tu gato es que se pasee por encima de la sartén mientras estás cocinando fajitas y te terminen diciendo que no pasa nada si encuentras un pelo, que lo mismo podrías encontrarlo de una persona.


#12

Los animales comen en el suelo.
A mi perra, a veces le compro un premio en forma de galleta, pero también se lo come en el suelo. Tiene absolutamente prohibido comer comida humana.


#13

A eso me refiero. Eres una persona lógica que demuestra el amor animal como hay que hacerlo, con sentido común y cierto grado de disciplina. De otra manera empiezas metiéndolo en tu cama y de ahí a ponerle calcetines en las pezuñas para que no te arañe mientras te folla a cuatro patas hay sólo un telediario.


#14

No, por favor, no.


#15

Si folla con calcetines hay que sacrificarle… y si es perro, también.


#16

En invierno hace frío. A veces en otoño, cuando aún no ha refrescado del todo, follo con calcetines rotos.


#17

¿Y no pierdes sensibilidad?


#18

Me compensa que también tengo rotos los pijamas.


#19

A mí no me cabe la menor duda, la compañía de humanos no está mal en contadas ocasiones, pero a amigos no hay quien gane a un cánido.

Por cierto, mi lolita os lee con interés…


#20

Yo quiero creer que la ley que se ha aprobado va más hacia la idea de intentar evitar el egoísmo de la gente a la hora de comprar\adoptar mascotas para luego abandonarlas.

Es más, desde mi punto de vista debería existir un censo de mascotas y una responsabilidad propia del dueño hacia ellas por si llega el momento en que sobren en la casa. En ese sentido entiendo que un animal es diferente que un sofá, el cual puedes tirar a la basura y comprarte otro.

Cómo nos lo están vendiendo en la TV, de que un juez dara la custodia, realmente me parece patético y búsqueda del morbo.