Manual de autoayuda para defenderse de la autoayuda


#1

A cada manifestación cultural le llega su sábado. El de la literatura es la autoayuda. En vano buscarás en una librería novelas de Andrés Caicedo o poemas de Marinetti. En cambio la hallarás repleta de manuales que te ofrecen ayuda. Las bibliotecas se han vuelto puestos de socorro o salas de emergencia. La gente ya no necesita sueños, sino auxilio. El desastre es total.

Para la asistencia del género humano han sido concebidas cuantas instituciones, ciencias, religiones e invenciones en el mundo han sido. Se recurre a la autoayuda cuando todas fallan. La humanidad ha sido desertada por la totalidad de los poderes que decían defenderla. Gobiernos, científicos, intelectuales, iglesias y artistas corren a venderse y a venderla al mejor postor. Cada institución que fracasa da lugar a un género de manuales del éxito. Polo opuesto de la literatura revolucionaria, la de autoayuda presupone que todo está bien, salvo quien la lee. Cuando los poderes colapsan, culpabiliza al individuo que no ejerce control sobre nada. Quizá a éste le toque redactar su propio manual de autoayuda.

A tal fin, recorramos las bibliotecas para desechar los que no sirven por anticuados. El Libro de los muertos sólo debería ser vendido a los difuntos. Kempis recomienda La imitación de Cristo, segura manera de acabar crucificado. Baltasar de Castiglioni en El cortesano ofrece consejos para prosperar en las cortes, que ya sólo interesan a las conserjes y a la revista ¡Hola! Benjamín Franklin en el Almanaque del pobre Ricardo predica el ahorro, hoy segura manera de arruinarse por la inflación. Orison Sweet Marden enseña Cómo tener una voluntad de hierro, cuando la moda es poseer una conciencia de goma. El Manual de Urbanidad de Carreño nos ordena practicar buenos modales, cuando lo deseable es que los adopten los demás. Dale Carnigie alecciona sobre Cómo Ganar Amigos e influir sobre las personas, pero el triunfador no tiene amigos y trata a los demás como objetos. Alguien recomienda no preguntar ¿Quién se ha robado mi queso? Quizá deberíamos devorarlo a él. A tal desamparo, tal autoayuda.

Sigamos por las librerías descartando los manuales que nos dejan indefensos ante el mundo real pero nos protegen contra peligros que no existen. En un tomo aprendemos a no colocar la cama en el lugar equivocado: suponemos que encima de uno.
Toda una biblioteca de Feng‐Shui enseña a situar la puerta en la dirección por la cual viene el dinero, pero no a cerrar la ventana por la cual se va. Bibliografías enteras previenen contra los efectos negativos de los iones positivos, o quizás. Cuidado con las vibraciones de los cristales, que sólo pueden ser contrarrestadas con las irradiaciones de los aromas. Cursos de varios niveles nos liberan de los programas o despejan la duda de si somos o no Sampakú, pero necesitan un propedéutico para explicarnos contra qué nos defienden. Mucho peor es La timidez vencida que sólo se atreverá a comprar el tímido cuya dolencia haya desaparecido. La meditación trascendental, Las enseñanzas de San Juan y El oráculo del guerrero ya tocan con la religión, que es otro capítulo. O a lo mejor el mismo.

Escalemos la montaña de tomos que nos anuncian desde el fin de la Historia hasta el de la Política. Están rebajados los infolios que anticipan catástrofes que no ocurrieron. El Secreto de la pirámide anuncia el fin del mundo hacia 1980. Cómo prepararse para la crisis de los noventa lo retrasa para la década inmediata. El Y2K, nos instruye sobre el desplome de la civilización del año 2000. Más caros son los astutos, que amenazan con catástrofes imprecisas para fechas no determinadas: El Apocalipsis, Nostradamus, San Malaquías y el torrente de volúmenes que pretenden descifrarlos. Si todo se acaba, nada puede ayudarnos. Con respecto a la fecha del fin del universo o de nuestra vida lo mejor que podemos hacer es ignorarla.

No hay socorro posible sobre el pasado inmutable, ni sobre el futuro desconocido, pero tampoco sobre el laberinto presente de las relaciones personales. Un volumen afirma Yo estoy OK, tú estás OK, aunque lo más probable es que ambos estemos KO. Si Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, solo pueden comunicarse en platillo volador. Las Mujeres que aman demasiado no son el problema: la dificultad es que uno jamás se las encuentra. No diga sí cuando quiera decir no, necesita corno secuela No diga no cuando quiera decir sí, sobre todo para las damas.

Totalmente inútiles son Cómo pescar a un hombre, pues los hombres caemos mansitos, y Cómo conquistar a las mujeres, ya que nadie conquista a una hija de Eva si a ella no se le antoja. Bastaría juntar ambos libros para unir a sus lectores. Consuelo para tontos es una Revolución de la Inteligencia sin la una ni la otra. Martirio del cuerpo hambriento son los libros que amenazan con La Dieta que Salvará su Vida, mientras atiborran al espíritu inapetente con Sopa de Pollo Para el Alma, Chocolate Caliente Para el Alma y Carbohidratos Para el Alma. Nacidos Para Triunfar no nos sirve de nada si, según su título, el triunfo es cuestión de cuna. Cada relación es única y nadie escarmienta en pellejo ajeno.

Como la lotería, ofrece la autoayuda todo a cambio de nada, y por lo regular da nada a cambio de todo. Nadie que tenga la fórmula de hacer oro va a venderla por centavos. Medios hay para lograr lo que uno quiere sin esfuerzo, pero en general son contrarios a la ley, al buen gusto o los derechos humanos. Todo lo auto es sospechoso, porque revela el fracaso de un vínculo social indispensable: el autodidactismo, la autoestima, la automedicación, la autoayuda, el autismo, el autoerotismo. Su boga anuncia el colapso de la civilización o profetiza el nacimiento de otra, constituida por Robinsons que sobrevivirán solitarios resolviendo por sí mismos su existencia en islas rodeadas de océanos de breviarios de autoayuda.

Luis Britto García
(Tomado de “Últimas Noticias” el 14/07/2002)


#2

Desde que la religión es cosa olvidada por las nuevas generaciones, hay que llenar el espíritu con otra cosa. Y si esa cosa se puede vender, mejor que mejor.


#3

He conocido gente muy mal de la cabeza a los que esos libros en algo los han ayudado, por eso aunque no soy fanático los considero necesarios.


#4

Que he de decirte que no hayas dicho ya.
Soy una enemiga de la Autoayuda. Los manuales, las recetas fáciles, los pasos a seguir sin reflexión son solo el reflejo de una sociedad que ya no cree en los demás y solo en sí misma; aún cuando en el acto se da cuenta que no puede solo y busca el dichoso manual para ayudarse a sí mismo a ser mejor.

La época de la felicidad llegó, no sé cuanto dure o si está para quedarse, pero es lo que hay. Si la gente quiere ser feliz, el marketing se encargará de darle lo que ella cree que necesita para serlo: Cómo ser mejor persona, Cómo influir en los demás, Cómo ser exitoso, Cómo conseguir pareja.

Mencionaste lo de los objetos y me parece que ahí está la realidad de lo que se hace: Vivimos en el utilitarismo. Si una persona no es útil se le desecha, aunque no estoy totalmente en contra de esta afirmación, creo que tenemos que ser necesarios para los otros y para nosotros mismos y no solo actuar con el ego.

Pero, el detalle que veo en la utilidad, es que esta tiene sus parámetros. Hoy, alguien que reconforta tu corazón con un abrazo, es inútil para el sistema de mercados, eres útil en tanto produces materia.

Por ello la gente se vuelca buscando manuales para ser siempre MÁS Y MEJOR en un aspecto útil de su vida. Sin saber si eso en verdad es lo que quiere, sin entender por qué quiere ser útil o si quiera comprender en qué mundo vive, andamos en la inconsciencia cada una peor que la anterior.

No nos fíamos de nada ni de nadie, salvo la ciencia que es el DIOS de la época posmoderna (o moderna, da igual) pero para el ser humano, la ciencia no lo hace inmediatamente mejor y ha de recurrir a algo que sí: la autoayuda. ¿Funciona? No, es un placebo.
¿La gente cree que le sirve? Sí, es un placebo.
¿Dejarán de venderla porque no sirve? No, es lo que más vende.

Me encantó el tema. ¡Saludos!