Pollo agridulce con arroz tres delicias


#1

¡¡Qué más quisiera este gato que lamer ese plato!!

¿Una novela?

¿Algo así como “Ciento treinta y seis años de soledad”?

No. No quiero que mis relatos sean tan “abstractos”, tan "surrealistas"
como los capítulos de “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.

https://www.shmoop.com/cien-anos-de-soledad/resumen.html

Algunos lo llaman “realismo mágico”. Para mí, es como decir “realidad irreal”. O cuchillo que no corta, que no está afilado, que tiene ambos cantos romos.

Claro que yo no tengo madera ni estoy en el camino de ser premio Nobel, como Gabriel. Acaso mi inteligencia no alcance para comprender tales conceptos.

O quizás sea que nací ya rebelde. O que me corroa la envidia. No, esto último, no. No envidio a los que triunfan. Al contrario, les admiro. Admirándoles, admiro lo que de bueno tienen los humanos. La humanidad.

Pero…¿porqué desprecio la obra de Picasso “Guernica”, si no he pintado algo como “la muerte del maestro” de José Villegas: http://www.iaph.es/web/canales/conservacion-y-restauracion/catalogo-de-obras-restauradas/contenido/Muerte_del_maestro
o “Una sala del hospital durante la visita del médico en jefe” de Luis Jiménez Aranda; 1889. Óleo sobre lienzo, 290 x 445 cm. https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/una-sala-del-hospital-durante-la-visita-del/318cc81b-77d6-4688-ad98-ffbe3dd7a4a5
o “La visita de la madre al hospital” de Enrique Paternina García Cid; 1892. Óleo sobre lienzo, 150 x 208 cm. https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/la-visita-de-la-madre-al-hospital/313c7b0d-4949-4ffe-bf26-87c559ee7e74?

¿Porqué me producen regocijo - por no decir que me provocan la risa - los “sumilleres” “catadores” o “degustadores” de vinos y aceites, cuando hacen los aspavientos más absurdos y los comentarios más peregrinos sobre los efectos que producen dichos alimentos en sus sentidos?

No. Una novela, no. Es mucho arroz para éste pollo.
Este pollo tiene bastante arroz con el que le ponen de guarnición algunos de sus colegas “Caballeros de Tabloide”.

Cada :heart: o cada respuesta, es un grano de arroz que complementa el plato. Si recibo arroz, me veo obligado a poner más pollo para equilibrarlo.

Pero este plato no dejará de ser “un plato de pollo”. No es mi pretensión actuar como los que desprecio. No deseo adornarlo con expresiones tales como que es “pollo de corral” ni mucho menos “capón de Vilalva” https://i.avoz.es/sc/x/default/2016/12/18/00121482085923861617243/Foto/L18D6023.jpg

No esperéis encontrar secretos de alcoba de grandes personajes o altos cargos, conspiraciones para hacerse con el poder eliminando al que lo ostenta o asesinatos para heredar grandes fortunas.
Sería como poner de guarnición caviar o trufa blanca.
Tampoco esperéis conocer los entresijos de las mafias, los traficantes de droga, órganos o mujeres; ni cualquier otra actividad clandestina. Para mí sería como aderezar el plato con cúrcuma, jengibre o soja.

Ni, como en la novela de García Márquez, exploradores, descubridores, enajenados, misántropos, misóginos, anacoretas, hechiceros o brujos. Ni generales, alcaldes, gobernadores o diputados. Sería como poner de guarnición al plato, chapulines, huevos de mosca o gusanos de maguey.

Ni mucho menos, nombres a los personajes como en la novela de Gabriel, y menos aún repetidos como una saga de obsesivos-compulsivos, propicia a engendrar psicóticos o esquizofrénicos.

Esos no eran los mundos de las gentes de la España del siglo XX elongado dieciocho años por delante (nacimiento del mas viejo) y otros tantos por detrás (los días en que se escribe la serie de relatos).

No se van a poner nombres, porque se quiere dejar la puerta abierta a otros semejantes. Para que extrapolen con mayor facilidad las situaciones de los personajes a su propia vida.
Tampoco se ponen nombres, porque en caso de que los personajes lo tuvieren o lo hubieren tenido, o bien eran nombres suficientemente bonitos como para no desmerecerlos con otro inventado que no los hiciera justicia o bien han sido borrados del recuerdo. Unos por no haber dejado huella bastante profunda, otros por el mero paso del tiempo, otros por ser despreciados por el autor, hasta el punto de borrarlos adrede de su memoria, por no considerarlos dignos de mantenerlos en su recuerdo.

Y también porque no poniendo nombres, no se personaliza. Cualquiera que lo leyese podría darse por aludido e incluso sentirse ofendido, pidiendo reparación del hipotético daño moral recibido. O reclamar el derecho a que su anonimato, privacidad o intimidad no sea divulgada.

Aunque, para mejor difuminar, velar, enmascarar o esconder a los verdaderos personajes; se entremezclen hechos acaecidos en diversas épocas, o en diversos lugares, haciendo ver que son simultáneos o coetáneos. Para que, en lo posible, no se desvele de la identidad del que se esconde tras el pseudónimo; más que lo que haya querido él mismo desvelar.

Mientras tanto…La historia de otro viudo o el cálculo de probabilidades