Opinión y sorpresa sobre la película "Novatos"


#1

No les mentiré. Está hecha para adolescentes con actuaciones dignas de su título. Pero al parecer es pionera en la problemática a tratar: plasma la realidad que se vive en los Colegios Mayores en España. Bajo el formato de hechos reales, denuncia el acoso, humillaciones y vejaciones sufridas por su propio director. La verdad, quedé estupefacto con esta situación: pensaba que el bullying era una cuestión que finalizaba en bachillerato… No. A diferencia del “simple” acoso escolar esto es toda una tradición.

OPINIÓN Y “SPOILERS”.

En primer lugar daré a conocer que soy de Venezuela, por ello este tema de las novatadas, viéndolo de primera mano por la película, me sorprendió en demasía. Esto no ocurre en las universidades venezolanas. No así, tan “ritualizado” o como si fuera una costumbre. Bullying puede haber en cualquier ambiente social, pero acá eso de humillarse o agredirse porque un grupo lo quiera no se da en las universidades, creo que en parte existe ese respeto porque nadie anda pendiente de tales estupideces en un medio donde se están formando profesionales. Además, porque las represalias aquí serían claras: te pueden mandar a matar por muy poco.

Resulta que en España las “novatadas” han formado parte de la cultura universitaria desde hace décadas, y es que hasta los estudiantes tienen sus identidades propiamente construidas y forjadas.

Por un lado están los “novatos”, chicos que en general provienen de otras provincias y viajan a Madrid para comenzar sus estudios superiores. Luego, los “veteranos” estudiantes del 3er año de sus respectivas carreras quienes están completamente agrupados para hacerle la vida imposible a cualquiera de los novatos. Desde cumplir órdenes que les asignen, hasta ser bañados con huevos, harina y vino. Por no mencionar el maltrato al que puedan estar expuestos si llegasen a contradecir las peticiones de los veteranos.

Esta “tradición” está tan instalada en los Colegios Mayores -residencias estudiantiles universitarias- que, según encuestas, son una ínfima minoría las que están en contra o se rehúsan a participar en estas actividades. Sus defensores alegan que es parte de las costumbres universitarias para la iniciación, socialización e integración de novatos y novatas. Porque no se reduce al acoso de los chicos: las respectivas veteranas humillan a las novatas y los veteranos a los novatos, para luego incluso después realizar una “fiesta de novatos” en la que puedan conocerse y hasta relacionarse.

En fin: una autobiografía llevada al cine con una problemática social real conjunto con una historia de amor que deja mucho que desear.

Por último ¿han estado inmersos en esto de las novatadas? ¿las repudian? ¿las apoyan?

Les dejo un trailer.


#2

De mis años en la universidad (hablo de Madrid en los años 90) las únicas novatadas que había eran las de la Tuna que eran más cachondeo y ridículo que otra cosa, por ejemplo llevar a los aspirantes a tuno en calzoncillos con los ojos vendados a sentarse sobre un bloque de hielo y deslizarse escalera abajo mientras todo el mundo (borrachos todos, unos y otros) jaleaba y reía.

Pero se trataba de “humillación” voluntaria: si querías entrar en la tuna lo hacías , y si cambiabas de opinión te ibas y punto.

El verdadero problema era el alcohol (y eso no creo que haya cambiado) y sus consecuencias. Yo me sentí muy atrevido por meterme a follar en un aula vacía y también en el baño de los profesores… hasta que me enteré por un amigo de Industriales que en su facultad se habían colado a hacer sexo hasta en el despacho del rector, y que unn borracho delante de todos se subió al monumento histórico del hall (un emblemático viejo motor de locomotora del siglo XIX) y lo meó todo desde arriba.

Si eso hacíamos en los 90 no quiero pensar ahora :joy:

En cambio, en lo referido al bullying tal y como lo das a entender, creo que dichas prácticas son más usuales en Portugal, con sorprendente aceptación tanto por parte del alumnado como de las autoridades como en esta sonada noticia de 2014.


#3

Las novatadas en algunas instituciones militares son una tradición que, ni los noveles ni los veteranos desean cambiar, además de ser ampliamente aceptadas por los rectores de las instituciones donde acontecen. Son parte de su cultura y forja a gente dura que ha de aprender a buscar su lugar en un entorno duro y difícil. Eso si, sin pasarse ciertos limites.

Sobre este hecho en otro tipo de entornos, no tengo opinión.


#4

A mediados de los 90, pasé cuatro años en un colegio mayor en Madrid, de los que están en la Avenida de Séneca.

El colegio había sido exclusivamente masculino y el año que entré yo fue el primero que admitieron a un grupo pequeño de chicas (20 frente a 180 tíos). Os podéis imaginar las ganas de algunos por destacar y mostrar lo machos que eran ante las nuevas colegialas. Parecía que algunos (sobre todo los que estudiaban ingenierías) no habían visto a una hembra en su vida…

En la carta de admisión al Colegio se indicaba explícitamente que las novatadas estaban prohibidas, pero la dirección hacía claramente la vista gorda. De hecho, buena parte de ellas se llevaban a cabo a la vista de todos, en las áreas comunes, aunque muchas otras se realizaban en las habitaciones o fuera del Colegio.

Recuerdo que nada más llegar al Colegio bajé al comedor a cenar y a conocer gente, con toda la inocencia del mundo, y unos tipos me abordaron y me tuvieron cerca de dos horas haciéndoles de cenicero en la cafetería (en aquellos tiempos aún se fumaba en las cafeterías). Además de no esperármelo, lo que más me sorprendió es que todos los que pasaban por allí asumían que eso era lo que tocaba y no podías esperar compresión o ayuda de nadie.

Las novatadas se justificaban argumentando que eran el único incentivo que tenían los “veteranos” para conocer e interactuar con los “nuevos” (no hablábamos de “novatos” sino de “nuevos”). Los “veteranos” eran los que llevaban al menos tres años en el Colegio. Los que llevaban dos se denominaban “vice-nuevos” y no podían novatear, pero podían dar ideas de cómo hacerlo, y había algunos bastante ingeniosos.

Las novatadas duraban aproximadamente un mes (desde octubre a inicios de noviembre) y terminaban con un “examen del nuevo” en el que, en la cafetería, a vista de todos, te ponían a hacer el ridículo durante varias horas. Como nadie pasaba ese “examen”, había que comprar una lista de cosas para sobornar a los veteranos. El kit incluía una revista porno, una botella de una bebida alcohólica, entre otras muchas cosas que no recuerdo. El “soborno” se lo repartían después entre los veteranos, por orden de veteranía.

Como en todo, había novatadas que eran relativamente graciosas y otras, en las cuales los cabrones de turno sacaban lo peor de ellos mismos y actuaban con impunidad con la excusa de “interactuar” con los nuevos.

Entre las “razonables” estaban:

  • bajar cantando en grupo al comedor en albornoz, con un sombrero de copa con una diana. Los veteranos intentaban con mendrugos de pan, o bien tirarte el sombrero pegando a la diana, o bien encestar tirando el mendrugo dentro del sombrero.

  • meterte dentro del altillo del armario de la habitación (llamado “novatera”).

  • jugar a “marcianitos”: en una habitación reunían a varios nuevos, a los que hacían llevar calcetines doblados en una especie de bola. El juego consistía en tirarte calcetinazos hasta que se aburrían.

Las novatadas más duras se hacían en privado y las llevaba a cabo un pequeño grupo de veteranos especialmente salvajes y frustrados. Iban desde despertarte por la noche borrachos y hacerte duchar con agua fría, a todo tipo de insultos y vejaciones, pasando por robarte los cassettes de música y pósters que les gustaran. La impunidad era absoluta y todos respetábamos la ley del silencio por temor a las represalias. En otros casos, te utilizaban de sirviente y te mandaban a hacerles la compra al supermercado, o cosas así.

También había novatadas fuera del Colegio, tanto entre semana como los viernes y sábados. De las que recuerdo, por ejemplo, era llevarte al Parque del Oeste para hablar con los travestis que andaban por allí y limpiar parabrisas en los semáforos.

Puede parecer gracioso pero un día tras otro, una noche tras otra, se volvía un coñazo.

A los nuevos nos llevaban también a un pub que se llamaba “Delia’s” en Ciudad Universitaria (no sé si sigue existiendo) y allí había, por ejemplo, que conseguir que un determinado número de chicas te firmaran en los calzoncillos.

Por otro lado, había rivalidades históricas entre colegios mayores, especialmente entre los masculinos. Había días en que los veteranos sacaban a los nuevos a visitar los colegios rivales. Te ponías debajo del edificio y tenías que insultar a los que se asomaban por las ventanas. Desde el edificio, en contrapartida, te tiraban cubos de agua caliente.

En el caso de mi generación, uno de los nuevos, que llevaba melena y al que le hacían especialmente la vida imposible, no aguantó más y abandonó el Colegio. La dirección tomó medidas y prohibió todas las novatadas (siempre habían estado oficialmente prohibidas pero se toleraban).

En represalia por no poder hacer novatadas, muchos veteranos decidieron que los nuevos de esa generación no teníamos derecho a “integrarnos” y jamás nos dirigieron la palabra en los cuatro años que pasé allí.

Los años siguientes siguió habiendo algunas de las novatadas más clásicas (abucheos en las presentaciones formales ante el Colegio durante el acto de inauguración, etc.), pero fueron decayendo poco a poco. Ahora no sé si se seguirán haciendo.

Con la perspectiva de los años, uno asume las novatadas como parte de las vivencias de juventud, pero entonces, con 18 años, recién salido por primera vez del entorno familiar, en un lugar desconocido, sin conocer a nadie, vivir en un ambiente tan hostil no me resultó agradable.